Ayer saqué el tema de objetos accesibles en Bluesky. Hablé de la comida troceada y de las burlas/ridiculizaciones que conlleva mostrar una foto de un producto alimenticio cortado a trocitos en un envase. Que si el ser humano es vago, que si nos vamos a extinguir, que si generación de cristal… pero nadie habla de las personas con discapacidad o de personas mayores con problemas para cortar cualquier tipo de comida. No me voy a poner a explicar todo esto una vez más pero me apetecía hacer una revisión de la cantidad enorme de objetos accesibles que hemos normalizado en nuestra vida.
Por ejemplo, el primero que me vino a la mente ayer fue el cepillo de dientes eléctrico. Esta herramienta fue creada exclusivamente para personas con problemas de movilidad hace ya más de 50 años y hoy en día se ha convertido en un objeto que está en multitud de casas. Nadie habla de que es una herramienta para vagos y de hecho me atrevería a decir que se elogia muchísimo más que un cepillo de dientes tradicional. Bueno, pues como este objeto, tenemos MILES de objetos que nos han facilitado la vida en el día a día.
El mando a distancia que menciono en el título es otro de esos objetos evidentes que nos han evitado tener que levantarnos y mover las piernas hacia la tele o hacia cualquier cacharro que encienda. ¡Qué bien sienta que se nos abra el garaje con un simple botón en vez de tener que salir del coche y tener que abrirlo nosotros! O que el aire acondicionado se encienda fácilmente desde nuestro sillón. Todo esto es accesibilidad que literalmente es una palabra que señala el fácil acceso a cualquier cosa.
En cuanto a comidas, tenemos una enorme selección de productos que nos facilitan la vida. Desde el pan de molde cortadito a láminas hasta el famoso queso en lonchas que usamos para nuestros sándwiches. ¿Por qué no pillamos un queso entero y lo cortamos nosotros en lonchas finas? Porque nos viene mucho mejor que alguien haya hecho ese proceso, ¿verdad? Y no pasa nada por ello. Ah, importante, Hay multitud de comida precocinada que también hemos normalizado totalmente. No es bueno comer esto cada dos por tres pero nos salvan muchos días donde tenemos tiempo escaso. Desde pizzas hasta tortillas de todo tipo. Todos hemos tenido estos productos en nuestras neveras.
¿Y qué me decís de las escaleras mecánicas? Si vais a cualquier sitio, solemos ver muchas veces las dos opciones: la escalera mecánica y la escalera tradicional. ¿Sabéis qué se usa más con muchísima diferencia? La escalera mecánica. De hecho, la diferencia es TAN grande que ya hay multitud de centros comerciales donde descartan directamente las escaleras tradicionales. Es un coste excesivo para algo que se usa tan poco. ¿Y alguien se ha quejado de que todo el mundo use las escaleras mecánicas? La mayoría de gente tenemos piernas funcionales y podríamos subir andando sin problema una escalera tradicional. ¿no? ¿Por qué usamos las escaleras mecánicas entonces? Pues la respuesta es muy fácil. Por comodidad, porque así reducimos esfuerzos. Es que somos así, buscamos siempre el mínimo esfuerzo para todo.
Pero me gustaría profundizar un poco más en este asunto de la ridiculización de objetos accesibles como la comida troceada. ¿Por qué decimos que nos vamos a la mierda o que somos unos vagos si consumimos algún producto muy accesible? ¿No es acaso un ejercicio de inteligencia crear objetos que nos ahorren tiempo y espacio para pensar con el objetivo de dedicar ese tiempo ahorrado a otros temas que nos gusten más? Yo siempre he entendido la inteligencia como la capacidad de adaptarse lo mejor posible a una situación. Un objeto accesible es la adaptación pura, el cenit de la adaptación total. No es de vagos usarlo, es de seres inteligentes. Porque sí, lo pueden usar personas con discapacidad o con problemas de movilidad reducida pero los que no tenemos esos problemas de movilidad también nos aprovechamos de ello para acortar tiempo y vivir mejor, ¿no? ¿Quién ha decidido que tratar de vivir de forma más cómoda es algo malo? ¿Por qué tenemos que esforzarnos o sufrir más a la hora de hacer cualquier cosa? ¿Somos peores personas si ahorramos un trabajo?
En fin, tengo mucho más que decir pero os reconozco que es sábado y que mi intención hoy es disfrutar mucho del día así que voy a ir dejando este artículo con pensamientos que tuve ayer. Suficiente esfuerzo por hoy. Ahora toca hacer el vago con orgullo y profesionalidad. Espero que tengáis un día poco productivo que la vida se nos acaba y la estamos desaprovechando demasiado en algunas ocasiones. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
-
-
¿Sois capaces de parar en vuestra vida? Es decir, dejar la mente en blanco mientras estáis sentados en cualquier sitio. A mí me cuesta mucho. Mi mente va a mil por hora siempre, en todo momento. Las redes sociales, internet, la calle, la televisión, la música, el ajetreo de la ciudad y el puto móvil así en general hacen que mi mente no se detenga prácticamente nunca. Sólo descansa cuando duermo y ya. Nada más despertarme, voy al baño y ya estoy pensando en trescientas cosas diferentes. Y cuando vuelvo del baño, pillo el móvil y estoy con la mente activa en mil cosas.
Bueno, pues esta semana he empezado a hacer meditación. En principio, meditación guiada. Una voz en mis cascos me habla de cómo debo respirar y de formas de concentrarme en un único momento, en el ahora. Y lo reconozco, me está costando. Llevo pocos días y han sido pocos minutos pero madre mía, me cuesta la vida. Admito que no es la primera vez que intento hacer esto de la meditación pero nunca le he dado mucha continuidad aunque esta vez estoy concienciado para ello. ¿Lo conseguiré? No lo sé pero intentarlo, lo voy a intentar.
Necesito confesaros cómo funciona mi mente a ratos con la meditación. Mirad, alguien me dice que deje la mente en blanco y que me concentre en la respiración. ¿Qué hago? Analizar si dejar la mente en blanco es dejarla de color blanco o sin color. Porque ya sé que es una expresión, que significa no pensar en nada pero eso tampoco me sirve porque centrarme en no pensar en nada también es pensar en algo. En el blanco o en el vacío. Pensar en el vacío es una movida. ¿Tiene límite un vacío? Y si está lleno de vacío. ¿está vacío realmente? ¿La nada es algo o no es nada? ¿Y por qué pensamos en blanco para expresar que no queremos pensar en nada si el blanco es un color muy brillante y llamativo? ¿No sería mejor pensar en negro que es más oscuridad y yo lo relaciono más con la nada? Bueno, pues ya habéis visto una muestra de mi mente. Creo que si la voz que está en mi cascos, estuviese delante de mí, me habría soltado un guantazo seguramente.
Como punto positivo, debo reconocer que me relaja. Cuando acabo la pequeña sesión de meditación, me noto relajado y más tranquilo. Como si despertase de un sueño apacible. Es una sensación agradable. Además, estoy contento que esta sensación surja en el comienzo y no mucho más adelante. Es decir, que ya da unos resultados positivos nada más empezar. No son resultados espectaculares pero prefiero esto a no sentir nada de nada. Es un avance.
En fin, que estoy aprendiendo a parar. A detenerme en la vida ante la sobredosis de información (la mayoría desde el móvil) que recibimos constantemente. Y me apetecía expresarlo en mi blog que para eso está, para expresar sentimientos, pensamientos o para contar lo que me dé la gana.
-
A ver, hacer un artículo así un lunes no tiene mucho sentido porque es el peor día de la semana pero me apetecía decir hoy que nos ofendemos demasiado. Que ofenderse por injusticias está muy bien y señalar discriminaciones o barbaridades es algo que hay que hacer siempre pero llevo años pensando que en redes sociales nos ofendemos mucho más de lo normal.
Estaba pensando que ayer dije que el doblaje es una herramienta accesible que ayuda a mucha gente y recibí algunos comentarios agresivos por ello. Agresivos porque escribí que hay personas mayores o gente con discapacidad intelectual que necesitan el doblaje para acceder a la cultura. ¿Pero por qué se ofenden? ¿Odian a las personas mayores o a las personas con discapacidad? No, la verdad es que no. Alguno habrá que sí pero no es lo normal. Lo que pasa es que en redes sociales (y un poco en la vida real) creemos que todo es blanco o negro. Si apoyas el doblaje, por ejemplo, la gente cree que ODIAS LA VERSIÓN ORIGINAL. Tiene gracia porque la mayoría de series o pelis que veo, las disfruto en versión original subtitulada pero hay gente que hace guerras digitales porque necesita siempre dos bandos.
También hay otros puntos por los que nos ofendemos. Uno de ellos es el de los malentendidos. No nos entendemos en redes. No captamos el tono (porque a veces no sabes qué tono tiene una palabra escrita), no captamos las ironías, no captamos el contexto y además nuestra capacidad lectora es deficiente en muchos casos. Y lo peor es que tenemos el chip de la «competitividad» y necesitamos ganar al otro. Así que si nos equivocamos al entender al otro, muchos lo negamos y seguimos en la guerra que nos hemos montado en nuestra cabeza. En el mundo real, posiblemente muchas de estas discusiones acabarían en nada porque ahí sí podemos calibrar nuestro tono o nuestra forma de decir las cosas.
Importante añadir que queremos ser alguien y destacar. En el mundo real esto es más difícil pero en las redes sociales podemos montarnos nuestro personaje y perdemos el miedo a decir chorradas porque nadie va a darnos un golpe por la calle. Estamos a salvo tras una pantalla. ¿Qué significa todo esto? Que tenemos vía libre para decir cosas polémicas ya que además vende. ¿Y qué provoca esto? Enfados, ofensas y crispaciones. Ganamos likes, interacciones y reposteos a cambio de generar incomodidad. Ganamos relevancia a costa de la ofensa.
Si a todo esto que he comentado le añades que las redes sociales impulsan cualquier contenido polémico, te creas un combo de ofensa bastante guapo y acabas el día enfadado. A mí me pasa a menudo aunque estoy aprendiendo en los últimos meses a desconectar a ratos de toda esta vorágine de ofensa digital. Recalco lo de digital porque cuando salgo de las redes sociales, todo es calma. Que sí, que hay gente ofendida en el mundo real pero la mayoría quiere vivir lo más tranquila posible.
En fin, que nos ofendemos y entramos en discusiones de forma habitual tras una pantalla. Y yo estoy un poco cansado de ello. Por eso me ha dado por escribir este artículo. ¿Es un artículo ofendido? Pues mira, no había caído en ello pero sí, podría considerarse como tal. ¡Oh, no, estoy contribuyendo a aumentar la ofensa digital! ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo puedo arreglar esto? Encima es lunes, es que todo mal. ¿Cómo puedo volver a reconectar con mi parte calmada? ¡Vale, ya lo tengo! Pondré como imagen del artículo a una capibara. A mí ver a este animalito me relaja y seguro que a la mayoría de vosotros también. ¡Marchando una capibara!
-
Si buscas series de anime o shonen que estén de moda, posiblemente te topes con Frieren, Solo Leveling, Diarios de una boticaria o Atelier of Witch Hat. Todas ellas me parecen buenas, algunas más que otras, y todas merecen elogios por la trama, por la animación o por los personajes. ¿Y qué pasa con Gachiakuta? Sí, si has entrado aquí, posiblemente la hayas visto y me digas eso de que también está de moda o que es una de las nominadas en los Crunchyroll Anime Awards que se celebran en unos días pero… se debería hablar más de ella.
(Aviso. A continuación os haré spoilers de los primeros capítulos de esta serie)
Anoche acabé la primera temporada de este anime y hace tantas cosas bien que estoy enamorado de ella. Lo principal es que tiene una base ecologista chulísima. Reciclar, reutilizar y reducir. Las 3 Rs que deberíamos llevar a cabo todos te las meten en esta serie de una forma épica. Además, con crítica a los ricos así de entrada. Que los ricos tiran cualquier cosa a la basura, que no reciclan, que se despreocupan de la sociedad y la serie te hace ver que los ricos dan asco. ¿La serie va de reciclaje y reutilización de la basura? Es la base pero tiene los ingredientes de un shonen potente.
Todo empieza con Rudo, un chaval que vive en la zona pobre de un mundo ficticio y su pasión es buscar cosas en la basura para que tengan una segunda vida. Arregla objetos y les da un segundo uso. El chico tiene mala reputación por hacer eso y porque su padre era un supuesto asesino (no te dan mucha información así que todo es supuesto). El caso es que en el primer capítulo le acusan de cometer un asesinato que no ha cometido y lo tiran a lo que se conoce como el Abismo, que es un agujero gigante donde tiran basura y delincuentes. Sí, amigos, para el poder en esta serie, la basura y los delincuentes son lo mismo.
La caída al Abismo debería ser suficiente para matar a alguien pero este chaval no muere. Sobrevive pero cae en un vertedero gigante con monstruos enormes. Entonces aparece un tipo que le ayuda a sobrevivir… y aquí empieza la aventura de verdad.
No quiero contaros mucho más de la aventura pero el chaval descubre que tiene poderes y esos poderes tienen que ver con la basura. Y con la reutilización y cuidado de objetos. Cuanto más quieres a un objeto, más poder puedes tener. Además, el mundo en el que ha caído tiene ciudades, facciones, personajes muy carismáticos y batallas muy molonas. El 3D está muy bien integrado y cada pelea es una gozada visual. A todo esto, añadimos que hay grandes dosis de misterio. ¿QUÉ PODER TIENE EL JEFE DE LOS LIMPIADORES? ¿CUÁL ES SU RECEPTÁNIMA? ¿POR QUÉ EXISTE EL ABISMO? ¿QUÉ SON LOS GUANTES DEL PROTA REALMENTE? ¿CÓMO FUNCIONA LA LINDE? Muchas preguntas y muchas teorías que te haces todo el rato. No sé cómo evolucionará pero a mí ya me tiene enganchado para el futuro.
Este shonen lo tiene todo para convertirse en un clásico. Y además te transmite buen rollo dentro de un mundo de mierda (casi literal). Todo está rodeado de basura, la sociedad en general es horrible, pero hay esperanza. Esperanza en los amigos, en hacer las cosas bien, en creer que hay luz en la oscuridad. Y lo más importante es que habrá chavales jóvenes que de repente se piensen lo de reciclar y reutilizar cosas porque en la serie eso MOLA MUCHO. Querer reciclar te hace poderoso. Te convierte en un héroe. Como he dicho al principio, se debería hablar más de Gachiakuta.
-
Tenía como dos o tres temas de actualidad para tocar hoy pero los he descartado. ¿Y eso? Porque me apetece hablar de mí mismo que para eso es mi blog. ¿Y qué puedo contar? Tampoco voy a profundizar demasiado pero estoy en un proceso de reubicación existencial que es un concepto que me acabo de inventar.
La reubicación existencial es el proceso que se da cuando estás más perdido que un pulpo en un garaje y quieres rehacer tu vida. Ese es el punto en el que estoy. Hace unos meses entré en una crisis existencial potente tras haber dedicado toda mi vida a algo en lo que estaba equivocado y ahora trato de salir de ese agujero. ¿Y qué estoy haciendo en estos momentos? Pues estudiar y tratar de buscar un nuevo camino. Sin dejar de ser yo, sin dejar de ser un tipo muy político, activista y con conciencia social pero con ganas de explorar nuevos lugares o sitios mentales.
Y lo llevo bien de momento. Explorar nuevas posibilidades de vida me está haciendo olvidar mi crisis existencial. Que sigue estando ahí, todo hay que decirlo, pero buscar una nueva ubicación vital me da un poco de aire y reduce el estrés por sentirme en el vacío. Porque el vacío me genera una apatía enorme. De hecho, a veces me entran ataques de vacío como el que tuve hace dos días. Esa sensación de vagar en la nada sin un rumbo, solo esperando a que la vida te dé algo que te entretenga mientras esperas el final.
Joder, qué turbio ha sonado el anterior párrafo. Y eso que yo quería simplemente decir que estoy llevándolo bien. ¿Veis? La apatía. Cuando profundizo en el vacío un poco, se derrite mi existencialidad vital. (Lo de la existencialidad vital me parece una tremenda tontería que no tiene ningún sentido pero quería hacerme el culto. Si lo piensas, no es necesario decir existencialidad porque para eso existe la palabra existencia y añadirle vital después es repetir la misma idea que la palabra anterior. Me creo culto y en realidad soy mediocre. Ah, espera, que aún no he cerrado el paréntesis.)
Ah, también estoy haciendo pilates además de estudiar. ¿Y la de trabajar te la sabes? Pues no, la verdad es que no. Estoy en un limbo laboral ahora mismo porque me di de baja de autónomo hace unos meses por problemas de salud que ya se han resuelto y ahora estoy tratando de volver poco a poco pero me está costando. En fin, que mi vida es un poco desastre pero no va tan mal como el final de 2025 que fue un absoluto desastre. Bueno, voy cerrando este artículo que leeréis cuatro personas porque no lo voy a compartir en redes. Sólo los que están suscritos a mi blog o los que lo visiten asiduamente, se darán cuenta de él. No sé si sois privilegiados o castigados. Habrá que ir apagando la luz que ya es un poco tarde. ¡Pasad un buen día!
-
Hoy estoy enfadado con las redes sociales y con el funcionamiento de las mismas. Es realmente desolador el panorama que tenemos, así que voy a usar este artículo para desahogarme un poquito.
SOMOS ADICTOS AL MORBO Y A LA POLÉMICA.
Me parece esto tan evidente y tan triste a la vez. Muchos tratamos de alejarnos de ello, algunos fingen hacerlo pero a la hora de la verdad, los números mandan. Mis artículos más vistos son los que tienen los títulos más polémicos, más llamativos o más morbosos. Si toco el tema del momento o alguna cosa que cree crispación, esto se llena. Y no sólo hablo de mi blog sino también de cualquier red social donde esté. Mis vídeos donde enseño insultos o faltas de respeto muy crueles son los vídeos más vistos de mis canales. Uno de los vídeos más vistos que tengo es uno donde una persona me desea algo horrible que ni voy a reproducir por aquí.
Lo primero que he pensado con esto es que los vídeos donde salen insultos se llenan de apoyo, de gente que me anima, que quiere ayudarme y que me manda palabras de consuelo. Esto es positivo, ¿no? Este podría ser el punto optimista del asunto. Lo que pasa y lo que me duele un poquito es que esas personas desaparecen cuando estoy hablando de problemas laborales o de soledad. Porque en esos temas no hay tanto salseo ni tanta polémica. No hay tanta crispación porque yo además soy un tipo muy sosegado y tranquilo. No genero titulares impactantes. La mayoría de personas aparece cuando hay insultos fuertes. La soledad, la precariedad laboral o la invisibilización son temas que no venden tanto.
¿Y qué me decís de este blog? El artículo más visto de la historia de este sitio es el que tiene como título la pregunta «¿Los therian son un problema?». Lo hice en el momento álgido de los therians, en el momento más polémico y BOOM, aluvión de visitas. Tengo otros artículos muy vistos también y casi todos tienen títulos llamativos. Si eliges un título realmente polémico e impactante, tienes la mitad del trabajo hecho. Ya entendéis el título que he puesto arriba, ¿verdad? No sé si esto funcionará en relación a las visitas pero ayer cuando hice el vídeo con el insulto cruel que me hicieron, lo primero que pensé antes de subirlo era que iba a tener más visitas de lo normal…. y ¡premio! El vídeo más visto del mes.
Todo esto que comento además supone un problema grave. Genera adicción. De repente ves que crear contenido de odio o contenido polémico te da visitas, comentarios, likes y gente compartiendo lo que haces. Esto no sucede si haces contenido tranquilo. ¿Y qué ocurre? Que te pones a pensar si merece la pena compartir contenido tranquilo porque no te hace caso ni dios pero con el contenido polémico, eres relevante y llamativo. Eres alguien. En realidad todos somos alguien pero vivimos en la era de las redes donde «ser alguien en redes sociales» te da un status irreal que valoras mucho. Digo irreal porque cuando sales a la calle, te das cuenta de que la vida no es como las redes.
En fin, que es un panorama triste porque para «ser alguien en redes», tienes que meterte en el barro. Mancharte con temas que a lo mejor no te importan pero que generan odio, crispación y polémica. Nos engañamos con lo de que a nosotros no nos gusta la polémica pero a la hora de la verdad, las visitas mandan y te das cuenta que la mayoría de gente sólo reacciona si te metes en un charco. ¿Y sabéis qué? Aunque sea adictivo, no es bueno estar siempre en polémicas porque tu salud mental se resiente. No paro de pensar en Soto Ivars y en lo inteligente que ha sido este señor. Hace años no era nadie pero tuvo la gran idea de meterse en TODOS los charcos del mundo con la opinión más polémica posible. ¿Resultado? Es el centro de atención cada dos por tres, hace ponencias y presenta sus libros hasta en la Asamblea de Madrid.
No voy a conseguir nada con este artículo. Es más, posiblemente siga metiéndome en charcos de vez en cuando. Pero necesitaba desahogarme, ser consciente de que la mayoría entramos en polémicas en redes, de que somos adictos a la confrontación y de que esto nos afectará a nuestra salud mental más pronto que tarde.
-
Menudo título más obvio, ¿verdad? Seguro que todos compartimos esta frase sin importar la ideología que tengamos. ¿Pues sabéis qué? No es así. Lo digo sin tapujos. Creo que hay que empezar a ser claros con esto. Israel, por ejemplo, está matando niños desde hace décadas y hay gente que defiende a Israel. Esa gente seguro que en sus círculos cercanos dirá que a los niños no hay que matarlos pero si luego defiende a Israel, está justificando lo de matar niños. Así que aquí opto por decirlo. «Hola, José María, ¿te parece bien la actitud de Israel? Pues entonces te parece bien matar niños.»
Ayer una mujer quiso debatir conmigo sobre el tema de Israel y casi me pongo a hacerlo pero luego pensé: «Es alguien que está relativizando un genocidio con justificaciones vagas». ¿Para qué esforzarme en debatir con alguien así? Es que no tiene sentido esto porque hay un país que está matando niños y si no eres capaz de ser contundente con esto, no mereces una mierda. Ni un debate ni una opción de tener palabra.
¿Y te parece bien hundir barcos llenos de gente inocente provocando muertes en medio del mar? También estoy seguro que la mayoría diréis que estás totalmente en contra de esto, que nadie quiere matar a personas inocentes, ¿verdad? Bueno, pues en Vox han dicho varias veces que están a favor de hundir barcos de personas migrantes para que no lleguen a España. Y oye, la mayoría de personas migrantes es inocente. Sólo buscan trabajo y un lugar mejor para vivir. Si votas a Vox, te parece bien que se mate a personas inocentes en medio del mar.
Creo que hay que ser claro con las personas. Y ahora más que nunca. Siempre se está pidiendo reflexión a la izquierda, siempre se está pidiendo que la izquierda debe mejorar pero se señala poco a personas de mierda. Asumimos que simplemente quieren debatir o que son «otra opinión» pero la realidad es que hay gente que es horrible, que se ha ocultado bajo una capa de «equidistancia», de «libertad de expresión», de «políticamente incorrecto» o de «rebelde» pero en realidad son escoria, malas personas de verdad. Hay que empezar a señalar.
Así que sí, la izquierda debe reflexionar o aprender de sus errores pero no dejemos pasar la oportunidad de decir «José Manuel, si has votado por la ultraderecha o si apoyas a Israel, eres un trozo de mierda sin justificación».
-
¿Lo recordáis? A mí me pilló en uno de los peores momentos de mi vida. Mi madre había fallecido hacía apenas 7 meses y nos quedamos solos mi hermano y yo. Sí, tenemos padre pero él estaba lejos en ese momento. Nos apoyó pero ya tenía una vida hecha tras haberse divorciado hace años de mi madre. Tampoco le culpo realmente.
Pero oye, oye, ¿esto no era un artículo sobre el 15-M? Ya voy, ya voy, impacientes. El caso es que este movimiento nació en un momento difícil de mi vida y sinceramente le debo mucho a nivel familiar. Mis abuelos maternos estaban destrozados tras perder a su hija y nosotros íbamos a visitarles todos los sábados. ¿Qué hizo el 15-M? Crear debates, conversaciones, discusiones y peleas. Mi abuelo, carrillista convencido que se pasó al PSOE, era un gran discutidor político pero el fallecimiento de mi madre le dejó en un estado depresivo grave y el 15-M le resucitó. Él estaba en contra de este movimiento porque tambaleaba al PSOE en su momento y yo estaba a favor. Esto provocó peleas constantes en casa de mis abuelos, algunas muy bestias. Seguro que estaréis pensando que esto era malo, que pelearse oralmente no está bien…. pero la alternativa era la depresión profunda y el cuestionamiento de su existencia. Las peleas nos entretenían, nos hacían olvidar pensamientos mucho más oscuros. Y además yo reconecté con la política. Reconecté para quedarme totalmente porque desde el 15-M he sido siempre un gran fan del mundillo. ¿Y mi abuelo? Mi abuelo discutía un montón pero estoy plenamente convencido de que se sentía orgulloso de tener un nieto combativo e inconformista. Seguro que él era igual a mi edad.
Seguramente hoy veréis análisis sobre que ya no queda nada del 15-M, que Podemos está en las últimas y que los grandes referentes del movimiento que surgió en ese mayo de 2011 ya están desaparecidos pero a mí me apetecía reivindicar su esencia, su lado emocional. El 15-M conectó a mucha gente a la política, a gente como yo que no estaba tan metido en ella o que pasaba por un momento malo, les hizo ilusionarse y creer. Es verdad que se ha rebajado el impacto pero el alma yo la sigo notando en redes y también en movimientos de la calle. El Sindicato de Inquilinos bebe claramente de la PAH, que nació también en el 15-M, por ejemplo. La inmensa mayoría de políticos millennials de izquierdas nacen en este movimiento. La chispa del 15-M sigue encendida aunque no sea tan visible.
Cuando hay movimientos así que buscan una revolución, muchas veces parece que se queden en nada pero realmente provocan chispas y pequeñas llamas en miles de corazones jóvenes. No hay que despreciarlos nunca. No hay que pensar que fueron fracasos. Porque nunca lo son aunque los grandes medios y los grandes poderes se empeñen en ensuciarlos para que pierdas la fe.
-
Acabo de terminar The Good Place, una sitcom sobre dilemas éticos y morales tras la muerte. Si no la habéis visto aún y la queréis ver, no sigáis leyendo porque a lo mejor se me escapan spoilers.
El caso es que hay algo que me ha hecho reflexionar estos días con respecto a la muerte. Hay gente que quiere que no haya nada después. Que yo esto lo respeto totalmente pero no soy capaz de entenderlo. En un post de Reddit se preguntaba qué querían tras la muerte y mucha gente respondía que NADA, que no querían nada. Que querían dejar de existir y ya. En The Good Place (ojo, spoiler gordo, avisado estás) hay un momento final donde muchos personajes deciden que ya han cumplido con su existencia, que ya se sienten completos, y optan por desaparecer. Tienen que atravesar una puerta que directamente los desintegra y su vida se acaba. Te intentan explicar que es que llevan miles y miles de años haciendo todo lo que les gusta y que ya se sienten realizados totalmente.
A ver, yo aquí es donde me pierdo un poco. ¿Qué es sentirse realizado o en paz contigo mismo? Yo es que no siento que vaya a pasar por ese momento. Es decir, uno de los conceptos que más me mueven es la curiosidad. La curiosidad por todo. Y vivimos en un mundo donde SIEMPRE hay cosas nuevas. Películas, series, videojuegos, libros, comida… Siempre hay novedades, siempre hay algo diferente que ver o que hacer. Mi forma de «realizarme» es seguir aprendiendo. Seguir descubriendo. Y tengo la inmensa suerte de formar parte de una sociedad viva que siempre está mostrando novedades culturales. Es imposible que me sienta saciado. Siempre quiero más y siempre disfruto con todo lo que hago.
¿Por qué iba yo querer desaparecer? Yo quiero vivir todo lo que pueda y además soy agnóstico por gusto. Es decir, que me gusta ser agnóstico porque me encanta fantasear con que hay algo más o no. Con esa duda, con esa curiosidad. ¿Y si sí…? Y es que la curiosidad forma parte de mi esencia, de mi forma de ser. Estoy más cercano al ateísmo pero ¿y si sí? ¿y cómo sería entonces? Por eso The Good Place tiene un punto de partida muy interesante para mí. Y su primera temporada es maravillosa. Luego baja y no logro conectar tanto con ella pero al menos me ha dado para reflexionar una vez más.
En definitiva, que no entiendo a la gente que quiere la nada tras la muerte. Yo deseo con toda mi alma que haya algo más para seguir disfrutando y aprendiendo día a día con mi existencia. Y sí, ya sé que el mundo va como va, que el capitalismo nos oprime, que la desigualdad es atroz y que la sociedad tiende a un individualismo preocupante pero también hay espacios donde sentirte bien, donde aprender, donde explorar y donde curiosear. Y hay gente maravillosa que conocer o lugares en los que te sientes genial. Y yo me aferro a todo esto para intentar que mi existencia no sea una mierda. ¿Y sabéis qué? No lo está siendo. La vida me ha intentado romper un montón de veces pero tiendo a agarrarme a cualquier brote verde que vea. Soy así. Optimista siempre aunque la vida me ponga zancadillas. Por eso me niego a la existencia de la nada.
-
¿A vosotros os escuchan de normal? Es decir, salís a algún lado y cuando habláis con alguien desconocido, ¿os hace caso? Para mí esto es una sorpresa. Que me escuche gente que no me conoce es raro. No lo considero algo tan habitual aunque admito que en los últimos años ha mejorado eso en mi caso personal porque he subido mucho de seguidores en redes sociales. Parece que si subes seguidores, te hacen más caso. Menuda chorrada, sinceramente.
Pero esto de que no te escuchen está relacionado con la discapacidad. Cuanta más visible y llamativa sea tu discapacidad, menos te escuchan. Te miran, te oyen pero no atienden a lo que cuentas. Hay un montón de razones para ello. La primera es la incomodidad. Están tan incómodos que no paran de pensar en esa incomodidad. No saben cómo reaccionar ante ti. Muchos creen que necesitan un manual de instrucciones para hablar conmigo y no molestarme. Y lo entiendo porque yo he estado también ahí. He hablado con gente con discapacidades más severas y he necesitado una pequeña adaptación mental. ¿Cómo se soluciona esto? Con más visibilidad y normalización. Que las personas con discapacidad tengamos más presencia en medios, en redes o que directamente seamos más activos en la sociedad.
Otra razón por la que no te escuchan son los prejuicios. Hay gente que piensa que yo no puedo decirles nada coherente. Consideran que mi discapacidad me impide tener un diálogo estructurado y aunque yo les trate de demostrar lo contrario, muchos ni intentan comprenderme porque sus prejuicios son más grandes que mi persona. Esto también es bastante habitual. En estas situaciones aparece el paternalismo y la infantilización. Es aquí donde hacen acto de presencia con todo su esplendor. Campeón, cariño, bonito, niño, crack y demás palabras un tanto extrañas si van dirigidas a un señor de 40 años. O las explicaciones innecesarias a cualquier comentario que hagas porque necesitan «enseñarte cosas» o «protegerte porque eres un niño».
¿Más razones? El desprecio. No te escuchan porque eres inferior para ellos, porque eres algo, una cosa, no llegas a ser humano. Yo he recibido insultos simplemente por existir. He preguntado algo, he dicho algo muy normal y la respuesta ha sido una falta de respeto. Me ha pasado más en redes que en la calle pero da lo mismo. Que pase en cualquier ámbito ya es un asunto horrible a tratar. A esta razón no lle voy dedicar demasiado espacio porque creo que la gente que hace esto es demasiado simple para análisis complejos.
El caso es que no nos escuchan por muchas razones pero puedo decir hoy que ayer me escucharon en una reunión de la Asamblea de Madrid. Que muchos diréis que es lo normal, que haya políticos que escuchen debería ser lo lógico y de hecho están preparados para ello. Otra cosa es que luego cumplan pero el paso de escuchar lo hacen todos. ¿Qué pasa? Que yo no estoy acostumbrado a que me escuchen activamente. No es lo normal para nada. Por eso escribo este artículo, por eso me quedé ayer con buenas sensaciones al salir de la reunión. No sólo está bien que tengan en cuenta todo lo que dije o que estuviesen haciendo apuntes con comentarios muy acertados sino que el simple hecho de escucharme supone un avance social enorme para mí y para mi colectivo. Como he dicho, luego cumplirán o no, luego lucharán por las medidas que propuse o no, pero el primer paso, el de escuchar, me pareció un paso acertado.
Así que desde aquí, gracias a la sección de discapacidad de Más Madrid por atenderme ayer. Ojalá a las personas con discapacidad se nos escuche más en el futuro. Sólo con eso ya mejoraría mucho la sociedad.