«¿Conoces a alguien con discapacidad en Twitter?» Esta pregunta me la hicieron hace muchos años en esa red social del demonio. Me la hicieron a mí, a alguien con discapacidad. Y lo curioso es que no es la primera vez que recibía un comentario así. Recuerdo también cuando hablaban conmigo sobre discapacidad pero en tercera persona, como si las personas con discapacidad fuesen entes que no estuviesen presentes en ese momento.
¿Vosotros os habéis planteado si la persona con la que habláis en redes sociales escritas tiene alguna discapacidad? ¿Si es coja? ¿O ciega? ¿O si tiene alguna discapacidad intelectual? Si esa persona no muestra una foto clara o repite MUCHO que tiene una discapacidad, posiblemente no es algo que se os haya pasado por la mente. Y esto tiene dos caras claramente, la bonita y la oscura. La cara A y la cara B.
La cara bonita, la cara visible, es la de que las palabras escritas democratizan. Todos somos iguales cuando escribimos. Con iguales me refiero a que no hay sesgos de base. No hay negros, chinos, gais, lesbianas, discapacitados, niños, adultos… salvo que lo digan en voz alta, que lo pongan en el perfil, en el nombre, en la foto y en todos lados. Y AÚN ASÍ hay gente que ni se entera. El ser todos iguales hace que las personas con discapacidad puedan estar en un espacio sin prejuicios, donde no te infantilizan ni te tratan de forma especial. Si una persona con discapacidad no lo dice en su bio ni en su nombre, será tratada como una más. Recuerdo mucho a una persona con un nombre de manga japonés que me dijo una vez que tenía una discapacidad intelectual y que estaba en Twitter porque era el único sitio donde la gente le trataba como uno más. Se sentía genial porque por fin había encontrado un lugar donde no sufría discriminación por su discapacidad.
Y ahora hablemos de la cara B, la cara triste. ¿Os parece bien que las personas con discapacidad tengan que ocultarse para sentirse bien? ¿Os parece bonito que para ser uno más tengas que esconder tu cara o tu condición? Bienvenidos a mi vida, a la vida que tenía antes. Hasta hace apenas 3 años, yo me escondía en todas las redes sociales. No enseñaba mi cara ni hablaba de mi discapacidad. Lo hacía porque era el único lugar donde podían tratarme como uno más. Recuerdo una anécdota que duele mucho. Me metí en una discusión hace muchos años con un señor que era muy agresivo, que insultaba a todo el mundo cuando no tenía más recursos para defenderse. Yo trataba de imponer mi punto de vista con este señor y en cierto punto él perdió la compostura. ¿Qué hizo? Insultarme. Insultarme como a todo el mundo. Ese «como a todo el mundo» me hizo sentirme bien. Me estaban insultando como al resto. No me trataba de forma diferente. Prefería el insulto a un trato especial.
Pienso mucho en estos temas.. Pienso mucho en la fuerza que tienen las palabras escritas. El poder de democratizar, de convertir a todos en iguales. La palabra escrita te permite empezar una carrera desde el punto de salida como el resto del mundo. Eso sí, no todo el mundo llega a la meta al mismo tiempo. Hay baches, obstáculos y caras B que hacen que no sea todo tan fácil. Pero a pesar de estos problemas, es bonito que tengamos un sitio donde podamos ser simplemente nosotros mismos. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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