Ugo Sin Hache

Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.

  • Iba a escribir un texto alegre para animarme en este inicio de semana. ¿Pero lo necesito realmente? Pues sinceramente no. He visto que Orbán ha caído en Hungría, he notado que la semana pasada cumplí con creces mi objetivo de ejercicio físico y de estudio. ¿Por qué iba a necesitar un refuerzo si las cosas no me están yendo tan mal? Es verdad que sigo con problemas laborales y que mi crisis existencial sigue estando ahí pero en estos momentos no me puedo quejar. Aunque sea lunes, aunque se haya acabado el fin de semana. Mi vida no va mal.

    ¿Sabéis qué problema tengo ahora? Que tenía un texto más largo para hoy pero al descartarlo, me he quedado sin nada. Todo lo que estoy escribiendo ahora es improvisado. Aunque confieso que mi vida siempre es un poco así. A las personas con discapacidad nos toca adaptarnos e improvisar en casi cualquier situación porque muchas veces el mundo no está preparado para nosotros. Y mi discapacidad es más social que física en cuanto a adaptaciones. No debería compararme con gente con movilidad reducida.

    ¿Y si corto aquí el texto? Creo que nunca he hecho un artículo con apenas tres párrafos. Tampoco voy a compartirlo en redes. Este artículo sólo lo leerán los que entren a mi blog asiduamente. Sois unos privilegiados por ver a un señor raro hablando de forma improvisada de movidas personales que tampoco importan a nadie. ¿Y si no pongo una imagen que acompañe al artículo? Confieso que suelo poner imágenes porque quedan mucho mejor cuando comparto el artículo en otras redes pero como este va a quedarse aquí, la imagen no es tan necesaria. Venga, decidido. Artículo de tres párrafos y sin imagen. Estoy innovando hoy.

  • Hace unos días fui a comprar al supermercado. Necesitaba pan, algo de leche y unos yogures. Cosas muy básicas. Iba con mis cascos escuchando un audiolibro y lo que veía en la calle no tenía sonido ya que mis cascos lo tapaban todo. Sólo podía escuchar los sonidos más fuertes, el claxon de un coche, algún frenazo, el traqueteo potente del tren de cercanías que pasaba cerca, las palabras de alguien que levantase un poco la voz… pero ver, lo podía ver todo.

    Me dirigía a la entrada del supermercado y entonces pasó. Una imagen de dos o tres segundos que se me ha grabado en la mente. Una pareja de ancianos están saliendo por la puerta. El señor llevaba dos bolsas y la mujer una sola. Acababan de comprar y se despedían en la entrada. ¿Por qué? Pues la verdad es que no lo sé. Posiblemente uno de los dos tendría que ir a un sitio y el otro había decidido no ir al mismo sitio por la razón que sea. La forma de despedirse de ambos fue un beso. Un beso en la boca. Simple pero romántico. ¿Romántico por qué? Cuando separaron sus labios, a él le brillaban los ojos y sonreía. No estaba sonriendo antes del beso pero su cara cambió con ese momento. Pasó de una cara seria a una cara risueña, alegre y feliz. Por un beso. De su mujer, de su pareja o simplemente de un ligue. No sé qué relación podrían tener porque no conocía a ninguno pero había amor. Eso sí lo noté. Él sonreía de forma inocente y al mirarla a ella, noté exactamente lo mismo.

    Un beso. Un simple beso. Toda la semana con noticias negativas, con una actualidad que a veces es muy dura pero ambos ancianos habían conseguido ser felices durante unos segundos. Que a lo mejor sólo era una sonrisa de cortesía pero a mí me pareció preciosa. Personas muy mayores que ya han vivido de todo, que ya han cumplido de sobra en la vida, sonriendo con ojos brillantes por un beso en la boca. Y no era un beso pasional, que no hubiese pasado nada si lo fuese, sino un beso cariñoso. Un beso de «nos vemos luego», un beso de «te quiero». Y aquí estoy yo hablando de ese momento de dos o tres segundos que me ronda en mi cabeza desde entonces. Porque a veces perdemos el tiempo con las desgracias y desaprovechamos los pocos momentos felices que tenemos.

    Besad a vuestras parejas, disfrutad de las cosas que más os gusten y tratad de ser felices en la medida que podáis. Porque es un placer que tenemos a nuestro alcance pero muchas veces nos centramos en lo negativo de la vida, en lo jodido. Y sí, no podemos ocultar nuestras crisis o nuestros problemas pero estoy seguro que todos tenemos espacio en la vida para un beso, un abrazo o algún momento de placer con algo que nos apasione.

    Un dibujo de dos siluetas de cabezas humanas hechas con florecitas de tonos rosados.

  • Se me ha roto la nevera. Ocurrió ayer y hoy vendrá el técnico del seguro de la casa para decirme seguramente que no hay solución. ¿Qué haré ahora? ¿Cómo afrontaré este reto? Lo primero será sacar de la nevera todo lo inservible ya. Los yogures y la leche, hasta luego. Me duele porque compré el lunes de esta semana así que me va a tocar hacer faena. Menuda pereza este contratiempo.

    Es que imagínate que has comprado hace tres días y de repente tu electrodoméstico que conserva alimentos se va al garete. ¿Te has planteado alguna vez de dónde viene «al garete»? Yo la verdad es que no así que me he puesto a buscarlo. Parece ser que es jerga marítima. Se decía esto cuando un barco se quedaba sin anclas y tenía problemas en la maquinaría del mismo. Irse al garete era vagar sin rumbo, sin un destino, sin que nadie te controle. Anda, mira, es un poco mi vida actual. Estoy en una especie de vacío existencial mientras encuentro un camino claro. Tengo algún problemilla laboral y estoy dedicando el tiempo a estudiar más para al menos prepararme para el futuro.

    Me he desviado demasiado. ¿Por dónde iba antes? Ah, sí, tengo que tirar alimentos en mal estado y tengo que comprar comida que no requiera nevera hasta que tenga una nueva. ¿Qué podría comprar? El primer problema que tengo es que yo no soy nadie si no desayuno pero necesito comprar algo que no requiera leche. ¿Unos bollos? ¿Unos cruasanes? ¿Algo dulce o algo salado? Siempre he sido de dulce al desayunar pero estoy abierto a todo. Como tenemos ya al lado el fin de semana, también podría salir a desayunar fuera. Unos churritos, por ejemplo. Ay, qué rico los churros, por favor. Es verdad que ya va haciendo calor pero los churros a mí me entran en cualquier época del año. Unos buenos churros con chocolate me hacen feliz. Soy muy básico.

    Además de los desayunos, me preocupan un poco los postres. Los yogures los descarto pero al menos tengo algo de fruta. No es fruta fresquita y seguramente se conserve menos tiempo a temperatura ambiente pero algo es algo. Tengo peras y manzanas. Ah, los huevos. Otra cosa que corre peligro porque según tengo entendido, les afecta mucho los cambios bruscos de temperatura. Tiene huevos la cosa. Ay, perdón por el chiste malo. Soy de esos que hace bromas o juegos de palabras hasta en momentos que no tocan. No os imagináis lo incómodo que es el asunto cuando se hace en un funeral. ¿Pero sabéis qué? Fue muy bien. Provoqué unas risas sanadoras en un momento de tensión total y me lo agradecieron. Sí, hubo incomodidad pero también buen rollo. ¿Cuándo empezaremos a ver la muerte como un proceso más y no como algo tabú? A mí me ayudaría mucho más a afrontarla, la verdad.

    Ah, por cierto, ¿Visteis el evento este entre Irene Montero y Gabriel Rufián? Yo estuve viendo algún fragmento ayer pero me quedé un poco igual. Coincidía en algunas cosas con ellos y en otras no tanto pero tampoco sentí una gran ilusión. De hecho, confieso que iba a escribir un artículo largo sobre ellos pero iba a decir mil cosas que ya se habían dicho. No iba a aportar nada nuevo, la verdad. Así que os he contado un poco mi vida. Bueno, voy acabando ya que tengo que ir a comprar comida.

    Momento del evento entre Montero, Rufián y Domènech

  • ¿Cómo podríamos denominar al acto de tirar un artículo a la basura cuando llevas ya cinco o seis párrafos escritos? A ese momento en el que pillas un folio escrito completo, lo arrugas y lo tiras al contenedor con enfado. Es que me acaba de pasar. Estaba escribiendo un artículo sobre ser buena o mala persona pero me he enfadado con él y lo he acabado borrando entero. Llevaba media hora escribiendo conceptos e ideas al respecto pero luego he pensado «¿Quién soy yo para sentar cátedra sobre esto?». Porque tengo mil contradicciones, mil momentos en el día a día en el que me siento una persona de mierda.

    Luego he pensado que ser buena persona es un concepto que varía según quien lo diga. Que yo puedo tener una idea de lo que es ser buena persona pero de repente aparece otro señor para decirme que su idea de buena persona es diferente a la mía. Esto tiene que ver con nuestro entorno, con cómo nos han criado o con quién nos rodea en nuestro día a día. Seguro que muchos diréis eso de que ser buena persona es respetar los derechos humanos, que con eso es suficiente. ¿Pero hay gente que es buena persona en este sistema en el que vivimos?

    Es decir, tarde o temprano vais a consumir algo que ha sido creado por alguna empresa turbia o que se salta los derechos humanos. Más temprano que tarde, por cierto. Estaba recordando el momento más álgido del estado genocida de Israel, cuando arrasaba Gaza día sí y día también. Siempre te encontrabas en redes a un montón de cuentas que te decían qué empresas son de Israel o tienen colaboración con Israel para tratar de evitarlas. Yo lo hice, evité todas las que pude pero descubrí un día que la cantidad de empresas y marcas relacionadas con Israel es inmensa. Estaban en todas partes. Era un agobio. Así que opté con el tiempo por no fijarme tanto porque me sentía agobiado por ello.

    También estaba pensando en el consumo de carne. Yo no soy vegetariano y soy consciente de que mucha carne que consumo seguramente venga de granjas o naves donde se tortura básicamente a los animales. Escuchaba esta mañana a una chica vegana decir que son moralmente superiores a los que no lo son y en este caso tiene razón. Es que es irrebatible. Yo he tratado de reducir mi consumo de carne con los años, ya no soy tan carnívoro como antes, pero da lo mismo porque sigo consumiendo carne todas las semanas.

    ¿Cuántas compras hacemos a empresas que explotan a sus trabajadores? ¿Cuántas veces pensamos en ahorrar energía o reciclar? Yo no tengo coche pero sé que mucha gente sí y lo usa para cualquier cosa pudiendo ir andando o en transporte público. Priorizan la comodidad al cuidado del planeta. Y no les juzgo porque posiblemente haría algo similar en algún momento. Casi todos caemos, nuestros valores se tambalean todas las semanas porque el sistema nos invita a optar por el camino cómodo y sencillo.

    También me he puesto a pensar en los impuestos. Los impuestos sirven para financiar servicios públicos básicamente que a su vez ayudan a millones de personas, muchas de ellas en situación vulnerable. ¿Cuánta gente está en contra de los impuestos? Muchísima. Además, he visto a gente de izquierdas también hablar de reducir impuestos o quejarse de ellos. Los inspectores de Hacienda son los «malos» en la sociedad, están como mal vistos. Todo esto me alucina porque yo soy un fiel defensor de los impuestos y no entiendo cómo tanta gente se sube al carro en su contra cuando es algo que nos ayuda a todos.

    En fin, paro ya de escribir. ¿Veis como nadie es buena persona en el sentido más estricto del concepto? Hay mejores personas que otras pero eso de ser buena persona así en general me parece imposible en este sistema. Vale, me acabo de dar cuenta que el artículo que había borrado antes es muy similar a este que acabo de escribir. Bueno, he reciclado ideas. ¿Eso me hace mejor persona? He reciclado, ¿no? Vale, sí, ya me marcho que tengo que hacer cosas útiles.

    Imagen azul con figuras blancas de personas. Algunas de ellas están tachadas con una cruz simbolizando la discriminación.

  • Donald Trump amenazó ayer con acabar con una civilización entera. Lo dijo en un post en redes sociales y no ha pasado nada. Nada por parte de Trump ya que habrá un alto el fuego y tampoco nada por parte del resto del mundo que se paralizó ante ese comunicado. Hubo una inacción mundial ante esto que dijo el presidente de EEUU. Y yo no he parado de pensar en el miedo.

    El miedo te paraliza. El miedo te hace muchas veces inútil. El miedo a una guerra nuclear, el miedo a una bomba o simplemente el miedo a una revisión médica si eres un hipocondríaco como yo. Son miedos muy diferentes pero la sensación que tengo es que detenemos nuestra vida mientras sufrimos ese terror. De repente todo lo que hacemos se queda parado durante el tiempo que dura ese miedo. Yo tengo una revisión médica en breve y mi vida está sin ritmo desde ayer. Me cuesta hacer algo porque mi mente no deja de pensar en el terror y la angustia que provoca el miedo.

    ¿Qué se puede hacer ante esto? No soy psicólogo ni tengo una solución mágica. Tampoco soy de dar consejos. Reflexiono mucho sobre el tema sin llegar a grandes conclusiones. Creo que esto también forma parte del miedo. Pensar mucho y no hacer nada en la vida real. Pensar sin llegar a ningún lado. ¿Es una pérdida de tiempo? Tampoco porque no eres muy consciente del tiempo. Sólo vives con lo básico, con lo puesto. Comes, bebes, respiras, trabajas y duermes. Si puedes dormir, claro. Que sé que hay gente que ha dormido poco hoy con lo de Trump. Gente esperando a que sucediese algo grave, paralizando su vida entera mientras ve las noticias.

    El miedo controla a las masas. Nos tiene callados, nos tiene paralizados, nos detiene la vida y así somos más manipulables. El miedo es una de las mejores herramientas políticas que hay. Con mejor, quiero decir que es efectiva, no que me guste. Pero es innegable el enorme poder que tiene el miedo. Hablas a la población sobre la delincuencia, de que no está segura en sus barrios y de repente se olvidan de sus problemas para llegar a fin de mes o de que su jefe la está explotando. ¿Y qué me decís de los okupas? Un gran porcentaje de población tiene problemas para pagar el alquiler o su hipoteca porque los precios están por las nubes pero metes el miedo a los okupas en la ecuación y de repente lo importante no es que los especuladores están desangrándote con el coste de la vivienda sino que un okupa te quite la casa.

    Miedo, miedo, miedo. Escribo este artículo instantes antes de salir hacia el médico. Con la incógnita por saber si me dirá algo grave o si no pasará nada. Podría haber adelantado faenas pero aquí estoy yo, escribiendo sobre el miedo porque quiero hacer algo. Porque no quiero quedarme parado. Porque me niego a pensar demasiado y que mi vida no transcurra.

    Una persona tapándose la cara con las manos en señal de miedo o desesperación

  • Esta mañana me he visto otro vídeo más de Pedro Sánchez en sus redes sociales. Ha enseñado tres objetos que tiene en su despacho. Algo de incienso, una botella de un niño de Gaza y una estatuilla del Quijote. El otro día le vi jugando al ajedrez en un club de este deporte mental. El control que tiene de su imagen es una brutalidad. Estos dos vídeos que he comentado no tienen apenas contenido político tal y como lo entendemos pero desprenden cercanía y naturalidad. Te hacen pensar que es un tipo majo y simple. Simple en el buen sentido. Podría ser tu amigo o el vecino que te cae bien. No sé si es idea suya o de sus asesores pero todos estos vídeos que hace le dan muchísimos puntos.

    No me he planteado nunca votar al PSOE y sigue sin gustarme como partido pero reconozco que la campaña de imagen que le están haciendo (o que está haciendo él) está consiguiendo que me caiga bien este señor. No como político o como presidente sino como persona. Han conseguido su objetivo de acercar a la gente de forma natural al presidente del gobierno. Aquí hay un trabajazo tremendo de comunicación, un esfuerzo notable que no se ve a simple vista pero que tiene mucho estudio detrás. Creo que se han fijado bastante en los últimos meses en el estilo de Mamdani, alcalde de Nueva York, y están trabajando con este rollo. Me parece un acierto enorme.

    Precisamente ayer me salió también un vídeo recopilatorio de los errores y lapsus que ha tenido Feijóo públicamente. A ver, todos nos podemos equivocar, todos podemos meter la pata en algún momento pero en el caso de Feijóo es algo que se repite un poco más que la media. También admito que tengo un sesgo ideológico y me salen estas cosas para regocijo mío por ver a la derecha ridiculizada. ¿Qué puedo hacer? Pues mira, en vez de esperar a que el algoritmo me dé contenido para mí, voy a acudir yo a las fuentes. Me he ido al Instagram de Feijóo para ver cuál es su contenido comunicativo, qué es lo que vende como político y cuál es su estilo. ¿Y qué me he encontrado? Un intento de cercanía con planos cercanos, un señor que trata de parecer agradable pero le noto incómodo. Una de las muestras más evidentes es que en muchos de sus vídeos él habla pero ponen imágenes de fondo para ilustrar de lo que está hablando. Esto está muy bien para noticias o contenido informativo pero implica que el que habla no tiene mucha importancia. Feijóo se convierte en la voz en off porque no es capaz de aguantar él por si solo ante la cámara. Su cuenta personal en realidad es la cuenta del PP con contenido de este partido en vez de contenido del propio Feijóo. Que es libre de hacerlo así pero para eso ya está la cuenta oficial de su partido.

    Sánchez te aguanta en cámara dos minutos de vídeo recomendándote grupos de música, diciendo que pone incienso en su despacho o simplemente mostrándote la Moncloa pero Feijóo necesita superponer imágenes (algunas de bancos de imágenes generalistas) para que su contenido sea un poco atractivo y aún así me parece tremendamente estándar. Podría ser Feijóo o podría ser cualquier persona aleatoria de la que no sabes gran cosa. Que esa es otra, ¿qué sabemos de Feijóo? Seguro que tiene gustos o intereses pero no se sabe demasiado sobre él. Lo último personal suyo que he escuchado es que a su hijo le gustan las películas de Torrente, una información que no sorprende a nadie. Y no lo digo para bien o para mal, es que no sorprende porque esto lo podría haber dicho cualquiera de perfil conservador. Que ahora alguno pensará que no necesitamos saber cosas personales de los políticos pero a mí me parece un error comunicativo. Los políticos necesitan hablar de su lado personal para acercarse más a la gente. Si no lo hacen, sus palabras convencen menos porque no nos fiamos tanto de desconocidos como de nuestros amigos.

    ¿Cómo ha llegado Feijóo a ser líder del PP y candidato a la presidencia del gobierno? Debe tener muchos contactos y amigos poderosos porque su imagen es la de un palo inanimado. Siempre digo que yo tengo más expresión facial que lo que transmite este señor. Al lado de los otros líderes del PP, Feijóo es la nada. Ayuso, por ejemplo, te podrá caer mal pero personalidad tiene por todos lados. Lo mismo pasa con Juanma Moreno. Esta gente tiene más carisma en el meñique que Feijóo en todo su ser. Incluso gente de otros partidos como Abascal también le superan en temas de personalidad. Abascal es el señor ultrapatriota fascista que se pone un casco militar de forma ridícula para demostrar su estilo. Que es horrible, sí, pero ya es algo que Feijóo no tiene. ¿Hemos visto a Feijóo disfrazado alguna vez? En fin, lo del líder del PP me parece un caso muy extraño que nunca entenderé.

    Feijóo en un despacho con una bandera de España detrás

  • Hace poco leí a alguien decirme que dejase de hacer las cosas que hacía y que «me pusiese a trabajar». Yo trabajo en temas de divulgación, de redes y también de charlas aunque últimamente estoy teniendo algunos problemas con ello pero esto da igual. Esta persona no consideraba lo que hago un trabajo. Es más, ni se lo planteaba. Para esa persona, trabajar era hacer algo físico que sea duro y «útil». Trabajar de verdad y no en mierdas de esas modernas.

    ¿Qué pensé con esto? Lo primero que pensé fue en la felicidad. ¿Sería feliz trabajando en algo duro? La verdad es que no. Pero es que tampoco soy plenamente feliz trabajando en lo que trabajo. Y tampoco conozco a nadie que sea feliz trabajando. Seguro que hay gente que disfruta con su trabajo, eso no lo niego, pero lo normal en esta sociedad es sufrir trabajando. Siempre me gusta recordar que la palabra «trabajo» viene del latín «tripalium» que era una herramienta de tortura para convictos. La base de la palabra «tripalium» es «tripaliare» que significa torturar o sufrir. Oye, mira, una definición adecuada del trabajo en toda la historia, ¿verdad? El trabajo literalmente es un sufrimiento para la mayoría de la población.

    Ahora bien, si es un sufrimiento para la mayoría, ¿por qué lo convertimos en algo digno o en algo a elogiar? Cuando ves a alguien haciendo algo que no te gusta, enseguida le decimos que «se busque un trabajo», cuando vemos a alguien que es un inútil o que sus opiniones de la «vida adulta» no nos gustan, enseguida le decimos que «tiene pocos años cotizados» como si fuese un insulto, como si no trabajar te hiciese una peor persona. ¿Por qué apreciamos tanto el trabajo?

    Ah, claro, lo apreciamos porque nos pagan. Dependemos de ello para subsistir. Porque necesitamos el dinero en esta sociedad capitalista en la que vivimos. Supongo que aquí entramos en el autoengaño. Sufrimos trabajando pero como lo vemos necesario (trabajar, no sufrir), necesitamos adornar ese sufrimiento. Si te quejas, siempre habrá alguien que te dirá «que al menos tienes un trabajo» como si eso fuese suficiente, un triunfo, un éxito. Tengo la sensación de que estamos siendo engañados con el tema del trabajo. Hemos normalizado tanto el sufrimiento que hasta muchos lo vemos bien. Por cierto, importante esto, estoy hablando todo el rato de trabajo remunerado porque cualquier otro trabajo ni se cuenta. No cotizas si eres ama de casa o si eres la que acude siempre a las reuniones de padres en el colegio de tus hijos, no cotizas si tienes que cuidar de tus padres ya mayores, no cotizas si tienes que ayudar a amigos a mudarse, a pintar su casa, a hacer reformas o colaborar en lo que sea. Estos trabajos parece que no existen.

    En fin, que me he desviado un montón al final. Sólo quería hacer este artículo para decir que yo quiero paguitas, que yo no cobro ayudas de nada y me encantaría cobrarlas. Que la gente las ridiculiza o busca ofender con esto de las paguitas y yo cada vez más estoy a favor de que me paguen por hacer nada. Cobrar sin trabajar. ¿Por qué es tan malo si el trabajo es un sufrimiento? Que sí, que hay que cotizar para que existan las paguitas estas pero siempre se pueden aumentar los impuestos a las grandes fortunas o a las grandes empresas que no paran de tener beneficios. Si Elon Musk donase el 2% de su patrimonio, podría acabar con el hambre de 40 millones de personas en el mundo. ¿Por qué tengo que esforzarme yo si otros pueden hacerlo mucho mejor?

    Un dibujo de un señor que tiene varios brazos y está haciendo muchos trabajos de oficina a la vez

  • AVISO. Este artículo contiene spoilers de la película Proyecto Salvación.

    En el mundo del cine y de las series, no paramos de ver al típico protagonista o al personaje secundario que hace un sacrificio enorme que acaba con su vida pero es por el bien de la humanidad, del grupo, de su pareja o de la comunidad donde esté. Esa muerte que nos hace llorar porque tiene todo el sentido del mundo que haya muerto. ¡Es por los demás! ¡Es una muerte con sentido! ¡Un sacrificio necesario! ¿Necesario? ¿Cómo que necesario? ¿Qué idea nos queda en la cabeza si no paramos de ver esto? Pues la idea que nos queda es que si queremos hacer el bien, esto conlleva sacrificar cosas. Conlleva perder algo de ti a cambio de un bien común. Si lo pensáis, da la sensación de que hacer el mal es muy fácil y hacer el bien es realmente difícil por el tema del sacrificio.

    Ayer estaba maravillado viendo Proyecto Salvación, estaba enamorándome de esa película y de repente llega la escena del sacrificio. Un personaje importante salva a otro a costa de su vida. Tú, como espectador, sabes que no le queda otra, que tiene que arriesgar su vida para intentar que otro personaje sobreviva. Te habías encariñado con él, le habías aceptado como alguien cercano y de repente te lo van a quitar por el dichoso sacrificio. Porque parece que el bien exige eso, un gran sacrificio. Una vez más, nos van a arrebatar a alguien que es bueno por el simple hecho de hacer el bien. ¿Pero sabéis qué? Que esta vez no muere. Ni siquiera acaba fatal ni con una herida que le destroza la vida. No, no, es cierto que tiene que esperar un tiempo de recuperación pero al hacerlo, todo sale bien. Después hay otro momento donde a lo mejor puede morir pero tampoco lo hace. Los personajes protagonistas que hacen el bien, acaban bien. Acaban felices y resuelven la misión que tenían.

    Esto de los finales felices sin peros parece más propio de las historias infantiles pero no paro de pensar en lo necesario que es en estos momentos que tengamos películas y series con personajes buenos que acaban bien. En un mundo donde el malismo vende, me parece maravilloso que el bien triunfe sin enormes sacrificios. Me estaba acordando ahora del Superman de James Gunn que hace el bien porque está bien, porque le gusta, porque es lo correcto. Sin peros, sin justificaciones, sin historias traumáticas que expliquen nada. Hacer el bien es el nuevo punk en esta sociedad donde el mal es monetizable en redes sociales.

    Proyecto Salvación me parece un acierto enorme porque es una película con valores bonitos sin justificaciones. Dos seres de dos planetas diferentes se conocen, se hacen amigos, colaboran para salvar a sus planetas y acaban felices. ¿Es muy simple? Sí, pero ojalá haya más historias adultas con esta simpleza. Ojalá más Proyectos Salvación para salvar al mundo simplemente haciendo el bien. Para entender que el bien tiene buenas consecuencias y que los sacrificios que hay que hacer no son tan grandes como nos hacen creer. Ojalá el bien vuelva a estar de moda.

    Ryan Gosling de astronauta flotando dentro de su nave

  • De vez en cuando alguien me dice lo que pongo en el título. Me menciona que soy inteligente. Estaréis pensando ahora mismo que es un elogio, que está genial que alguien te diga que eres inteligente. Reconozco que a mí me causaba satisfacción hace tiempo porque que te digan eso mola mucho. Ser inteligente es una cualidad muy bien valorada. Ser inteligente te otorga un status de superioridad con respecto a la mayoría. Todo bien, ¿verdad?

    Vamos a analizar un poco más esto. Ayer, por ejemplo, una persona que vio un vídeo mío me dijo que yo soy inteligente. Esa persona no me conocía de casi nada y lo que yo dije en ese momento no era algo realmente complicado. Sólo hablaba de que en mi adolescencia la gente me trataba de forma diferente por mi discapacidad. No profundicé ni hice ningún análisis exhaustivo como estoy haciendo ahora. ¿Entonces por qué me dijo que yo era inteligente si no dije nada del otro mundo y apenas me conocía? Añado además que mi contenido en redes y fuera de ellas es bastante básico. No soy una persona que hable de forma compleja ni tampoco lo pretendo pero esto que me dijeron ayer, me lo han dicho un montón de veces más. Gente que ve un vídeo mío o que habla dos minutos conmigo por la calle y me sueltan lo de que soy inteligente. ¿Qué pensáis que pasa aquí?

    Ahora imaginad que yo fuese normativo, que no tuviese una discapacidad visible. Si cuento a alguien que en mi adolescencia me trataban de forma diferente, ¿me elogiaría o me diría que soy inteligente? Lo normal aquí sería que esa persona me preguntase la razón por la que me trataban diferente. Porque a simple vista yo soy normativo en este caso y esa persona tendría la duda del motivo del trato. Pensaría: «Yo no veo nada raro en este chico. ¿Qué habría hecho para que se le trate diferente?» Alguno a lo mejor me suelta que soy inteligente, puede pasar, pero no sería la actitud más lógica en este caso.

    Entonces el tema está en la discapacidad. ¿Soy realmente inteligente para esa persona o realmente lo que pensaba es que una discapacidad te reduce la inteligencia y tener coherencia al hablar te hace inteligente? ¡Ajá! Lo he entendido. No es que sea inteligente, es que los prejuicios de las personas les indican que alguien con una discapacidad tiene menos inteligencia que la media y si se dan cuenta de que estoy en la media, para ellos es un logro. ¡Tachán! ¡Soy inteligente porque estoy en la media!

    ¿Pero qué es la inteligencia? ¿Cuánta gente sabrá responder correctamente a esto? ¿Ser más o menos inteligente te da más o menos valor como persona? ¿Una persona con discapacidad intelectual tiene menos valor que un oficinista sin ninguna discapacidad? ¿Qué es el valor? ¿Por qué tenemos la obsesión de valorar cosas en este sistema? ¿Somos productos acaso? ¿Somos puntuables en función de nuestras cualidades? ¿Y para qué sirve puntuarnos? ¿Los puntos te dan felicidad o sólo te hacen más útil para el sistema que te explota? Y hasta aquí la explosión de preguntas que me han venido a la mente en estos momentos. Podría haberme callado pero yo es que muchas veces escribo por pura improvisación. ¿Eso es ser inteligente? Ay, no volvemos al principio del párrafo.

    Un cerebro azul brillante visto desde arriba hecho con ordenador

  • Hoy es el Día Internacional de la Visibilidad Trans y precisamente ayer vi la rectificación de Santiago Segura a la frase esa que dijo sobre que «las personas trans no tienen problemas». Sí, ha rectificado por ello comentando que evidentemente la comunidad trans ha sufrido mucho, que no puede negar la discriminación que ha sufrido este colectivo y se arrepiente de sus declaraciones anteriores. Hasta aquí, bien. Todo correcto. Todos nos podemos equivocar y ya está. Pedimos perdón, rectificamos y aprendemos para el futuro.

    Lo que pasa con esto es que hay un pero enorme, un detalle importante al respecto. Cuando Segura rectifica, acaba diciendo que en España el colectivo trans no sufre tanto como en otros países, que aquí se les trata mucho mejor. Que por ejemplo no les linchan o les meten en la cárcel por ello. Y no lo dice con maldad o con la intención de desprestigiar a la comunidad trans. No pretende ofenderles ni hacerles daño. Lo que pasa aquí es que se nota el privilegio. Se nota que no vive ese mundo. Que no tiene tampoco cerca a nadie que lo viva. Se nota muchísimo porque me creo de verdad que él no quiera hacer daño al colectivo trans, que habla por pura ignorancia.

    El privilegio es algo que tenemos todos de una forma u otra y es totalmente invisible en muchas ocasiones. Privilegio blanco, privilegio hetero, privilegio como hombre, privilegio por vivir en el primer mundo, privilegio de clase… Todos encajamos en algún privilegio. El colectivo trans es uno de los colectivos más discriminados de la sociedad, uno de los colectivos con el paro más alto, con la tasa de suicidios más elevada (por discriminación constante) y con más miedo por salir del armario. Pero para saber esto, tienes que vivirlo, informarte bien o conocer a gente que lo viva. Porque vivimos en nuestro privilegio y nadie nos dice nada por ello.

    Yo, como persona con discapacidad, recordaré toda mi vida la primera vez que quedé con alguien en silla de ruedas para tomar algo por el centro de Madrid. Simplemente quería eso, tomar algo y ya. Me encontré trescientos obstáculos en media hora cuando iba con esta persona. Escalones, suelos irregulares, cafeterías imposibles de acceder y baches en cada esquina. Nunca había sido consciente de ello, Nunca me había planteado mi privilegio como persona sin movilidad reducida. Era absolutamente invisible hasta que de repente se hizo visible. Hasta que de repente alguien sin mi privilegio se acercó a mí.

    Así que en el Día Internacional de la Visibilidad Trans, lo único que os pido es que sigáis a gente trans, que aprendáis de estas personas, que escuchéis y que abráis la mente para mejorar vuestro día a día. Esto no es un artículo negativo sino una oportunidad para evolucionar hacia una sociedad más diversa e inclusiva.

    Bandera trans con franjas azules, rosas y blancas