No. La mayoría no somos originales. Ni yo que tengo la cara rara ni tú que estás leyendo esto ahora mismo. Llevo días dándole vueltas a una señora que me dijo que podría hacer yo un vídeo de mi día a día para mostrar cómo se vive con una discapacidad pero es que no me sale hacerlo porque soy aburrido.
En serio,. mi día a día consiste en responder correos, gestionar futuras charlas, hacer ejercicio, preparar alguna entrevista, hacer contactos para futuros proyectos comerciales, ver alguna serie durante las comidas con mi pareja, jugar a algún videojuego y poco más. ¿Y mi discapacidad? Pues ahí está, en mi cara. Y ya te comento que tiene el día aún más aburrido que yo porque básicamente no hace casi nada. A ver, es una parálisis facial, hacer cosas no es lo suyo. Además está adaptada a mi rutina. Ni me molesta ni me incomoda. Está ahí y ya.
Soy mediocre. Esto hace años me asustaba un montón. No quería ser uno más, quería ser especial. Encima el sistema en el que vivimos que está totalmente devorado por las redes sociales nos hace querer destacar entre la masa porque los likes son un buen chute de energía. Mucha gente se esfuerza un montón en no ser mediocre, busca hacer comentarios ingeniosos o creativos, busca hacer cosas originales todo el rato ya sea en forma de respuesta, post o en forma de vídeo. La necesidad de destacar en esta sociedad. ¿Pero por qué existe la necesidad? Porque nos han metido en vena que somos seres individualistas y que tenemos que ser especiales. ¿Os cuento un secreto? Cuando recibo un comentario de alguien que se cree ingenioso, el 99% de las veces es un comentario que ya he leído o visto en otro momento. No sois originales con vuestros comentarios. Y no pasa nada por ello.
¿No pasa nada por ello? Pues no. La mediocridad es la norma, es lo típico. Sólo un mínimo porcentaje de la población es original. La mayoría tenemos gustos típicos, costumbres típicas y rutinas típicas. Os iba a enumerar ahora mis gustos pero son tan típicos que hasta me da pereza. Así que he decidido simplemente disfrutar. Porque la realidad es que yo disfruto mucho de mi mediocridad. Disfruto de ver series típicas, de ir al cine con mi pareja, de jugar a videojuegos o de simplemente dar un paseo. Cuando dejas de preocuparte por la mediocridad o la originalidad, vives mejor. Vives más feliz.
La mediocridad no es algo malo ni tampoco bueno. Es simplemente algo que existe. Una definición objetiva. Ya está. Descansa un poco, lector, y disfruta de la vida porque es corta. ¿Que te gusta comer macarrones con tomate mientras ves Friends o Los Simpson en la tele? Pues DISFRUTA y olvídate de lo que digan los demás. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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