Tres años se cumplen del momento en el que salí a la luz. Tres años desde que mostré mi cara públicamente por primera vez en redes sociales. A partir de ahí todo fue mucho mejor en mi vida pero… ¿cómo era vivir en la oscuridad?
Los murciélagos viven en la oscuridad, se pasan el día escondidos. Tienen una alta sensibilidad lumínica que hace que apenas salgan de su cueva salvo para cazar. Y lo hacen por la noche. Yo no era un murciélago y ni siquiera era nocturno. Pero mi cara, mi discapacidad, me hacía vivir en la oscuridad social. Antes de mostrarme, hice mil cosas en redes sociales. Todas con la cara oculta y con nombre falso. Era yo y no lo era al mismo tiempo. Siempre estaba equilibrando mis pasos porque quería mostrar parte de mi personalidad en todo lo que hacía pero sentía ese miedo de mostrar demasiado de mí y ser identificable.
Así que me pasé años siendo un murciélago diurno. Mi cueva era mi habitación y mi caza tenía que ver con las redes sociales. Cazar es una necesidad para los murciélagos y mi necesidad en la oscuridad social era demostrar lo válido que era. Me pasaba los años tratando de demostrar mi habilidad en todo lo que hacía. Demostrar mi valor. ¿Por qué y para qué? Quería demostrar mi valor porque me sentía inferior al resto del mundo. Pensaba que tener una discapacidad me hacía inferior y entonces trataba de esforzarme mucho en algunas habilidades que tenía para decir al mundo bien alto eso de «HASTA CON UNA DISCAPACIDAD, PUEDO HACER COSAS BIEN». Hice trabajos creativos, artísticos, trabajos relacionados con la escritura, con los cálculos matemáticos. Quería ser una especie de «superhombre» solamente para demostrar mi valor. Me preparaba para salir a la luz algún día. Tenía la idea en mi cabeza de que si destacaba en algo muy chulo, la discapacidad sería lo de menos. Lo que importaría sería mi trabajo o mi habilidad (fuese la que fuese).
Hasta que un día una psicóloga me dijo: ¿Alguna vez has hablado en terapia sobre tu discapacidad?
Yo estaba yendo a terapia por un tema de motivación laboral. Quería mejorar ciertos aspectos del trabajo que tenía por entonces. Un trabajo exigente y bastante duro que algún día explicaré. El caso es que yo sólo iba a terapia por eso. Motivación, exigencia, solidez mental… y mi psicóloga soltó la bomba. Habló de mi discapacidad. Me hizo hablar de mi discapacidad. De algo que odiaba tocar. No, no, yo quería seguir en la oscuridad. Era un murciélago diurno. Era así.
Pero no, no era así, No era un murciélago. Era y soy un ser humano. Con muchos traumas. Con muchos defectos y errores. Negar la discapacidad, ocultarme por miedo, era mi punto débil. Mi psicóloga hizo un trato conmigo. Me prometía que mejoraría mi motivación si tratábamos el tema de la discapacidad, que era una cosa importante en mi vida y que no tenía sentido ignorarla.
Y alguien empezó a abrir la ventana en ese momento. La ventana de mi cerebro. Empezó a entrar la luz a mi cueva. Empezamos a tratar la discapacidad, empezamos a relacionarnos con ella, empezamos a hablar con ese lado de mí. Empecé a entender todo lo que significaba eso y comencé a quitarme un peso grande de encima. ¿Era tan necesario demostrar mi valía? ¿Para qué? ¿Por qué tengo que demostrar mucho más que el resto si soy como los demás? Bueno, vale, tengo la cara rara pero en esencia todos somos seres humanos y no somos tan diferentes. ¿Para qué exigirme tanto?
Estuve muchos meses trabajando con todo esto. La oscuridad fue desapareciendo de mi vida. Mis ojos tardaron en acostumbrarse a la nueva realidad pero cuando lo hicieron, me di cuenta de que se vivía mejor así.
Como he dicho al principio, hace tres años que me mostré públicamente. Fueron meses y meses de terapia pero la foto que subí a redes sociales supuso un renacimiento para mí. Ya no era un murciélago diurno. Ya no era un cuenta de actualidad. Ya no era alguien que vivía en la oscuridad.
Hace tres años, empecé a ser Ugo. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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