Sentía un dolor fuerte en la espalda desde hacía meses. El médico de cabecera le mandó a un masajista. Tenía que ser algo muscular, decía él. Mi madre sabía que había algo más. Lo sabía porque conocía bien su cuerpo. Hacía caso al médico pero también trató de cambiar la dieta que tenía. El dolor no se iba y no la dejaba ni dormir. Un día no pudo más y se presentó en el centro médico con la intención de no irse de allí hasta que le dijesen qué tenía. El médico de cabecera le volvió a decir que eso tenía que ser alguna contractura muscular pero esta vez no sirvió de nada. Mi madre se plantó. «No me voy de aquí hasta que me hagan pruebas o me den cita para pruebas.» Mi madre siempre había sido una luchadora nata y consiguió una vez más su objetivo. Por fin la mandaron al hospital para que le hiciesen pruebas de verdad. ¿Y sabéis qué? Un tumor, Que al principio parecía pequeño pero cuando trataron de operarla, el cirujano tuvo que suspender la operación porque el tumor era intratable. Nos dijeron que le quedaban 6 meses de vida.
En esos 6 meses pasaron muchas cosas. Mi madre se negó a morir. Hizo todo lo que pudo, probó tratamientos experimentales, quimio de todo tipo, Y FUNCIONARON. El tumor intratable desapareció. Hicimos hasta una fiesta de celebración porque se había curado. Yo tenía 24 años y recuerdo como si fuese ayer esa fiesta. Estábamos toda la familia, había una felicidad enorme y todo era bonito. Pero la historia no termina aquí.
Unos meses después de la fiesta, mi madre volvía a sentirse mal. Fue al médico y descubrieron que había metástasis. Le recetaron unas «pastillas de quimio» muy potentes y le dijeron que podía curarse de nuevo. Mi madre nunca dejó de creer en la cura. Siempre estaba con mentalidad positiva. Me decía cosas como «Ugo, me voy a curar, lo sé». Pero fue a peor. Cada vez la notaba más débil, más frágil, más delgada. Decía que eran las pastillas y yo me lo creía. Yo era como ella, creía realmente en que se iba a curar. Fui el último en perder la esperanza. Pero pasó. La ingresaron en el hospital y apenas estuvo unas pocas semanas. La sedaron e hicieron que sufriera lo menos posible. Gracias, sanidad pública, por el trato amable hasta el final.
Vi su último aliento literalmente. Era el único que estaba en esa habitación porque los demás se habían ido a comer. Me quedé yo con ella. Y entonces lo vi. Respiración ronca, entrecortada y una última inspiración. No volvió a respirar. Esta imagen me va a perseguir toda mi vida. Mira que todos hemos visto muertes falsas en películas o series. Creía que no me iba a impactar tanto porque estábamos insensibilizados ante tanta exposición de violencia. Pero me equivocaba. Ese último aliento lo sigo escuchando a día de hoy.
Pasaron los años y esta vez le tocó a mi abuela materna. Pero esta vez todo fue diferente. No es una historia larga ni compleja. Mi abuela había perdido a su hija y estaba sumida en una depresión. Sobrevivir a un hijo debe ser una de las peores sensaciones que existen en el mundo. Leí una vez que existe la palabra viudo/a cuando pierdes a tu marido o mujer, también existe la palabra «huérfano» cuando pierdas a tus padres. Pero perder a un hijo no tiene palabra tan clara. Quizás haya alguna que desconozco pero nadie la usa.
A mi abuela le detectaron un tumor por la zona del intestino. Ella siguió el procedimiento médico para el cáncer. Sesiones de quimio, revisiones periódicas y todo esto. Pero no sirvió de nada y ella tampoco tenía ganas de que sirviera. Desde el principio noté que se quería morir. No quiso esforzarse, no quiso resistirse. La depresión por perder a una hija le había quitado las ganas de vivir. No recuerdo tanto sufrimiento como con mi madre. No recuerdo tantos días en el hospital. No recuerdo un impacto enorme. Fue todo duro pero natural para ella. Su vida acabó en poco tiempo dejando solo a mi abuelo. Y ya está. Historia corta y dura.
Son dos historias con el mismo final. Una historia de lucha y de resistencia, otra de depresión y desgana. Pero ambas acaban igual. El cáncer es jodido. Algunos se salvan y otros no. La actitud puede ayudar en parte pero no lo es todo. Lo importante es la medicina, lo importante es la investigación. Cuando alguien habla de guerreros, de vencer, de ganar, siempre pienso en lo guerrera que era mi madre y en lo poco que le sirvió serlo. Lo siento por ser tan duro pero creo que es aún más cruel poner a los enfermos esa responsabilidad de lucha como si dependiese de ellos.
La lucha real contra el cáncer se hace en los laboratorios. Se hace desde la ciencia. Esa es la auténtica lucha.
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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