A ver, hacer un artículo así un lunes no tiene mucho sentido porque es el peor día de la semana pero me apetecía decir hoy que nos ofendemos demasiado. Que ofenderse por injusticias está muy bien y señalar discriminaciones o barbaridades es algo que hay que hacer siempre pero llevo años pensando que en redes sociales nos ofendemos mucho más de lo normal.
Estaba pensando que ayer dije que el doblaje es una herramienta accesible que ayuda a mucha gente y recibí algunos comentarios agresivos por ello. Agresivos porque escribí que hay personas mayores o gente con discapacidad intelectual que necesitan el doblaje para acceder a la cultura. ¿Pero por qué se ofenden? ¿Odian a las personas mayores o a las personas con discapacidad? No, la verdad es que no. Alguno habrá que sí pero no es lo normal. Lo que pasa es que en redes sociales (y un poco en la vida real) creemos que todo es blanco o negro. Si apoyas el doblaje, por ejemplo, la gente cree que ODIAS LA VERSIÓN ORIGINAL. Tiene gracia porque la mayoría de series o pelis que veo, las disfruto en versión original subtitulada pero hay gente que hace guerras digitales porque necesita siempre dos bandos.
También hay otros puntos por los que nos ofendemos. Uno de ellos es el de los malentendidos. No nos entendemos en redes. No captamos el tono (porque a veces no sabes qué tono tiene una palabra escrita), no captamos las ironías, no captamos el contexto y además nuestra capacidad lectora es deficiente en muchos casos. Y lo peor es que tenemos el chip de la «competitividad» y necesitamos ganar al otro. Así que si nos equivocamos al entender al otro, muchos lo negamos y seguimos en la guerra que nos hemos montado en nuestra cabeza. En el mundo real, posiblemente muchas de estas discusiones acabarían en nada porque ahí sí podemos calibrar nuestro tono o nuestra forma de decir las cosas.
Importante añadir que queremos ser alguien y destacar. En el mundo real esto es más difícil pero en las redes sociales podemos montarnos nuestro personaje y perdemos el miedo a decir chorradas porque nadie va a darnos un golpe por la calle. Estamos a salvo tras una pantalla. ¿Qué significa todo esto? Que tenemos vía libre para decir cosas polémicas ya que además vende. ¿Y qué provoca esto? Enfados, ofensas y crispaciones. Ganamos likes, interacciones y reposteos a cambio de generar incomodidad. Ganamos relevancia a costa de la ofensa.
Si a todo esto que he comentado le añades que las redes sociales impulsan cualquier contenido polémico, te creas un combo de ofensa bastante guapo y acabas el día enfadado. A mí me pasa a menudo aunque estoy aprendiendo en los últimos meses a desconectar a ratos de toda esta vorágine de ofensa digital. Recalco lo de digital porque cuando salgo de las redes sociales, todo es calma. Que sí, que hay gente ofendida en el mundo real pero la mayoría quiere vivir lo más tranquila posible.
En fin, que nos ofendemos y entramos en discusiones de forma habitual tras una pantalla. Y yo estoy un poco cansado de ello. Por eso me ha dado por escribir este artículo. ¿Es un artículo ofendido? Pues mira, no había caído en ello pero sí, podría considerarse como tal. ¡Oh, no, estoy contribuyendo a aumentar la ofensa digital! ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo puedo arreglar esto? Encima es lunes, es que todo mal. ¿Cómo puedo volver a reconectar con mi parte calmada? ¡Vale, ya lo tengo! Pondré como imagen del artículo a una capibara. A mí ver a este animalito me relaja y seguro que a la mayoría de vosotros también. ¡Marchando una capibara!
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
Posted in Artículos de opinión
Deja un comentario