Una mañana más, Uruk hizo su rutina de siempre. Se acercó al río para mirarse la cara en el reflejo. El tono verde pantanoso de su rostro seguía igual pero él lo veía hoy más reluciente que nunca. Era un día importante, lo sabía. Era un día crucial.
Tras mirarse un buen rato, cogió su escudo de metal gastado y su espada mellada para reunirse con el resto del grupo. Ya quedaba menos para llegar. Habían acampado esa noche en un pequeño claro del bosque y eran conscientes de que quedaba muy poco para alcanzar su meta. Se respiraba el nerviosismo en la tropa.
Curiosa tropa, todo hay que decirlo. La componían orcos, goblins, trasgos y un troll grandote que se llamaba Osgirth. Antes de juntarse como tropa, cada uno vagaba por diferentes lugares de la Tierra Media. Y todos sin excepción habían sido rechazados por humanos y elfos. Algunos conservaban heridas muy visibles de las trifulcas donde habían participado. Uruk, por ejemplo, tenía un corte de más de 20 centímetros que le cruzaba parte del cuello. Un elfo del bosque quiso rebanarle el pescuezo mientras dormía como ya había hecho con el resto de sus compañeros y estuvo a punto de conseguirlo pero se equivocó en el cálculo. No cortó todo lo profundo que debería y Uruk sobrevivió. No fue nada fácil porque primero tuvo que hacerse el muerto y luego tratar de no desangrarse en las horas posteriores.
Pero allí estaba, con todos los marginados de la Tierra Media. Cada uno con su historia de dolor, pérdida y sangre. Todos con sed de venganza y con odio en los ojos. Ya quedaba menos para llegar a Isengard. ¿Por qué iban a Isengard? Resulta que hace unos meses, a Uruk le llegó un mensaje de un amigo de la infancia. Este orco le relató que estaba viviendo una segunda juventud porque un mago anciano muy poderoso le había aceptado y prometido que el mundo del futuro sería de los orcos. Que estaba juntando un ejército de orcos, trasgos y otras criaturas marginadas para volver a mandar en el mundo. «Nos acepta, Uruk, viejo amigo. Nos acepta y nos quiere cerca. No nos escupe ni nos tortura. No nos mata. Se llama Saruman y es un mago muy poderoso. ¿Por qué no confiar en él? Es nuestro momento.»
Uruk lloró ese día. Lo hizo a escondidas aunque estaba solo en ese momento. Pero lo de esconderse lo hacía en todo momento porque nunca podía fiarse de humanos ni de elfos. ¿Y si su amigo tenía razón? ¿Y si ese tal Saruman les ayudaba? A lo mejor en el futuro dejaría esa costumbre de esconderse en cualquier lugar. No tenía nada que perder. La vida la arriesgaba todos los días paseando por caminos de humanos así que prefería arriesgarla por un objetivo mucho más ambicioso.
Y Uruk partió rumbo a Isengard donde estaba ese mago poderoso. La ilusión le brotaba por cada poro de su piel y cuanto más se acercaba a su destino, más ilusión sentía. Además, por el camino se encontró a varios grupos de orcos que pensaban igual que él. Y trasgos, y goblins. Todos rebosantes de felicidad. Todos deseando llegar a la tierra de Saruman. Si todo salía bien, por fin los orcos podrían andar por el mundo sin estar en peligro de muerte constante.
(Y así, amigos, es como se construye un relato de cualquier bando ideológico. Creas un personaje, un «héroe» que cree ser víctima de algo, le das una historia triste, compones enemigos y una salvación. Y listo.)
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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El hantavirus, el virus de moda. ¿Puede acabar con nuestra vida? ¿Puede destruir nuestra existencia? ¿Estamos en peligro? Como estaba preocupado, me puse a hacer un análisis muy detallado sobre este nuevo problema pero luego caí en que no soy médico y mis conocimientos no son para tanto. Al no ser yo médico, he llegado a la conclusión de que lo primero es empezar por lo más básico. ¿Qué nos puede acortar la vida o directamente acabar con ella? He hecho una lista muy sencilla de cosas que nos pueden matar. Si te deprime mucho, siempre puedes pensar que es viernes y que al menos tienes el fin de semana por delante. Venga, ¿empezamos la lista de las cosas que pueden matarte? Acompañadme en este camino del horror social.
1. Trabajar 8 horas sentado en una oficina o en tu casa puede provocarte hernias o dolores en la zona lumbar si tienes suerte. Eso sí, si tienes mala suerte, puede llegar a provocarte una trombosis venosa a causa de la retención de líquidos que se produce por mantener durante mucho tiempo las piernas flexionadas y en una misma posición. La retención de líquidos se produce en los tobillos y en las piernas, por cierto.
2. El capitalismo. A ver, esto es muy evidente. Es el sistema predominante que ha provocado una pobreza estructural y una desigualdad enorme en nuestra sociedad. Bajo este sistema, siendo optimistas tenemos más de 100 millones de muertos. Entre hambrunas, intervenciones en países, guerras (de EEUU, la mayoría) y represiones, esos 100 millones de muertos se pueden disparar pero mejor será no entrar en detalle porque podría alargar demasiado este artículo.
3. Pertenecer a un colectivo discriminado. Este es un tema realmente complicado porque las personas que pertenecemos a estos colectivos no tenemos culpa de nada pero la sociedad nos hace sentir así. Según la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, un 33% de las personas del colectivo LGTBIQ+ ha considerado el suicidio en algún momento de su vida. Si eres una persona trans, este porcentaje prácticamente se duplica. ¿Y si eres una persona con discapacidad como yo? Según estudios del CERMI, pertenecer a este colectivo provoca muchas veces marginación, exclusión y discriminación. Esto hace que el porcentaje de suicidios sea claramente más alto que la media.
4. Tener problemas para llegar a final de mes. ¿Sabías que el 26% de los ciudadanos estadounidenses tiene estrés crónico por problemas económicos? Esto lo confirmó la American Psychological Association en un estudio y estamos hablando «en teoría» de uno de los países más desarrollados del mundo. Esto de tener problemas económicos porque no cobres lo suficiente te puede generar estrés, ansiedad, depresión, conductas peligrosas (como tomar drogas) o problemas con tus relaciones personales. Todos sabemos dónde puede acabar todo esto, ¿verdad?
5. Comer mal. Ya sabéis, comer muchas veces comida basura, precocinada o ultraprocesada puede acabar provocando problemas digestivos o cardiovasculares que te pueden conducir a la muerte. Este punto tiene trampa porque nos hacen creer muchas veces que es culpa nuestra, que es nuestra responsabilidad, pero el consumo de comida basura suele deberse en muchos casos a la falta de tiempo que tenemos en nuestra vida por culpa del trabajo o a los problemas de ansiedad que sufrimos por multitud de factores. Puedes revisar los puntos anteriores porque todos pueden acabar conduciéndote a comer comida basura.
6. Nacer. Sí, esto es así. Nacer es una lotería y en función de dónde lo hagas, puede acabar tu vida antes de lo que piensas. Si naces en un país muy poco desarrollado y tienes, por ejemplo, una enfermedad difícil de tratar, tu país de nacimiento a lo mejor no puede ayudarte por no tener los recursos suficientes. O imagínate que naces y en pocos años te das cuenta que eres gay. Si tu país es Uganda, puedes ir a la cárcel por ello y si has nacido en Nigeria, te pueden hasta condenar a muerte.
Podría seguir con los puntos de cosas que te pueden matar pero creo que ya es suficiente por hoy. Ah, el hantavirus también te puede matar pero las probabilidades son muchísimo más bajas de momento que casi cualquier punto que he comentado en este artículo. Más que nada porque es muy difícil que alguien te contagie por pura estadística y trabajar sentado tantas horas creo que es algo mucho más común, ¿verdad?
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«Oye, Ugo. ¿por qué no haces pilates?» Esto me lo dijeron hace unos días en una comida. Me lo dijo una mujer al explicar mi problema. ¿Qué problema? A ver, empecemos desde el principio. Me llamo Ugo (vale, esto ya lo sabías) y tengo escoliosis que es una desviación de columna de nivel medio. Esto me provoca dolores de espalda esporádicamente y se acrecientan si hago ejercicio de alto impacto. ¿Sabéis cuál es mi «error» en la vida? Que me gusta hacer ejercicio. Soy una persona activa y necesito el ejercicio diario. Lo que pasa es que me emociono y a veces me paso con el ejercicio provocando fuertes dolores de espalda que duran varios días.
Mi última crisis con la escoliosis fue tan fuerte que he tenido que repensar mi ejercicio diario. Tengo que cambiar cosas si quiero no morirme por el dolor. Y aquí aparece el pilates, un ejercicio de bajo impacto que mejora la flexibilidad y también te ayuda a mejorar los temas de la columna. He leído opiniones de varios fisios y recomiendan todos el pilates si tienes escoliosis. Me he informado bien cuando me lo recomendó una amiga hace unos días y oye, ¿por qué no? Mi pareja hace pilates, la pareja de mi padre hace pilates, varias amigas hacen pilates y a todas les sienta bien. Oye, espera un momento… ¿Algún hombre de mi entorno hace pilates? No, ninguno. El único contacto que ha tenido un hombre de mi entorno con el pilates es en forma de burla. Se burló de estos ejercicios porque «no eran fuertes» o «no servían de nada». Esa es la única interacción masculina cercana con el pilates.
¿El pilates es para mujeres? He leído que es recomendable para gente con escoliosis pero no sé si tienen algo de diferente con el resto de ejercicios, algo que le haga ser «para mujer». Como señor que ha hecho muchos ejercicios de todo tipo en su vida, me he dado cuenta de algo curioso. Al ver ejercicios de pilates, me he fijado en que muchos de esos ejercicios los he hecho yo en otras modalidades. Ejercicios de estiramiento, de piernas, de espalda, ejercicios típicos sin mancuernas que he hecho mil veces. No he visto nada realmente que diga «aaaah, esto sí es para mujeres» aunque tampoco sé qué tipo de ejercicio es para mujeres, la verdad.
El caso es que me ha dado un poco igual esto de que «es para mujeres» y he decidido hacer pilates para reforzar mi espalda y mi flexibilidad. Me he descargado una aplicación, LA MEJOR VALORADA EN LA TIENDA DIGITAL, y he entrado en ella. Para empezar, todo son fotos y dibujos de mujeres. Bueno, tampoco pasa nada con ello. Y han empezado las preguntas de la app. ¿Por qué quiero hacer pilates? Pues para estar en forma y cuidar mi salud. Intento que mis respuestas estén enfocadas a esas dos opciones pero me resulta difícil porque la mayoría de preguntas giran en torno a adelgazar. ¡Que no quiero adelgazar, joer! ¡Que quiero simplemente estar en forma y ya! También me han preguntado a qué me dedico y me ha llamado la atención que una de las opciones es «cuidar del hogar familiar». ¿Esta opción estaría con una app de hombres? También ha insistido como mil veces que tengo que adelgazar y hasta me han hecho un gráfico para decirme lo que voy a adelgazar. (?) Ah, importante. Me han preguntado por mi barriga y una de las opciones es si tengo barriga de mamá.
El caso es que mirando otras apps, todas tienen el mismo tono. Pilates es para mujeres. Si eres un hombre, vas a estar raro aquí. Es como si la app me mirase mal. ¿Habéis buscado «clases de pilates» en Google? Si pones Imágenes, TODAS tienen que ver con mujeres. Los hombres no existimos en pilates. Y voy a ser sincero ya que estamos. No quiero ir a una clase presencial porque no quiero incomodar o sentirme yo incómodo. No quiero molestar a mujeres porque a lo mejor consideran el lugar un espacio seguro y yo soy un hombre que podría romper ese espacio. De ahí que prefiera una app.
¿Por qué el pilates es para mujeres? ¿Qué hace que esté orientado a las mujeres? Los ejercicios son bastante normales y a cualquier hombre le podría sentar bien. A ver, yo tengo mi teoría tras leer mucho sobre ello. Pilates tiene ejercicios de bajo impacto y los hombres necesitan ALTO IMPACTO porque son hombres y tienen que IMPACTAR. ¿Cómo van a vivir sin impactar fuertemente? He exagerado un poco pero creo que los tiros van por ahí. Es más, la recomendación de pilates me la han hecho otros años y yo pensaba desde mi lado tremendamente machista que «eso es demasiado suave». Como si necesitase algo fuerte para demostrar algo a los demás. Por suerte, he vivido en un entorno más o menos sano y la mayoría de veces que he hecho ejercicio iban enfocados a la salud y no a sentirme «fuerte». Y hablando de machismo, quería añadir que no sólo los hombres tenemos conceptos machistas sino que las apps orientadas a mujeres también son machistas. Que si te dedicas a las labores del hogar, que si sólo te interesa adelgazar, que si quieres tener un cuerpo para atraer a los hombres….
La verdad es que no he cambiado mi decisión. Voy a empezar pilates en casa y voy a seguir pensando que es un ejercicio recomendado para personas con escoliosis. Lo que pasa es que me ha sorprendido mucho cómo la sociedad ha convertido este ejercicio en «algo para mujeres» cuando los ejercicios que se hacen en pilates me parecen muy positivos para cualquiera que quiera ejercicios de baja intensidad por temas de salud o simplemente porque le apetece sin importar su género. Y he sentido un poco de empatía por todas las mujeres que llevan, por ejemplo, años jugando a videojuegos que es un sector que las margina constantemente. Por suerte, la sociedad está evolucionando (muy lentamente).
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Hoy es el Día Internacional Sin Dietas y siempre recuerdo a mi madre cuando se habla de «estar a dieta». Ya no está entre nosotros, ya se fue hace muchos años por el puto cáncer pero cuando estaba viva, parte de su existencia la dedicó a hacer dieta. Mi madre no fue sólo eso, era mucho más que este tema pero como hoy es el Día Sin Dietas, me ha venido a la mente ella.
Mi madre era bajita, pequeñita de cuerpo pero con una personalidad gigantesca.. Era capaz de todo, se metía en todas las luchas y luchaba siempre por los derechos de toda persona vulnerable. Era una superheroína pero tenía un lado oscuro. Siempre se veía gorda y no, no lo estaba. Se lo decía antes y lo sigo diciendo ahora. Que aunque tuviese sobrepeso, tampoco sería un problema porque eso no define a nadie. Pero es que en su caso era delgada. Y en sus últimos 10 años que es cuando más la recuerdo, MUY delgada en muchas ocasiones. Lo que pasa es que tenía las caderas anchas, algo que a mí también me pasa un poco. El caso es que estaba muy delgada en general, tanto que recuerdo mucho rodear con cariño su muñeca con mi dedo índice y el pulgar… y sobrarme aún espacio. Recuerdo que usaba camisetas de tallas muy pequeñas porque ella era muy poca cosa. Pero todo esto daba igual. Ella se veía gorda siempre. Eso provocaba que hiciese dietas absurdas en muchas ocasiones.
Probó todas las dietas del mundo. Algunas eran muy radicales. Dietas donde sólo bebía líquidos, dietas de comer sólo fruta, dietas de verduras únicamente, ayunos de todo tipo. Recuerdo algunas etapas suyas donde se encontraba realmente mal por las dietas que hacía. Se estaba destrozando pero ella seguía a lo suyo. Se pesaba y claramente veía que adelgazaba pero el espejo le decía lo contrario. A ella solamente porque el resto de personas de su entorno coincidían conmigo en que estaba delgada. Nunca en mi vida escuché a nadie ni siquiera insinuar que mi madre estaba gorda o que tenía sobrepeso. Es algo que sólo estaba en su cabeza y en su espejo. Su espejo, no los espejos. Ella veía algo en su espejo que no veíamos el resto.
Estaba pensando mientras escribía esto que no recuerdo ninguna etapa de mi madre donde estuviese sin hacer algo relacionado con la dieta. Lo tenía tan normalizado que ni me planteaba que mi madre comiese «normal». Iba a algún sitio y «una ensalada», estaba en casa y «hoy no como». Esa sensación de dieta constante y rara en función de la etapa vital donde estaba.
Recuerdo su última dieta. Había visto en una página web una dieta a base de sobres que se mezclaban con agua y eso suponía la comida de todo el día. Sobres para desayunar, sobres para comer, sobres para cenar. Mi madre estaba media hora antes de las comidas removiendo esos sobres con una cuchara en un vaso grande y los calentaba luego al microondas. Eran cremas de color de la arena o el barro. No podía tener un aspecto más desagradable, la verdad, pero a ella le daba igual. Era su nueva dieta para probar. Lo que pasa es que tuvo que dejarla por «dolores de espalda». Esos dolores se convirtieron en un tumor y ahí empezó el infierno del cáncer que no voy a contar ahora.
A veces me sorprendo echándole la culpa a las dietas por su cáncer aunque posiblemente no tuviesen nada que ver. Lo que sí sé es que odio todo el tema de «estar a dieta». Lo odio con todo mi ser. Sé que «estar a dieta» muchas veces es por necesidad, sé que una dieta supervisada por un nutricionista es una dieta correcta pero no puedo evitar pensar en mi madre, en las dietas que hacía, en su obsesión y en la forma en que se destrozaba el cuerpo con ello. Este artículo no tiene una moraleja final ni nada de eso. Simplemente quería desahogarme con ello y decir al mundo que yo odio las dietas para adelgazar. Las experiencias personales marcan y a mí lo de mi madre me dejó una huella imborrable.
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Yo tenía ganas de escribir esta mañana, me apetecía un montón, la verdad. ¿Qué ha pasado? ¿Una crisis? ¿Un conflicto bélico? ¿Un problema familiar? Pues no, mucho peor que eso.
Estoy intentando pedir cita para renovarme el DNI.
¿Lo habéis hecho? Es como esos vídeos de gente intentando hacer cosas ultradifíciles como lanzar una pelota de tenis desde el piso 20 de un rascacielos y que caiga justo en el cenicero de un coche descapotable que está pasando justo en ese momento por la calle. En los vídeos mola porque ves el momento del éxito pero todos sabemos que esas personas llevan horas intentando hacer eso. Bueno, pues lo de pedir cita previa por web es similar en cuanto a dificultad.
Y ya está. Estoy sin energía ahora mismo con tanto intento. Así que dejo de escribir. Este artículo de queja lo leerán sólo los que están suscritos a mi blog. Contenido premium porque no voy a compartirlo en ningún lado. Sólo espero que vuestro día haya empezado mejor que el mío. -
Esta mañana he escuchado una canción que me ha gustado. Tenía ritmo, una letra chula y me daba buen rollo. ¿Y qué he hecho? Pues lo que hago cuando algo me gusta, buscar más información. ¿Qué me he encontrado? Que la canción estaba hecha con IA, que era de un productor musical que usaba la IA para hacer temas musicales. Y me he sentido decepcionado totalmente.
No voy a entrar en el apartado ético ni tampoco en el asunto ecológico. Son temas que mencionamos constantemente cuando criticamos a la IA. Mi decepción no era por esto. Mi bajón tenía más que ver con la pérdida de valor, de alma, de algo que me gusta. Siento que la música tiene un trabajo detrás, un trabajo del cantante en cuestión, otro de los productores, una fase de creatividad potente incluso con las canciones más simples. La música es algo que toca el espíritu de quien la crea. Y estoy hablando de la música porque es mi experiencia de esta mañana pero esto pasa igual con el arte, con la escritura o con el cine. El lado humano de la cultura me parece fascinante. La creatividad es clave. Me encanta valorar eso.
¿Y qué hace la IA? Se carga la creatividad, se carga el alma. La canción que he escuchado me sigue gustando pero ya no la valoro igual. Ya sé que nadie ha puesto el alma detrás de ella. Mi sensación es que se pierde la esencia humana de la cultura. Pierdo el interés. Porque además soy de esas personas que valora mucho el factor humano de algo. Me encanta saber quién es el director, el fotógrafo o el artista de cualquier obra visual o audiovisual. Me ayuda más entender la obra cuando sé quién es la persona que está detrás. Me parece vital esto….
Pero estoy solo. Lo sé. Vivo en mi burbuja de paciencia y de interés por estas cosas. La canción de la que hablaba antes tenía un montón de visitas, comentarios positivos y era todo un éxito. La gente aplaudía y también notaba que muchos ni sabían que era hecha por IA. Uno decía que le encantaría saber más sobre el cantante, otro que este temazo tendría que estar entre los más escuchados del panorama musical. Vivimos en una sociedad que consume todo a gran velocidad y la IA da eso. Contenido sin alma pero que engancha a gente que ni es exigente ni piensa en el factor humano. Simplemente consume algo rápidamente y pasa de vídeo o de canción con un movimiento de dedo. Sociedad de contenido basura. Sociedad de usar y tirar. Sociedad triste.
(Viñeta de Clara Soriano)
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Siento que en los últimos años tenemos una exigencia enorme cuando vemos cualquier serie o película. Necesitamos que sea algo excelso, una obra maestra, una genialidad, y si no cumple esto, defenestramos lo que hemos visto y nos convertimos en críticos crueles. O amamos a muerte algo o lo odiamos. No hay un «me lo he pasado bien» porque eso no vende ni ocupa titulares. Estamos perdiendo la sensación de ver cosas simplemente por pasarlo guay y ya. Bueno, pues con My Hero Academia me lo he pasado bien. AVISO que hablaré de cosas que son spoilers. Si no la has acabado y quieres verla, no sigas leyendo.
Sí, la acabo de terminar ahora mismo y mi sensación ha sido «qué entretenido es este anime» y «qué buen rollo me despierta». Es una serie mainstream, un clásico pero moderno shonen (serie de animación japonesa para adolescentes) con toda la estructura que tiene un shonen. Motivacional, buenista, con una aventura que tiene el camino clásico del héroe. Personajes carismáticos, topicazos de los héroes de toda la vida, momentos emocionantes, peleas espectaculares y todo eso. No me parece que innove en nada. Además, tiene ese aura infantil e inocente hasta la mitad de la serie. Luego evoluciona a algo un poco más adulto y complejo pero sin pasarse.
Tengo que hablaros de esa evolución sin entrar en detalles. La mitad de la serie es más clasicota infantil y la otra mitad es más clasicota juvenil (que no adulta aunque salgan más escenas violentas o con sangre). Esta evolución ha provocado que se gane un montón de elogios y su última temporada tiene valoraciones monstruosamente altas en medios especializados. Sin embargo, a mí no me ha parecido una obra maestra pero… ¿y qué más da? Es decir, no me ha apasionado pero me lo he pasado BIEN y eso es justo lo que quiero de una serie. Admito que ha habido algún momento en esa evolución que no me ha gustado demasiado porque creo que rompe demasiado con su primera mitad. Tenía el chip buenista con la primera mitad de la serie y que se rompa ese chip me ha molestado un pelín. Por suerte la serie remonta y yo acabo feliz.
Necesito hablar también de los dos protagonistas porque si no lo hago, exploto. Por una parte, Deku, el protagonista principal que es un chico con alma de héroe pero con una personalidad tremendamente plana. Que da igual porque engloba lo que es un protagonista heroico. Quiere salvar al mundo y ya. No tiene más capas. ¿Pero y qué me decís del auténtico protagonista? Bueno, realmente no lo es pero para mí lo es en mi corazón y punto. Hablo de Bakugo, un tipo que te cae mal casi seguro al principio. Está creado para que te caiga mal, para que le odies. Eso sí, su evolución me parece con diferencia lo mejor de este anime. Este chico sí tiene capas y sí tiene algo de complejidad en sus sentimientos. Para mí el héroe de una serie no es el que empieza siéndolo de mentalidad sino el que tiene una base horrible pero se ve obligado a evolucionar para mejorar. Y vaya si mejora. Diréis lo que queráis pero la pelea de Bakugo contra All For One para mí es la mejor pelea de la serie. Midoriya vence al jefe final y tal pero a mí nadie me va a quitar lo que hace Bakugo. Bakugo, te quiero aunque seas un gritón y estés siempre de mal humor.
My Hero Academia es una oda al entretenimiento puro. Como fan del shonen que soy, me ha encantado. Tiene todo lo que le pido a una serie de este estilo. Cumple los requisitos de lo que es un buen anime de superhéroes, aventuras y peleas poderosas. ¿Es la mejor que he visto o está entre las mejores? Pues no pero me lo he pasado bien con ella y he acabado con una sonrisa (con media en mi caso). Hay que abrazar también a las series y a las películas que simplemente nos hacen pasar un buen rato. Hay que ser menos exigentes y disfrutar más de la vida.
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¿Vosotros por qué estáis en el mundo? ¿Tenéis algún propósito vital? ¿Algún objetivo existencial que dé sentido a vuestro día a día? Hay días que me despierto y no sé qué hago con mi vida. Busco un camino que no existe, una meta difusa.
Os confieso que he empezado este artículo hace como media hora y lo he dejado como en tres líneas. No sabía continuar. No por falta de ideas sino por desconcentración. Me surgían otros temas en otros sitios. Mi podcast, mis vídeos, quedadas con amigos, planes, pasado mañana es el Día del Trabajador y yo no trabajo remuneradamente, en cinco días es mi cumpleaños…. Y todo se me ha acumulado en la cabeza. He dejado abandonado el artículo, la idea inicial. Tenía un concepto que exprimir pero lo he marginado en una esquina de este blog. Tenía un título puesto pero lo voy a borrar para poner «Diario de un desubicado». Porque sí, porque me siento así. Sin ubicación existencial fija. No es que no tenga camino, es que tengo muchos pero son como borrosos. No hay una vía fija y sólida. Todas tienen pinta de ser frágiles en mi mente. El camino del podcast quizás es el más fijo de todos pero el resto son sólo sombras no muy contundentes.
Y llueve. En la calle llueve mucho. Lluvia intensa. La verdad es que en estos días de intenso calor, ya era necesario refrescar el ambiente. Que se remoje todo ya, que volvamos a sentir algo de fresco. Porque el calor da miedo, el calor en abril es el aviso al infierno del verano. Nos vamos a asar. Nos vamos a fundir con el asfalto. Y sólo ganarán los fabricantes de aparatos de aire acondicionado junto a las empresas eléctricas. La sociedad seguirá perdiendo como siempre.
Tres párrafos que no tienen muchas relación hasta el momento. Fiel al título del artículo. Pensamientos míos que expulso en forma de letras y se estampan contra esta página en blanco. Algunas se estampan con fuerza, otras de forma sutil pero todas acaban aquí. Ay, qué genial es escribir. Es mágico que los pensamientos acaben en forma de palabras de un blog. Estaba imaginando al mago típico sacando un conejo de la chistera y quería hacer una comparación con lo de escribir pero he caído en que sólo me parece mágico a mí, que sólo yo estoy en el público de ese mago mientras escribo. Porque a vosotros os puede gustar más o menos lo que escribo pero la acción de escribir mis pensamientos es algo que sólo hago yo. Vosotros supongo que podéis escribir los vuestros pero no los míos.
Creo que voy a ir acabando ya este diario de un desubicado. Podría estar aquí todo el día escribiendo cosas aleatorias pero también tengo que hacer otras faenas hoy. No tendré un camino claro en la vida pero soy muy de caminar. Hacia el lugar que sea. Pero caminar. Siempre hay que caminar.
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Antes de empezar, quiero deciros que voto. Que voy a seguir votando y que votar me parece algo esencial. Que ya os estoy escuchando con ese «ñiñiñi» de que hay que parar a los fachas y taparse la nariz para votar, que no sea un antidemócrata y todas esas cosas que seguro que pensáis cuando alguien ataca a políticos queridos.
Dicho todo esto, ya puedo soltar que NO PUEDO CON LA POLÍTICA VIRAL. Lo he intentado, en serio. He sido de los que ha reposteado, elogiado y compartido discursos con zascas en redes sociales. Discursos de esos que quedan genial para aplaudir y animar al político de turno o compartirlo con tu cuñado facha para que se enfade mucho. Es posible además que en el futuro comparta algún discurso viral porque me encanta el tema de la comunicación y estos discursos son tremendamente llamativos en el ámbito comunicativo. Y aún así, estoy cansado de esto. Me parece todo excesivamente teatral. Se elaboran los discursos para redes sociales. Se piensan para conseguir visitas, se crean para conseguir likes. Sé que esto vende una barbaridad, que es lo que se lleva hoy en día. Por eso Rufián es uno de los políticos más queridos, Delgado es la esperanza de la izquierda y Puente es uno de los ministros mejores valorados. Sé que lo que digo es una opinión impopular pero no paro de sentir que hay mucha estrategia comunicativa y pocas acciones reales. Siento que es más importante los likes que las acciones.
Y no digo que yo tenga razón o que esté equivocado. No sé realmente si mi pensamiento es el correcto pero siento que no me llena esta política de los zascas. Porque además es una política que nace desde la derecha y eso me duele más. La derecha propone un marco discursivo, por ejemplo el tema de los burkas, de ETA o de los okupas, y la izquierda trata de crear discursos para dejar mal a estos marcos discursivos. Desmentir bulos es correcto pero a veces creo que ocupan demasiado espacio estos debates y aquí es donde la derecha se pone contenta.
No paro de recordar ese evento que hicieron Rufián y Delgado para unir a la izquierda, un evento con buenas intenciones e ideas interesantes, sí, pero de repente sacaron el tema del burka. ¿Qué pinta en un evento para unir a la izquierda hablar de un debate que ha sacado la derecha? No os imagináis lo que me enfadé. Una vez más, la política del zasca en pleno apogeo en un sitio donde no era necesario.
¿Sabéis lo que más me gusta de Óscar Puente? Cuando hace su trabajo como Ministro de Transportes. Porque sí, lo hace, se nota que trabaja bien y lo hemos visto alguna vez en sucesos importantes como lo de la DANA. Se nota que Puente trabaja. A veces estoy de acuerdo con sus decisiones y otras no pero hay una labor detrás que me parece bien. ¿Y sabéis lo que me rompe de él? Cuando responde para dejar mal en Twitter, cuando es brusco. Esta actitud tan elogiada y aplaudida, ese rollo agresivo o contundente a mí me desconecta de él.
Hay otra cosa sobre la política viral que me destroza mucho y es que la base sea discutir. Que lo importante realmente sea contrarrestar al rival. Esto convierte a la política en un constante enfrentamiento. En una batalla todo el rato. Todas las semanas se aprueban medidas en el Congreso, algunas muy interesantes, pero no ocupan tanto espacio en medios. ¿Sabías que a partir del 18 de mayo se podrá pagar con Bizum en todas las tiendas de España? Es una medida que se va a llevar a cabo en breve y me parece interesante de analizar pero esto no está en portada ni tampoco vende mucho. Vende el conflicto, el enfrentamiento, la discusión….
Yo entiendo la política como una herramienta para mejorar la vida de la gente. Un sitio para debatir con el objetivo final de acabar proponiendo una medida que favorezca al máximo número de personas. Soy un idealista y un buenista porque esto que estoy diciendo no vende nada. No da titulares, no genera tantas visitas ni ocupa tanto espacio en redes sociales. Sé que todo lo que he dicho en este artículo es impopular y que no va a gustar nada porque «hay que meterse en el barro para luchar contra ellos» o «nos comen los fachas». Lo sé pero yo voy a seguir siendo idealista tratando de mejorar el mundo porque vivo mejor así, la verdad.
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Ayer me vi el documental «Dentro de la machosfera» de Louis Theroux y no paro de pensar en algo. La discapacidad ni está ni se la espera. Más allá de lo que piense yo de los machos alfa, lo que siempre me viene a la mente es que la discapacidad es una derrota para ellos. Necesitan aparentar todo el rato ser hombres fuertes, protectores, competitivos, físicos y un hombre con discapacidad rompe sus esquemas.
Pero esto no es sólo sobre la machosfera. La discapacidad también rompe masculinidades frágiles fuera de los machos alfa. Lo primero y más evidente es que muchos hombres con discapacidad no cumplen el arquetipo de «hombre fuerte» porque su discapacidad les limita físicamente. En mi caso sólo es una discapacidad facial pero también tengo escoliosis y un problema en la rodilla izquierda que no es visible pero que me ha lastrado toda mi vida. Nunca me he considerado un hombre típico y he sufrido por ello en otras etapas de mi vida. Soy bajito, era siempre el último en gimnasia y físicamente siempre he sido un desastre. Cuando se hablaba de ligar o de relaciones en mi entorno del pasado, a mí se me descartaba. No era una opción para ello. Aunque soy hetero y cumplo muchas veces roles de heterobásico por estar en un entorno muy «hombre», he tenido dudas sobre mi condición sexual. Recuerdo en mi adolescencia plantearme si era gay, Y no porque sintiese atracción por los hombres sino porque no me veía en el rol de hombre hetero común. Era otra cosa que no sabía explicar.
Volviendo a lo de la machosfera, hay otro aspecto que rompe con su masculinidad ideal y que tiene que ver con la discapacidad. La discapacidad juega muchas veces con las emociones, con llorar, con el dolor, con el sufrimiento, con la pena… y esto está prohibido en la machosfera. No pueden mostrar esa «debilidad» porque les reduce valor. Consideran que las emociones hay que expresarlas poco, que no hay que quejarse y que hay que luchar mucho por tus objetivos sin mostrar signos de fatiga. Esta parte es la que yo tenía hace años. A falta del apartado físico, me centraba en «luchar» y en no mostrar emociones. Mi parálisis facial ayuda, por supuesto, pero también bloqueé las emociones de llorar hace muchos años porque cuando lo hacía, otros hombres me atacaban. Así que decidí romper emociones. ¿Qué he hecho en los últimos años? Tratar de volver a sentir emociones, tratar de mostrar algo más de vulnerabilidad. He entendido que la fortaleza no está en ocultar emociones sino en mostrarlas sin miedo. Me está costando, eso sí, tras años y años bloqueando emociones.
No quiero profundizar mucho sobre la machosfera porque es un tema más complejo que lo del «hombre fuerte» pero viendo ayer el documental, me sentí realmente aliviado por estar tan alejado de esas personas. No los tengo cerca ni en mi entorno real ni en el digital. Estoy realmente lejos de ellos en tantos aspectos que me alegré un poco de tener una discapacidad. Y también me pasó otra cosa curiosa al terminar de verlo. Vi mucha inseguridad y fragilidad. Hombres obsesionados todo el rato con aparentar, con mantener una imagen sólida y con estar siempre fuertes. Siempre digo que la discapacidad es una limitación pero ayer sentí que muchos de ellos estaban más limitados que yo en su vida. Me pareció triste porque su límite no era obligatorio, no era una condición como lo puede ser la discapacidad. Era un límite que se ponían ellos con su imagen, apariencia y demás. Tenían que ser «hombres fuertes» todo el rato. Qué pereza, ¿no? Vivir atado a eso tiene que ser muy cansado y sobre todo muy limitado. Con la cantidad de masculinidades que podemos experimentar y muchos se centran en una más antigua que el comer.
¿Sabéis? Me siento afortunado de no ser como ellos. Y así quiero acabar este artículo.