Ugo Sin Hache

Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.

Imagina por un momento que tu existencia implique que te van a insultar. Sólo por existir. Sólo por ser. ¿Cómo lo llevarías? Al principio, supongo que te sentirías muy incómodo. Sería agobiante y posiblemente estarías pensando en esconderte para no recibir ataques verbales. Si nadie te ve, nadie te puede decir nada.

De esta forma viví yo durante un par de décadas. Escondido en casa, no mostrando mi cara en redes sociales y saliendo muy poco. Apenas tenía amigos y mis parejas aceptaban mi reclusión. Yo lo llamaba timidez, que era asocial, decía que no me gustaba la gente. Me inventaba excusas para salir lo menos posible porque era «poco sociable». ¿Pero sabéis qué? Era miedo. Únicamente terror. Terror al insulto, a las miradas, al trato diferente. Salía muy poco pero aún así guardo recuerdos bastante horribles de las pocas veces que lo hacía. Porque en general no me pasaba nada, la gente suele ser educada en la calle, pero cuando me pasaba algo, se me quedaba grabado en la mente. Por ejemplo, siempre recuerdo a una madre y a una hija en el metro riéndose de mí. Digo madre e hija porque era una mujer de mediana edad y una chica adolescente. También recuerdo ir a comprar y que una pareja me mirase en la caja y se riese. Era como evidente y sentí además que la cajera estaba incómoda con la situación. Pensé: «Mira, alguien más experimentando incomodidad, no estoy solo».

Hace tres años mi vida cambió. Fui a terapia de forma intensiva y trabajé tanto mi rechazo a la discapacidad como el miedo a exponerme. Desde entonces me expongo prácticamente todos los días. Además de salir a la calle sin problemas, hago vídeos diarios en redes sociales sobre discapacidad o sobre reflexiones vitales mías. Admito además que cada vez me acepto un poquito mejor y hasta he hecho vídeos donde me he gustado a mí mismo. Este hecho no me ha ocurrido nunca. Apreciarme físicamente era algo imposible en el pasado pero ahora estoy mejorando en eso. ¿Sabéis qué es lo negativo? Lo que digo en el título de este artículo. Convivo con insultos. Todas las semanas los recibo. De gente anónima y de gente que no es anónima. Me insultan personas de todo tipo, de todas las nacionalidades y de cualquier condición. No me insultan por lo que digo sino por ser. Por existir como he dicho al principio. Además, se da el caso de que cuanto más crezco en redes, más insultos recibo. También hay mucho apoyo evidentemente y no todo gira en torno al insulto pero el apoyo me parece NORMAL. Es decir, estoy haciendo una labor social que creo que es positiva y me parece lógico recibir apoyo porque la mayoría queremos que la sociedad mejore y la inclusión es un concepto constructivo que hace que el lugar en el que vivimos sea mejor.

El caso es que esta mañana me estaba planteando el hecho de lo que es convivir con insultos. Recibir insultos todos los días de gente de todos los lugares del planeta. Por desgracia, cada vez me molestan menos. Y digo por desgracia porque no me parece positivo normalizar esto. ¿Pero qué es vivir con insultos diarios? Es agobiante aunque lo tenga más normalizado. No quiero pensarlo mucho para no agobiarme de más. Normalmente hago dos cosas:

1. Si el insulto es hiriente y simple, suelo borrarlo y bloqueo a la persona. A veces ni bloqueo porque me da hasta pereza.

2. Si el insulto o la persona tienen algo de contenido, me planteo grabar un vídeo sobre el tema para educar de forma constructiva. Además, estos vídeos funcionan muy bien porque se nota que causan un impacto positivo hasta a las personas que me insultan.

Eso sí, trato de pensar poco en ello. Le doy un espacio en mi mente pero no le dedico mucho tiempo porque pensar que tu existencia provoca que te insulten puede llegar a ser deprimente. Aún así, a veces pienso que mucha gente tiene una vida demasiado simple y se deja llevar por la masa. Mucha gente no insulta por ser mala persona sino porque «lo hacen todos». Esto me lo han comentado directamente algunos que han acabado pidiéndome perdón. Me decían que insultan sin pensar, sin saber las consecuencias, que lo hacen porque todo el mundo lo está haciendo. Es curioso, ¿verdad? Esto que nos decían nuestros padres de pequeños de «¿Te tirarías por un puente si Fulanito lo hace?» se ha hecho realidad claramente. La gente no tiene personalidad propia y necesita copiar actitudes aunque sean negativas.

¿Sabéis por qué me ha dado por escribir este artículo? Voy a ser sincero con vosotros, queridos lectores. No he escrito este artículo por los insultos en cuestión ya que los tengo bastante normalizados. La realidad de esto es que me he enfadado un poco con un comentario. Una persona que he bloqueado me ha escrito que me quejo mucho, que soy un pesado hablando de los insultos, que no debería quejarme tanto. He visto a la persona totalmente indignada y lo que me ha venido a la mente en ese momento ha sido: ¿Cómo llevaría él o ella recibir insultos todos los días? ¿Seguiría con su vida como si nada? ¿Y cómo se sentiría si encima, al intentar defenderse, alguien le critica?

Mi conclusión con todo lo que acabo de escribir es que no voy a dejar de hacer lo que hago. No voy a dejar de hacer vídeos, no voy a dejar de quejarme, no voy a dejar de existir. Lo seguiré haciendo como siempre porque yo no tengo la culpa de mi existencia ni tengo la culpa de tener una cara rara. Tampoco creo que ser diferente sea una justificación para insultar a alguien. Así que la culpa realmente es del que insulta. Como decía mi psicóloga, los problemas de los demás. que los gestionen los demás. ¿Te jode mi existencia? Pues te vas a joder más porque voy a hacer más contenido hasta que te acostumbres. ¿Que me vas a insultar? Te expondré, me quejaré y me defenderé porque estoy en mi derecho. Punto y final.

Ugo Sin Hache con chaqueta negra, mirada seria y unos cascos puestos en la cabeza

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