Ahí estaba ella. Prominente, frondosa, enorme y rectangular. Sobre todo rectangular. Me dio la sensación de ver un rectángulo perfecto. Alargado pero sin perder volumen. Parecía un trabajo hecho en las insoportables clases que tenía de dibujo técnico en el instituto hace mil años. Una ceja de escuadra y cartabón.

Detrás de la ceja había un hombre de mediana edad. Muy moreno, de rasgos faciales toscos y duros, con aspecto cansado que caminaba con buen ritmo. Os reconozco que este hombre era lo de menos. No me llamó la atención. Era una persona más en la avenida por donde yo iba. Pero su ceja… ¡Ay, qué ceja! De esas que no se olvidan. De esas que pueden llegar a ser protagonistas de un pequeño relato dentro de un blog de un señor con cara rara.

¿Os estáis dando cuenta que estoy hablando de una sola ceja en vez de dos? Pues esto tiene una explicación muy sencilla. Al hombre de la ceja sólo lo pude ver unos dos segundos y de perfil. Pasó por mi lado y cuando quise fijarme más, ya estaba a mi espalda. Fue fugaz. Un chispazo. Un obús que apareció de repente y de repente desapareció. Y claro, al pasar de perfil, sólo pude verle una ceja. ¿Sería igual la otra? ¿Tendría una hermana gemela igual de excepcional y maravillosa? Me apené en ese momento porque este texto podría haber sido la historia de dos cejas pero una hizo acto de presencia en mi visión.

Tras ver a la espectacular ceja, lo primero que pensé fue si era real. ¿Y si era una ceja pintada? He visto a mucha gente que se pinta las cejas porque apenas tiene. Es una opción estética respetable, la verdad. Y luego pensé: ¿Una ceja pintada es una ceja igualmente? Yo diría que sí aunque no sé si hay estudios al respecto sobre esto. Aunque creo que no son necesarios estos estudios porque lo que cuenta es la opinión de la persona de la ceja pintada. ¿Que él o ella dicen que es una ceja? Pues no hay mucho más que añadir.

Sea pintada o no, era una señora ceja de los pies a la cabeza. De esas cejas que quieres invitar a tomar un café para que te cuenten su vida. Porque una ceja así tiene que haber pasado de todo. Y también debe haber visto cosas totalmente fascinantes. Me niego a pensar que una ceja de esas características haya tenido una vida anodina. Ojalá algún día publique sus memorias, ojalá nos cuente sus aventuras y desventuras. Yo las leería todas.

Podría estar mucho más tiempo hablando de esta ceja pero imagino que vosotras tenéis cosas que hacer hoy. Pararse a leer un relato sobre una ceja quizás no era lo que esperabais cuando os habéis despertado esta mañana pero estamos viviendo tiempos complicados y creo que a veces es bueno abrir la ventana para que entre aire fresco.

PD: No he encontrado una foto de una ceja como la que vi. Así que he elegido una ventana para que corra un poco el aire como digo en el último párrafo del texto.

Ventana abierta. Al fondo se ve césped y ovejas pastando.

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2 responses to “Historia de una ceja”

  1. Avatar de Rebeca
    Rebeca

    Se me está volviendo rutina leerte nada más despertar. Mucho mejor para el ánimo que las redes sociales o noticias. Espero que algún día veas la otra ceja 😂😂

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    1. Avatar de Ugo Sin Hache

      Ay, tu comentario me ha hecho un montón de ilusión. Soy muy novato en esto de escribir así que te pido perdón de antemano si escribo cosas cutres o experimentales. Un abrazo y gracias por leerme.

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