A mi hermano y a mí nos hacía mucha gracia el director Seymour Skinner de los Simpson. Su «sí, madre» que decía cada dos por tres se nos quedó tan grabado en nuestra adolescencia que así empezamos a llamar a nuestros padres. «Sí, madre» decíamos a nuestra madre cada vez que nos echaba la bronca o nos quería explicar algo. En nuestra agenda del móvil teníamos los nombres de «madre» y «padre» gracias a los Simpson. Así éramos y a mi madre sé que le hacía un poquito de gracia. De hecho, nos imitaba para burlarse de nosotros cariñosamente.
Hoy mi madre cumpliría años. Me quedé sin ella hace ya 16. Eso es mucho tiempo para cualquier persona y os debo confesar que alguna vez le he pedido a mi padre que me pasase alguna foto o algún vídeo de ella porque empezaba a olvidar su voz. Aunque quieras mucho a alguien, el tiempo pasa rápido y esa persona va desapareciendo de tu vida. Yo siempre digo que la vida son etapas y que todo pasa, tanto lo bueno como lo malo. El tiempo se lleva recuerdos, se lleva experiencias y hace desaparecer a gente que era muy cercana a ti.
Pero no todo es malo con el tiempo. Estos años sin mi madre han reforzado mis pensamientos positivos sobre ella y han ido marginando los pensamientos negativos. Yo tenía muchos conflictos con mi madre antes de que falleciese pero esos conflictos se han ido reduciendo dejando lugar a todos los recuerdos positivos. ¿Y qué recuerdos positivos tengo de ella? Pues venga, os digo unos cuantos. Mi madre fue una de las primeras mujeres feministas que conocí. Feminista de 2026, por cierto. Defendía valores del feminismo que se están tocando en estos últimos años pero que en su época estaban ocultos. Recuerdo como todo el mundo de su entorno la llamaba «la sargento» porque luchaba por derechos sociales, por romper roles de género y por la independencia de la mujer. Eso ofendía a mucha gente y le atacaban con términos militares o agresivos como haciendo ver que era más «un hombre». Pero yo la veía siempre como una mujer con un valor gigante. Era pequeñita de tamaño pero enorme de personalidad. Participaba en manifestaciones, en sindicatos y en cualquier movimiento social que se le pusiera por delante. Luchadora desde que nació hasta que acabó su vida.
Siempre recuerdo el día en el que prácticamente se rapó la cabeza y mis abuelos se ofendieron muchísimo porque «no parecía una mujer». Que como había hecho eso, que cómo se atrevía. Es curioso pero creo que reforzaron su espíritu ese día porque no volvió a dejarse el pelo largo nunca más. ¿Sabéis una de las cosas de las que más orgulloso me siento? Me siento orgulloso de su forma de educarme cuando era niño y de su forma de mostrar cómo tenía que ser una familia. Quiso romper los roles de género desde el principio. Mi madre no hacía las faenas del hogar ni cumplía con el rol de «madre dentro de la sociedad machista». El que planchaba en mi casa era mi padre, el que fregaba muchas veces también, los regalos que recibíamos no tenían ninguna perspectiva de género. Si nos gustaba algo, nadie nos decía que eso era «de chicos o de chicas». Yo era fan de los Backstreet Boys y de las Spice Girls, a mi hermano le gustaba jugar con juguetes de «cocinitas» y nunca escuché un comentario sexista en nuestra casa.
También recuerdo que siendo yo muy pequeño, se me educó para aprender a hacer las tareas de la casa. No porque fuese chico o chica sino porque era lo que hacía un adulto funcional. Confieso entre risas que creo que mis padres me enseñaron para así ahorrarse hacer faenas en casa. «Ugo, ¿a quién le toca fregar? ¿A tu hermano o a ti?» Oye, madre, que tú también deberías fregar alguna vez decía yo mentalmente en algún momento.
¿Qué estaría haciendo ella hoy en día? Esto también lo he pensando un montón de veces. Creo de verdad que estaría disfrutando mucho en esta época en la que vivimos donde hay más movimientos feministas que nunca. Seguro que estaría colaborando en asociaciones, en manifestaciones, se metería en un montón de debates en redes sociales y no descartaría para nada que tuviese hasta algún canal de TikTok para expresar sus pensamientos. También estaría muy metida en todo lo que hago yo sobre discapacidad porque fue ella la que empezó todo esto junto a mi padre en su día. Otra cosa que creo que haría mucho sería discutir conmigo. Discutir por un montón de cosas porque ella era discutidora y yo entraba al trapo fácilmente. Discusiones fuertes por temas de todo tipo. Que oye, no todo va a ser bonito. La de fines de semana que estaríamos enfadados por cualquier chorrada… pero también os digo que lo acabaríamos resolviendo porque tampoco somos tan rencorosos.
En fin, paro ya de escribir que me estoy alargando y estoy seguro que mi madre me hubiese dicho que me ponga las pilas, que hoy tengo que hacer más cosas. Así que voy cerrando.
Estés donde estés, feliz cumpleaños, mamá. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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Sentía un dolor fuerte en la espalda desde hacía meses. El médico de cabecera le mandó a un masajista. Tenía que ser algo muscular, decía él. Mi madre sabía que había algo más. Lo sabía porque conocía bien su cuerpo. Hacía caso al médico pero también trató de cambiar la dieta que tenía. El dolor no se iba y no la dejaba ni dormir. Un día no pudo más y se presentó en el centro médico con la intención de no irse de allí hasta que le dijesen qué tenía. El médico de cabecera le volvió a decir que eso tenía que ser alguna contractura muscular pero esta vez no sirvió de nada. Mi madre se plantó. «No me voy de aquí hasta que me hagan pruebas o me den cita para pruebas.» Mi madre siempre había sido una luchadora nata y consiguió una vez más su objetivo. Por fin la mandaron al hospital para que le hiciesen pruebas de verdad. ¿Y sabéis qué? Un tumor, Que al principio parecía pequeño pero cuando trataron de operarla, el cirujano tuvo que suspender la operación porque el tumor era intratable. Nos dijeron que le quedaban 6 meses de vida.
En esos 6 meses pasaron muchas cosas. Mi madre se negó a morir. Hizo todo lo que pudo, probó tratamientos experimentales, quimio de todo tipo, Y FUNCIONARON. El tumor intratable desapareció. Hicimos hasta una fiesta de celebración porque se había curado. Yo tenía 24 años y recuerdo como si fuese ayer esa fiesta. Estábamos toda la familia, había una felicidad enorme y todo era bonito. Pero la historia no termina aquí.
Unos meses después de la fiesta, mi madre volvía a sentirse mal. Fue al médico y descubrieron que había metástasis. Le recetaron unas «pastillas de quimio» muy potentes y le dijeron que podía curarse de nuevo. Mi madre nunca dejó de creer en la cura. Siempre estaba con mentalidad positiva. Me decía cosas como «Ugo, me voy a curar, lo sé». Pero fue a peor. Cada vez la notaba más débil, más frágil, más delgada. Decía que eran las pastillas y yo me lo creía. Yo era como ella, creía realmente en que se iba a curar. Fui el último en perder la esperanza. Pero pasó. La ingresaron en el hospital y apenas estuvo unas pocas semanas. La sedaron e hicieron que sufriera lo menos posible. Gracias, sanidad pública, por el trato amable hasta el final.
Vi su último aliento literalmente. Era el único que estaba en esa habitación porque los demás se habían ido a comer. Me quedé yo con ella. Y entonces lo vi. Respiración ronca, entrecortada y una última inspiración. No volvió a respirar. Esta imagen me va a perseguir toda mi vida. Mira que todos hemos visto muertes falsas en películas o series. Creía que no me iba a impactar tanto porque estábamos insensibilizados ante tanta exposición de violencia. Pero me equivocaba. Ese último aliento lo sigo escuchando a día de hoy.
Pasaron los años y esta vez le tocó a mi abuela materna. Pero esta vez todo fue diferente. No es una historia larga ni compleja. Mi abuela había perdido a su hija y estaba sumida en una depresión. Sobrevivir a un hijo debe ser una de las peores sensaciones que existen en el mundo. Leí una vez que existe la palabra viudo/a cuando pierdes a tu marido o mujer, también existe la palabra «huérfano» cuando pierdas a tus padres. Pero perder a un hijo no tiene palabra tan clara. Quizás haya alguna que desconozco pero nadie la usa.
A mi abuela le detectaron un tumor por la zona del intestino. Ella siguió el procedimiento médico para el cáncer. Sesiones de quimio, revisiones periódicas y todo esto. Pero no sirvió de nada y ella tampoco tenía ganas de que sirviera. Desde el principio noté que se quería morir. No quiso esforzarse, no quiso resistirse. La depresión por perder a una hija le había quitado las ganas de vivir. No recuerdo tanto sufrimiento como con mi madre. No recuerdo tantos días en el hospital. No recuerdo un impacto enorme. Fue todo duro pero natural para ella. Su vida acabó en poco tiempo dejando solo a mi abuelo. Y ya está. Historia corta y dura.
Son dos historias con el mismo final. Una historia de lucha y de resistencia, otra de depresión y desgana. Pero ambas acaban igual. El cáncer es jodido. Algunos se salvan y otros no. La actitud puede ayudar en parte pero no lo es todo. Lo importante es la medicina, lo importante es la investigación. Cuando alguien habla de guerreros, de vencer, de ganar, siempre pienso en lo guerrera que era mi madre y en lo poco que le sirvió serlo. Lo siento por ser tan duro pero creo que es aún más cruel poner a los enfermos esa responsabilidad de lucha como si dependiese de ellos.
La lucha real contra el cáncer se hace en los laboratorios. Se hace desde la ciencia. Esa es la auténtica lucha.
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Un chaval de Manresa que apenas tenía 15 años levanta la mano, le doy el turno de palabra y me dice: «Me han hecho bullying en clase hasta los profesores. Me señalaban porque tengo TDAH. Entonces encontré un grupo en Instagram de gente gamer como yo donde charlábamos todos los días. Me puse un nombre falso para que mi entorno no me reconociese y a día de hoy muchos del grupo ya son mis amigos reales. Me salvaron la vida.»
Estábamos hablando de espacios seguros en la charla que estaba dando y este chaval lo primero que pensó fue en una red social. Pero no fue el único. Otra chica compartió una experiencia parecida pero en vez de videojuegos, ella estaba en un grupo para comentar series. Y yo pensé en mi juventud. Pensé en esos días donde mi entorno real era peligroso. Sentía las miradas, los insultos y el rechazo por mi discapacidad en todos lados. ¿En todos lados? No, en internet no. En foros, redes y demás webs yo me sentía libre porque tenía un nombre falso y podía ser yo mismo. sin miedo a los prejuicios sobre mí. Y reconozco que esta etapa de mi vida me salvó de entrar en una depresión mucho más profunda. Luego, por supuesto, mejoré, fui a terapia, trabajé la aceptación y todo esto que ya sabéis pero no puedo evitar recordar de dónde vengo.
Es curioso lo mal que se habla siempre de las redes sociales y lo poco que se comenta que son espacios seguros para muchos adolescentes con entornos conflictivos. Con esto no digo que estos espacios seguros sean adecuados o positivos pero tengo claro que las redes sociales han salvado a gente de la soledad extrema e incluso del suicidio. Sé que no está bien visto hablar positivamente de las redes sociales porque todos sabemos que son muy tóxicas. Nadie duda de que son malas pero si estás leyendo esto, posiblemente hayas entrado desde Bluesky o desde cualquier otra red social. Posiblemente vengas de un sitio donde conoces a gente que te cae bien y con la que empatizas de forma maravillosa. Me atrevería a decir que hay más gente que te cae bien en tus redes que en la vida real fuera de ellas. Y por supuesto, no niego que tienen mil cosas malas pero no hay que olvidar todo lo que nos aportan de forma constructiva. .
Ahora que se está hablando de que el gobierno quiere prohibir el acceso a menores de 16 años, un seguidor me ha recordado lo que significan las redes sociales para muchos chavales que sufren acoso o que tienen una situación familiar conflictiva. Me ha recordado lo que me ayudó a mí tener internet. No sé cuál es la solución ideal con estos temas pero hago este texto sólo para recordaros que las redes sociales han salvado vidas de adolescentes víctimas de maltrato. Por favor, pensemos un poco más en ellos.
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«Padre orgulloso de María y Laura. Marido feliz. Clase obrera.» Esto ponía en su perfil. Al lado una foto de un señor de mediana edad con cara sonriente que abrazaba a una de sus hijas. Sus publicaciones eran fotos familiares y de viajes. También compartía fotos con sus amigos y conocidos. Parecía un tipo majo que llevaba una vida normal. Bueno, pues esta persona puso con esta cuenta que acabo de describir, el comentario de «pareces un monstruo de cine de terror».
Venga, vamos con otro. Fotógrafo artístico. Frase de perfil del estilo «capturando la belleza de la vida». Su obra está en las publicaciones de su perfil. Se nota la sensibilidad y el cuidado con el que trata tanto a los animales como a las personas que fotografía. Lo que hace es arte. No me extrañaría que hubiese hecho alguna exposición en un lugar público. Hay cariño en cada foto, hay delicadeza, hay pasión. Cada foto nueva es una maravilla. Se nota que se dedica a ello porque tiene un talento increíble. Bueno, pues esta persona puso hace semanas en un vídeo mío «la cara de cuando te drogas» y citó a otra cuenta para que se burla no sólo fuese suya sino compartida.
Último ejemplo y uno de los que más me dolieron. Psicólogo sanitario. De izquierdas. Fan de Ska-P y de la literatura de fantasía. La frase de su perfil es de Gandalf. Sus publicaciones eran de manifestaciones, de conciertos y también de buen rollo entre colegas. Todo lo que veía en su perfil me daba buen rollo. Compartíamos un montón de cosas, la verdad. Un tipo que encajaba bastante conmigo. «¿Pero a dónde vas con esa cara?» me escribió un día en un vídeo mío. Adjuntaba emojis de risa y de vómito a ese comentario.
He puesto tres ejemplos muy básicos pero hay decenas. Os he hablado de ellos porque muchas veces veo a gente decir que los que insultan son auténticos monstruos, seres terroríficos, gente que rezuma maldad con cada cosa que hace. También leo referencias a la inteligencia. Que si el que insulta es el «tonto del pueblo», que si es retrasado, subnormal, deficiente mental… ¿Y sabéis qué? Que esta gente podría ser vuestro hermano, vuestro padre o vuestro mejor amigo. Esta gente a lo mejor os cae bien. La discriminación es estructural y está normalizada. Todos hemos discriminado, yo me incluyo, por aceptación social, porque discriminar está bien visto para mucha gente. Esto es una realidad. A mí me ha insultado gente de diferentes ideologías, de diferentes edades y de diferentes condiciones sociales. He recibido ataques de gente muy variada. He pensado mil veces que algunos que me insultan, en otras circunstancias de la vida, podrían ser grandes amigos míos.
Con todo esto, pretendo deciros que hay que empezar a ser más críticos con la discriminación y asumir que es estructural, que todos caemos en ella y que para luchar, hay que empezar a asumir que tenemos que señalar a gente que apreciamos. Para combatir, hay que entender que todos tenemos algo de racista, de homófobo, de machista o de capacitista. A lo mejor no en nuestras actitudes directamente pero seguro que hay gente en nuestro entorno que discrimina. Y si nos empeñamos en que los que discriminan son monstruos, perdemos la perspectiva de lo que tenemos cerca.
¿Queremos combatir la discriminación estructural? Empecemos por revisar nuestras actitudes y nuestro entorno.
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Me miré al espejo del baño y pensé: «Qué bien me queda el pelo recién duchado cuando lo tengo un poco largo.» Me sentía elegante. Un cabello repeinado y aplastado que me daba como un aspecto de persona decente y arreglada. Es una pena que en unas horas vuelva a tener el pelo caótico y rebelde. Oye, ¿y si me grabo ahora con el pelo repeinado y luego en unas horas me vuelvo a grabar para ver mi evolución? Seguro que a algunos de mis seguidores les hace gracia esto.
Y nada, ahí estaba yo en el despacho grabando un vídeo de unos segundos sin decir nada con el único objetivo de que se vea mi pelo. Ya lo había hecho alguna vez hace meses pero reconozco que me hace un poco de gracia contemplar el cambio. Los vídeos de antes y después muchas veces tienen impacto en Instagram o TikTok. Además, sería un vídeo cortito.
Era viernes, ya se olía el fin de semana y además no tenía mucha faena. Estaba tranquilo. Con mi crisis existencial gritándome cada dos por tres en el oído, todo hay que decirlo. Mi comienzo de año no está siendo idílico pero voy tirando hacia adelante. Y oye, podría estar mal pero al menos ya era casi sábado. Hice faenas que tenía pendientes y unas horas después grabé el segundo vídeo. Edición simple, pongo un par de frases, algo de musiquilla de fondo y lo subo a redes. Es un vídeo tan simple que no lo subo en todos lados porque no me parece para tanto. Un vídeo más, un viernes más.
Llega la noche del viernes y empiezo a notar algún que otro insulto en el vídeo en cuestión. «Ugo, esto es lo de siempre. Alguno te va a insultar como pasa todas las semanas. No te preocupes. No hay problema,» Ceno tranquilamente, veo alguna serie con mi pareja y a dormir a la hora de siempre.
Y entonces PASA. Esa noche. Esa noche de viernes el vídeo se empieza a viralizar. Yo no me entero porque evidentemente estaba durmiendo pero se empieza a cocer algo que ni me esperaba. Se está viralizando para mal. Abro los ojos a eso de las 6 de la mañana, cojo el móvil y veo que mi cuenta de Instagram echa humo. 50 comentarios. «¿Pero qué ha pasado? No creo que sea por el vídeo de 10 segundos de ayer. Era un vídeo muy simple donde ni siquiera hablo.» Qué equivocado estaba. Los 50 comentarios comentarios estaban en ese vídeo de 10 segundos. Comentarios como que soy un asesino en serie, un ser horrible, imágenes de monstruos… Odio, mucho odio. Por existir. Porque dudo que sea porque no les guste mi pelo. Eso no tiene sentido.
Hago algunas capturas de los insultos y pienso: «Bueno, esto me puede servir para crear contenido constructivo señalando la discriminación.» Me ducho, desayuno y hago ese vídeo. Crítica social, una llamada de atención y listo. Me siento mejor y además espero que mucha gente me apoye en esto. ¿Fin de la polémica? Para nada. El vídeo se viraliza mucho más y los insultos que antes estaba borrando, empiezan a ser demasiados para mí. Se me escapan de la vista. Lo bueno es que mi segundo vídeo ha hecho que haya más gente defendiéndome pero mi sábado es un caos en mi mente. Insultos por todos lados, en todas partes. Por mi cara, por mi discapacidad. Y cada vez más. Antes de empezar el día, no me planteaba que esto iba a crecer tanto pero cuando llega la tarde, asumo que estoy en el fin de semana con más insultos recibidos de mi vida en redes sociales.
Lo curioso es que no me agobian los insultos. Lo que me agobia es la confusión que siento. Me agobia pensar que haya tanta gente odiándome por existir. Es decir, si me insultasen por un tema político o por un tema polémico, puedo entender el punto. La política genera divisiones muy fuertes y he tenido etapas de mi vida donde he recibido mucho insulto por ello. Pero no es el caso. Nadie señala la política, nadie señala nada polémico que yo haya dicho. Lo que odian es que yo exista, que una persona con una parálisis facial se exponga en redes. Además es un odio muy transversal. Seguramente desde vuestra perspectiva queréis crear monstruos en base a gente que no os guste. Que si te insultan los nazis, los fachas, la gente muy joven o cualquier colectivo que despreciéis. Pero yo soy una persona muy curiosa y me gusta ver quién está detrás de los insultos. ¿Sabéis qué me encuentro? Mucha variedad. Señores mayores con pasta, chavales jóvenes que están en el instituto, padres de familia que posan felizmente con su mujer y sus hijos, gente de clase obrera con trabajos de todo tipo. Es muy complicado crear un perfil ni pensar que todos son monstruos porque hay una variedad que asusta. Casi todos los que insultan son hombres, eso sí. ¿Hay mujeres agresivas? Pues he encontrado algunas que en vez de insultarme, lo que hacen es decirme que es culpa mía por exponerme. Son pocas pero me ha sorprendido ese rol.
Acabo el sábado bastante confundido con todo esto y me cuesta hasta dormir. Pero duermo. Duermo profundamente y recargo pilas. ¿Qué ha pasado este domingo al despertar? Pues lo primero que he visto es un mensaje privado diciéndome «das asco hijo de puta». De alguien que ni me sigue ni conozco. Alguien que no se pone foto ni nombre real. Luego he mirado comentarios. Estaba todo lleno de insultos y de gente apoyándome. Había una mezcla llamativa.
¿Os he hablado alguna vez de mi superpoder de reinicio? Esto lo tengo desde que era pequeñito. Puedo tener el peor día del mundo que mi mente suele desconectar al dormir y al día siguiente parto de la casilla de salida de nuevo. El superpoder del reinicio. Justo esto es lo que me ha pasado. Se me ha ido la confusión del día anterior y también la incomodidad. Ha vuelto el Ugo racional y planificador. Lo primero que he hecho ha sido crear un vídeo hablando de que todo este odio me va a servir para aprender a defenderme en redes sociales. También he añadido que nadie me iba a callar. Luego he planificado mi podcast para la semana que viene y me he ido al cine con mi pareja. Había que aprovechar el domingo.
Y poco más que añadir. Hemos comido fuera, he vuelto a casa, he visto como mi equipo de fútbol perdía un partido y luego me he puesto a escribir este artículo. En estos momentos siguen llegando insultos por todos lados pero me da bastante igual. Lo he afrontado de forma constructiva y además, no voy a negar que este tema me ha dado promoción a mis proyectos. Porque los que insultan serán muchos pero los que me defienden o los que sólo miran sin participar son muchísimos más. He tenido subidón de seguidores, he planificado algunas cosas interesantes para la semana que viene y me encuentro mil veces mejor. Nunca entenderé el odio irracional por existir pero por suerte ya no soy el Ugo que se escondía. Seguiré luchando para reducir ese odio.
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«¿Cuándo se termina esto?» Esta pregunta me la hizo un niño con los ojos llorosos en una charla que di en un colegio hace unos meses. Mi charla era sobre discapacidad y tocaba mucho el tema del bullying. El niño en cuestión estaba recibiendo acoso escolar casi diariamente simplemente por tener una cara rara. Me lo preguntó porque dije en la charla que yo había recibido bullying en mi adolescencia. Él quería saber cómo había superado yo el bullying, cómo había solucionado esa fase de mi vida. ¿Y sabéis qué? No la he solucionado ni superado. Me dejó unas secuelas enormes y he necesitado mucha terapia. No estoy «curado», no estoy «bien». ¿Y qué le dije al niño? Pues le dije que buscase espacios seguros, que acudiese a terapia también. Le di algunos consejos muy básicos porque yo no soy un gran experto. Eso sí, jamás en mi vida se me ocurriría decirle el título de este artículo. Jamás le diría «no hagas caso».
El «no hagas caso» que tanto se repite cada vez que alguien dice que le insultan es una de las peores herramientas para luchar contra la discriminación y para acabar con la violencia. ¿Violencia? Sí, sí,. Hay que empezar a hablar de que la agresión verbal es violencia y muchas veces deja más huella que muchas agresiones físicas. ¿Decir «no hagas caso» a alguien que está siendo discriminado reduce la actividad del agresor? No, para nada. El agresor va a seguir insultando a gente. Te puede seguir insultando a ti o directamente puede irse a insultar a otros. ¿Decir «no hagas caso» reduce la incomodidad de la persona que recibe el insulto? Normalmente tampoco. Lo que suele pasarle a la persona es que no siente ningún tipo de apoyo real cuando le dicen eso y los insultos los va a seguir recibiendo igual. ¿Pero entonces sirve de algo decir «no hagas caso»? Sí, sirve para el que la dice porque le ayuda a no calentarse la cabeza a la hora de luchar contra la discriminación. Suelta la frase y así se lava las manos con este tema. Ya ha «ayudado». Ya ha dicho «lo suyo» y ya puede seguir con su vida mientras las personas discriminadas siguen siendo agredidas.
Ya sé perfectamente que la intención de esa frase suele ser positiva. Es una frase hecha que nos han grabado en nuestra cabeza y nos resulta muy cómoda porque no supone que tengamos que hacer un esfuerzo extra. La frase ideal para una sociedad cómplice en temas de discriminación. Porque no hacer nada ante discriminaciones evidentes es ser cómplice de esta situación. ¿Sabéis una de las cosas que más recuerdo de mi etapa de bullying? Que mis amigos de siempre, los que estaban siempre a mi lado, se callaron ante UNA persona que me discriminaba. Podían haberme defendido porque eran más pero no, nadie lo hizo. Es más, alguno de mis amigos de siempre se unió a la discriminación que yo recibía porque era la moda. Lo dicho, vivimos en una sociedad cómplice y seguro que hay muy buenas intenciones en muchas personas pero las buenas intenciones sirven de poco si no solucionan discriminaciones estructurales.
Este artículo es un simple desahogo ante el aluvión, una vez más, de gente que me dice que no haga caso o que me centre en las cosas positivas cuando denuncio discriminación. Por suerte, cada vez tengo más medios en redes para denunciar esto. Vídeos, podcasts, redes sociales de todo tipo y ahora hasta un blog. Por cada «no hagas caso», se me ocurren mil ideas nuevas para denunciar públicamente a los que agreden. Callarse ante la discriminación nunca es una opción.
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Cuando era pequeño, yo quería ser Superman. Luego crecí y me cambié a Spider-Man aunque sentía predilección por la figura del Joker. Supongo que era mi época rebelde caótica. Sin ser un gran entendido, los superhéroes siempre han estado en mi vida, siempre me ha parecido fascinante este mundo. Y por eso decidí hace una semana contactar con Ovi Master, un tipo que me cae genial y que para mí es una enciclopedia de estos mundos de grandes poderes y grandes responsabilidades. ¿Empezamos ya con la entrevista? ¡Vamos allá!
¿Qué es un superhéroe?
Uf, esta pregunta tiene su trampa porque mucha gente considera que Batman, por ejemplo, no es un superhéroe, ¿no? Todo el mundo dice que es un vigilante. Habría que saber distinguir qué es un vigilante y qué es un superhéroe. Yo considero que un superhéroe se rige por unos códigos concretos. Hay gente que considera que ser un superhéroe implica habilidades concretas, superpoderes, superdesafios y hacer superheroicidades. Esto suena lógico. Superhéroe es un héroe de proporciones bíblicas. Yo estoy parcialmente de acuerdo porque superhéroe es un nombre que acuña Superman en el momento de su nacimiento en DC Comics y el hecho de que sea él la pizarra en la que todo el mundo se basaba para tomar apuntes me parece que es esclarecedor.
Por eso considero que Batman es un superhéroe, porque tiene los mismos códigos que Superman. ¿Qué códigos son esos? Tener una vestimenta concreta que define lo que es su personalidad, sus habilidades o a veces simplemente su forma de ser. Punisher, por ejemplo, tiene una calavera y no lo considero un superhéroe pero si alguien me defiende que lo es, no podría rebatirle porque también cumple todos los códigos que he mencionado antes. Hay cómics de Punisher, de Batman o de Spider-Man que no son de superhéroes porque son de suspense, de thriller o de otro tipo de géneros que no son superheroicos. El término superhéroe no se puede definir fácilmente, es un término muy amplio al final.
Hablando de superhéroes ¿existe el bien y el mal de forma objetiva? ¿O son conceptos subjetivos?
Son conceptos subjetivos me atrevería a decir. En principio hay ciertas pautas básicas en lo que se refiere al bien que implica vivir todos en armonía, adecuadamente, sin pisarnos los unos a los otros. Lo que pasa es que mi concepción del bien igual choca con el de otra persona y ese bien le hace mal. Una cosa que me gusta de los superhéroes es que se suele decir que son muy blanco y negro, que no tienen escala de grises, y yo creo que la gente está muy equivocada al respecto. Yo creo que los superhéroes, la gracia que tienen justamente, es la forma que inculcan una moral, una moral abstracta, una moral subjetiva. Es muy interesante ver las implicaciones morales que nos pueden inculcar.
Muchas veces los guionistas lo que hacen es hablar de sí mismos, de su entorno, de sus circunstancias, y a mí me resulta interesante ver las diferencias cuando escribe un guionista inglés a cuando escribe un guionista americano. Se nota bastante la moralidad de unos y otros, sobre todo por el sistema en el que vive cada uno. Esto lo estamos notando mucho estos días por la situación actual de Estados Unidos. El bien y el mal son abstractos, subjetivos, pero también es importante analizarlos. Yo considero que el bien es la mejor forma de llevar una convivencia.
Cómic, tebeo y novela gráfica. ¿Son conceptos iguales? ¿Tienen sus diferencias?
Por un lado, todos son lo mismo. Lo que pasa es que yo cuando escucho tebeo, lo que implica es cómic español, historieta española. Tebeo viene de las siglas TBO, que es el nombre de una revista que salía en España a principios del siglo XX, que tuvo una larga trascendencia y que fue muy conocida en los kioskos hasta el punto de convertirse en una palabra popular. El término más correcto para tebeo es historieta.
La palabra cómic tiene la deriva del americano. Sería historieta americana. Igual que manga es historieta japonesa. Creo que cómic viene de tira cómica de periódico. En cuanto a la novela gráfica, es un concepto más elitista y por eso le tengo un poquito de manía. La novela gráfica parece que signifique que no es una simple historieta sino que es LA HISTORIETA, viene con tapa dura, es para adultos… y yo creo que tiene unas connotaciones negativas en lo que se refiere a la historieta porque para mí toda historieta es válida. Por ejemplo, no creo que nadie diga Lucky Luke o Astérix son novelas gráficas y ¿por qué va a ser Astérix peor que un cómic de Paco Roca? Con todo el respeto a Paco Roca que me encanta y lo considero una persona fantástica. Pero en general, novela gráfica lo veo más como merchandising que algo más fluido y natural como ha podido ocurrir con el tebeo o el cómic.
En mundo ficticio donde todos tienen superpoderes, ¿existirían los superhéroes?
Es interesante porque hay un cómic que va de eso. Se llama Top 10 de Alan Moore donde todos tienen poderes y acaban siendo todos superhéroes. Aunque en ese cómic todos son superhéroes detectives, superhéroes trabajadores, superhéroes de todo tipo. Son denominados así porque todos llevan traje de superhéroe, nombre código de superhéroe y tienen habilidades. Por estos motivos son llamados así aunque sus motivaciones no tengan nada que ver con la superheroiricidad. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que si todos tuviésemos poderes, no todos seríamos superhéroes porque sería necesaria la motivación para hacer el bien, para ser altruista con la humanidad. Ser superhéroe sería más una profesión más y no todo el mundo sería capaz de ejercerla.
En vez de «qué superpoder escogerías tú», he pensado en darle un poco la vuelta a esta pregunta y he decidido que debes escoger un superpoder para alguien que tú quieras, para alguien que no seas tú. ¿Qué superpoder elegirías y a quién le darías ese superpoder?
Pues yo le daría un superpoder a mi pareja. Si lo piensas, podría ser bastante egoísta y darle un superpoder que me convenga a mí. Por ejemplo, un superpoder que cure enfermedades con el tacto. Que cure a los demás y también a él mismo. Es complicado porque un poder puede ser algo positivo pero también podría convertirse en una maldición a nivel cotidiano por las implicaciones sociales que podría tener esa habilidad si la descubre alguien. Sería un arma de doble filo. Otro poder que podría darle es el de la inmortalidad pero… ¿y si él no quiere? ¿y si me dice que no quiere vivir toda la existencia? Creo que al final me quedaría con algo relativo a evitar dolores y enfermedades.
¿Qué superhéroe es el más representativo del mundo actual o cuál te gustaría que lo fuese?
Me encantaría pensar que el Superman de James Gunn porque hacer el bien es el nuevo punk. ¿Es representativo? No, pero es el superhéroe que yo quiero para estos tiempos tan cínicos y complicados que vivimos donde la maldad tiene tanto peso. ¿Cuál sería el más representativo? Por desgracia, la contrapartida de Superman para mí que es el personaje de El Patriota en The Boys. Hay escenas con este personaje en esta serie donde piensas que parece Ayuso o parece Trump. O Milei. Personas que no admiro.
Por mí, ojalá llegue el día en el que pueda decir que el superhéroe que nos representa sería Superman porque aunque cometa errores, su iniciativa siempre va a ser mirar por el otro, escuchar e intentar hacerlo lo mejor posible. Últimamente me estoy dando cuenta de que DC Cómics atina más en este aspecto que Marvel. Marvel abre más la ventana y muestra a personajes imperfectos pero en DC hay más referentes. Personajes como Wonder Woman, Superman o Nightwing tienen una visión del mundo que para mí debería ser la adecuada para la sociedad. No porque siempre hagan el bien sino porque tienen la pulsión para hacer el bien.
Muchos superhéroes representan la diversidad, han tenido siempre un papel social en los cómics, han tocado temas complejos como la migración o el rechazo social. ¿Por qué para muchos el mundo de los superhéroes está dentro del entretenimiento infantil o juvenil cuando tocan temas complejos y actuales cada dos por tres?
Yo creo que es por desconocimiento. Además si lo piensas, durante muchas décadas han estado relegados a dibujos animados y mucha gente cree que los dibujos animados son infantiles. Esto es curioso porque yo creo que hay dibujos animados que hablan más de temas adultos y complejos que muchas series que se consideran adultas y complejas. Yo creo que van por ahí los tiros.
Yo recuerdo que a principios de los 2000s mi tía me veía leyendo cómics en el salón y me miraba como si estuviese haciendo algo inferior porque ella era una lectora ávida de novelas. Un día me dijo algo que se me quedó grabado. Me preguntó que cuándo iba a empezar a leer libros y yo le dije que ya leía libros pero que me gustaban más los cómics. Entonces le enseñé ese día Watchmen, el cómic que me estaba leyendo en ese momento y alucinó con algunas de las escenas que salían en él. Ahí me di cuenta del profundo desconocimiento que tiene la gente con el mundo de los tebeos.
Aunque tengo que decir que eso está cambiando. Hace no tantos años me reuní con mi familia y con mi tía, y me di cuenta que ya no me veían igual. Lo tienen mucho más normalizado. Me parece que las películas tienen algo que ver junto con las series. Es triste decir esto pero el live-action de las películas ha hecho que se vean de una manera más adulta aunque yo considero que hay muchas series animadas que son tan adultas como las de live-action.
Ya que hablas de esto, tengo que hacer la pregunta clásica. ¿Hay cansancio en la sociedad con las películas de superhéroes?
Yo creo que cansancio implicaría que ninguna película de superhéroes tuviera éxito. El año pasado tuvimos tres películas de superhéroes que, con sus más y con sus menos, recuperaron el dinero en taquilla. Y las series de televisión también tiene su audiencia y demás. Entonces cansancio como tal no diría. ¿Han perdido tirón? Indudablemente. Yo lo veo de esa manera. También creo que lo que tenían los superhéroes antes, en especial Marvel Studios, no era normal. Tuvieron un éxito muy difícil de repetir. Va a ser muy difícil que se vuelva a dar un caso como este. Eso sí, las películas de superhéroes no van a ser como el western que desapareció y se quedó apartado de todo. Los superhéroes siguen estando, no en un primer plano claramente, pero si en un segundo. Y a veces en un primero.
Avengers Doomsday yo creo que va a volver al primer plano. La nueva de Spider-Man también. Superman estuvo el año pasado en un primer plano. ¿Cansancio? No, yo creo que van a estar ahí siempre. Lo que pasa es que no van a tener siempre el mismo éxito. La década de 2010 ha sido la década de los superhéroes en el cine, ha sido una cosa bastante bestia e irrepetible.
También creo que la pérdida de tirón se debe a que la sociedad se ha vuelto más cínica y más reacia a la diversidad. No sólo ya en los superhéroes sino en otros muchos géneros y es un poco preocupante.
¿Por qué los superhéroes tienen un peso enorme en la cultura popular y los dibujantes/guionistas no? Por ejemplo, a Superman lo conoce todo el mundo pero al creador de Superman, ¿cuántos lo conocen?
Hay muy poca gente que sepa que Superman está creado por Joe Shuster y Jerry Siegel. Batman, por ejemplo, tiene un escritor que ha sido eclipsado por su dibujante. Este superhéroe fue creado por Bill Finger y Bob Kane pero Kane se quedó con todo el mérito. ¿Qué quiero decir con todo esto? Pues que es normal que los dibujantes y escritores no sean tan conocidos. La gente no suele conocer a muchos directores de cine. ¿Cómo va a conocer a los creadores de cómics? Nosotros somos más freak pero yo he aprendido a asumir que no todo el mundo sabe quién es el Christopher Nolan o Zack Snyder. La gente conoce lo que le inculcan y los medios no creo que le den mucha cancha a los dibujantes o guionistas de cómics.
A pesar de todo lo que he dicho, también es cierto que hay casos que han dejado mucha huella. Mira Francisco Ibáñez que lo conoce casi todo el mundo. Y Stan Lee también. ¿Por qué? Porque se han hecho más mediáticos. Han salido más en televisión, en noticias, han sido más veces nombrados. Al final conocemos las cosas que nos ponen delante. Pero como el cómic es un medio de nicho, veo lógico que la gente no sepa quién es Joe Shuster o Jerry Siegel.
¿Qué cómic o tebeo (de superhéroes o no) recomendarías al Ovi de 12 años?
Le daría uno que conoció con 16 años porque ha sido esencial para su forma de entender el tebeo y el cómic en general. Estoy hablando de los X-Men de Chris Claremont. Mira que me puedo meter con Claremont un montón porque lo encuentro farragoso, muy expositivo, pero este guionista ha sido un referente. Hizo algo que me ha llegado a la patata muchas veces. Era un adelantado a su tiempo, ha tratado muchos temas, ha escrito a algunos de mis personajes favoritos. Lobezno, Jean Grey, Cíclope… Con estos personajes he aprendido muchas cosas en mi adolescencia y he vivido aventuras dentro de mi cabeza. Estoy seguro que estos X-Men les gustarían al Ovi de cualquier edad.
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En los últimos años no paro de ver a voces conservadoras usar términos como izquierda radical, extrema izquierda o ultraizquierda con una connotación negativa. Como su intención es atacar, lo que hace la izquierda es suavizar o tratar de defenderse diciendo valores básicos de izquierdas y así tratando de quitar importancia a esos conceptos usados como ofensivos. ¿Pero ser de ultraizquierda o extrema izquierda es malo? Ante la necesidad de aprender más, lo que he hecho es tratar de informarme sobre qué es exactamente la extrema izquierda.
Lo primero que saco en claro es que se suele denominar extrema izquierda a gente que es comunista, marxista, anarquista o términos derivados de estos. Por resumir mucho, la mentalidad de esta gente es anticapitalista y suele estar a favor de modelos alternativos de organización social que no tengan que estar enlazados con los ricos o los que tienen más poder económico. Amable lector, ¿te parece mal esto que estoy diciendo? Bueno, seguimos, seguimos…
La extrema izquierda también suele abogar por sistemas de democracia directa donde el pueblo tiene más poder a la hora de decidir medidas que puedan beneficiar al país. En esta ideología o conjunto de ideologías hay mucho contenido sobre autogestión con el objetivo de que no gestionen otras personas los recursos que produces tú. Hay que decir que la mayoría de la extrema izquierda también está en contra de las dictaduras o de sistemas autoritarios. Que alguno dirá aquí: ¿Y Cuba qué? ¿Es una dictadura o no? Bueno, no es difícil buscar lo que es Cuba pero os hago un resumen. En Cuba el poder lo tiene la Asamblea Nacional del Poder Popular que está formada por diputados cubanos. ¿Se ponen a dedo estos diputados? No, estos diputados representan a cada pueblo de Cuba y son elegidos por el propio pueblo para que les represente. Por supuesto, no digo que esto funcione bien o mal, tampoco digo que la situación de Cuba sea buena. Sólo digo que oficialmente no es una dictadura porque hay elecciones en cada pueblo para designar al diputado que lo represente.
Me estoy yendo por las ramas. Volvemos al término de extrema izquierda. Otro de los puntos de estas ideologías es que suele rechazar a la socialdemocracia. ¿Pero qué es la socialdemocracia? La socialdemocracia es la izquierda más moderada, la que acepta el capitalismo pero trata de luchar por la igualdad social o por derechos humanos. Pero eso, aceptando el capitalismo. Querido lector, ¿a ti te parece bien el capitalismo actual? Si te parece bien y eres de izquierdas, enhorabuena. Eres socialdemócrata. ¿Esto es malo? No tiene por qué. Cada uno decide en qué creer, la verdad.
Ah, importante añadir un último punto a todo lo que he dicho. La redistribución de la riqueza. Este es otro factor importante de la extrema izquierda. Que no haya acumulación de riqueza por parte de las élites o de los más ricos. Es cierto que esto tiene que ver con ir en contra del capitalismo pero no había puesto hasta ahora el concepto exacto. Agradable lector, ¿quieres que los ricos repartan lo que tienen para que haya más igualdad o prefieres que unos pocos acumulan muchísima riqueza? Cuidado con lo que contestas porque pueden decirte que eres de extrema izquierda.
Por supuesto, en este artículo he sido muy simple. Estos temas son mucho más complejos y tienen multitud de aristas y bifurcaciones. No todas las ideologías de extrema izquierda son iguales. Ni tampoco tengo yo unos conocimientos avanzados para dar explicaciones más exactas. Lo único que pretendía decirte con todo esto es que la próxima vez que te digan que eres de extrema izquierda como si fuese un insulto, siempre puedes decir: Por supuesto, ¿y qué?
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El día que dejé de escribir en Twitter, lo hice con un poco de miedo. Este lugar había sido un pilar central de mi vida. No sólo había conocido a gente maravillosa allí sino que también había ganado dinero. No era una cantidad enorme pero suponía un extra con perspectiva de crecimiento. Me llegué a plantear que podía vivir de la red social del pájaro azul en el futuro. Había invertido muchas horas de mi vida en ese sitio. Además, no tenía otras redes sociales. Era Twitter y ya.
¿Y ahora cómo me iba a informar de las cosas? ¿Conocería a gente interesante fuera de allí? ¿Me enteraría de todos los salseos que pasaban? Además, perdía opciones laborales porque no estaría en la red de microblogging más grande que había. Mi forma de promoción más importante desaparecería para siempre.
Ha pasado un año de ese momento. Un año desde que mis cuentas en X se convirtieron en cuentas inactivas. Y estoy MUCHO MEJOR. Lo pongo en mayúsculas por si no queda claro. He mejorado mis fuentes de información acudiendo directamente a periodistas o a medios. Leo la prensa diariamente y también me informo por Bluesky, que en temas de actualidad suele estar muy al día. También he diversificado lo que hago aumentando mi actividad en diferentes redes sociales. Ya no dependo de una sola como pasaba con Twitter. Además he ganado más dinero gracias a esta diversificación. No me he forrado pero es cierto que las diferencias económicas con Twitter son muy grandes. Y sobre todo, vivo con menos estrés que antes. No me tengo que enfrentar diariamente con nazis, no tengo que tragarme tantos bulos como antes, no tengo que estar bloqueando a gente cada dos por tres en mis redes sociales. Ha bajado el odio en mi vida.
Cuando me desintoxiqué de X, me di cuenta de lo engañado que estaba pensando que no había otro lugar mejor. Aprendí que es muy fácil manipular con necesidades vacías. Porque estar allí era una necesidad vacía, al igual que puede serlo estar en otro lugar. Es impresionante cómo funciona el tema de la adicción. Los likes, los reposts, las interacciones constantes y el contenido a palazos te pegan fuertemente en tu mente y necesitas todo el rato MÁS de algo que no tiene tanto peso como crees. Yo sigo siendo adicto a redes sociales, lo reconozco, pero estoy aprendiendo que no es lo más importante. Salgo más a la calle, conecto con gente en el mundo real y participo más en la sociedad fuera del mundo digital. Seguro que diréis que esto es lo que hace la gente normal pero supongo que vosotros no tenéis una cara rara o una voz extraña como yo. No es tan fácil como parece. Pero voy tirando.
Esto no es un artículo para decirte que Bluesky o cualquier otra red social es mejor o peor que Twitter. Todas las redes sociales tienen algo criticable aunque Twitter sea peor para mí. Tampoco es un texto para que salgas más a la calle. Lo único que pretendo decir es que hay más vida fuera de la red putrefacta de Elon Musk. Hay más contenido en otros sitios. Hacemos constantemente debates sobre irnos o no irnos de Twitter como si este fuese un ente enorme cuando es una red social más. Muy nazi pero una más. No vale tanto como parece ni es tan importante como creemos. Yo pensaba que echaría mucho de menos estar allí pero a día de hoy soy claramente más feliz sin el pozo infecto de Elon.
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En los últimos días hemos visto como el cómico Quequé se retiraba y como la creadora de contenido progresista Elena Reinés dejaba las redes sociales para descansar ante el aluvión de odio recibido. Enseguida he leído análisis en redes que decían que los referentes de izquierdas están desapareciendo y los de derechas no paran de crecer. Yo ante esto me pregunto: ¿Nosotros qué hacemos?
Veo a la derecha como se moviliza en redes y fuera de ellas. Veo organización colectiva. Un líder o referente de derechas señala a alguien y un ejército de personas en redes (y también fuera de ellas) se lanza a por ese alguien. Y joder, les funciona. Me da asco lo de señalar, me da asco esas campañas de acoso pero reconozco que esa conciencia colectiva de moverse todos a una para defender su discurso me da un poco de envidia. ¿Por qué la izquierda no tiene tanta conciencia colectiva hoy en día? ¿Qué nos falta? No hay una respuesta sencilla a esto. Supongo que es un cúmulo de factores. Por ejemplo, la famosa lucha interna de la izquierda que divide a las masas en un montón de grupos pequeños, el capitalismo que nos oprime constantemente y nos quita el poco tiempo libre que tenemos, la creencia de que unos tweets en una red social nazi pueden sustituir a la lucha colectiva haciendo que nos desentendamos del resto de movimientos sociales…
Recuerdo hace años los famosos escraches que hacía Ada Colau con la PAH y recuerdo también el esfuerzo enorme de los medios para convertir esa acción en un acto de delincuencia. ¿Y qué pasa ahora? Pues que la derecha está usando métodos similares ante políticos o personas que no les gustan… y no pasa nada. No hay una campaña clara en contra de estos movimientos porque, oh sorpresa, las televisiones son conservadoras y ya no les merece la pena criticar tanto esto. Es más, son claramente conscientes de que es un acto de delincuencia. ¿Y qué? Es por un fin mayor. Esto también es pensamiento colectivo por su parte.
En fin, este es un texto de desahogo y también de autocrítica. ¿Hubiese dejado Quequé su programa si tuviese un gran apoyo colectivo detrás? ¿Elena Reinés habría dejado las redes sociales si una masa de gente de izquierdas hubiese estado detrás de ella? Yo creo que no. Por eso mi conclusión es que nos falta calle, nos falta más movilización colectiva, nos falta más lucha vecinal, nos falta más conciencia de clase. Estamos perdiendo la esencia de la izquierda pero aún no hemos sido derrotados. Podemos volver a tener esa conciencia colectiva. La próxima vez que veas retirarse a un referente, pregúntate qué haces tú por la izquierda.