Mi relación con la lectura es irregular. Hay etapas de mi vida donde leo mucho y otras en las que no leo nada. En los últimos años me pasé a los audiolibros por falta de concentración pero por un tema de trabajo me tuve que leer un par de libros físicos. ¿Y qué he descubierto? Que vuelvo a poder concentrarme. Vuelvo a poder leer. El Ugo lector vuelve a estar en el mundo. ¡Tengo que aprovecharlo!

El tema es que llevaba unas semanas con un dilema. Vivo en una casa pequeña y empiezo a tener problemas de espacio para guardar libros. A eso se le une que necesito ahorrar un poco dinero y los libros, quieras o no, son un gasto. Alguno dirá eso de que existe el formato digital y hay multitud de lugares de dudosa legalidad donde puedo pillarme libros digitales de forma gratuita. Y sólo necesitaría un móvil, ¿no? Bueno, pues reconozco que soy un poco romántico. Me gustan los libros en formato físico. Pasar las páginas, tocar el papel, el olor, tenerlo en la mano, sentir su peso, valorar los diferentes formatos de letra impresa en cada página. Tanto en mis etapas lectoras como en las que no tocaba un libro, adoraba tener libros en casa porque son como un trozo de vida de alguien que tienes tú en un lugar físico, que no está en una nube o en un ordenador. Es un trozo de vida que puedes tocar. Me maravilla esto. Tocar un libro es tocar parte de la mente del autor o autora que lo haya escrito. ¿No mola eso? A mí me encanta…

Bueno, que me desvío. El caso es que no tengo espacio en casa ni tampoco quiero gastar dinero pero quiero volver a leer. Volver a engancharme a los libros físicos. Mientras pensaba en el dilema, mi pareja me dejó un libro que le regalaron hace tiempo. «La biblioteca de los nuevos comienzos» de Michiko Aoyama. Aún no lo he acabado pero la estructura del libro consiste en que varios personajes con problemas en la vida acuden por casualidad a una pequeña biblioteca de barrio y la bibliotecaria les recomienda un libro que les cambia su existencia.

Y claro, yo he pensado: ¿tengo alguna biblioteca cerca? Cuando era muy joven, en mi Valencia natal solía ir a una biblioteca del centro de la ciudad para leer la prensa diaria. Eso sí, nunca he tenido carnet ni nada de eso. Sólo iba y disfrutaba de las revistas o de la prensa en el mismo lugar. Luego me iba a casa y a otra cosa. Lo que pasa es que ahora ya no vivo en Valencia ni tampoco me interesa leer la prensa en papel. Quiero leer libros. ¿Y qué he hecho? Pues mirar dónde está la biblioteca más cercana a mi casa. ¡En 12 minutos andando! me ha dicho Google. Y allá que he ido casi sin pensar.

Más que una biblioteca., era un centro social. Pero con biblioteca en el interior. Concretamente en el segundo piso. Me lo ha dicho una mujer muy maja que estaba en la entrada. ¿Qué me he encontrado al subir? Una biblioteca pequeña pero con un montón de libros. Me ha sorprendido porque eran como dos salas pero estaban muy bien aprovechadas. En unas pocas estanterías tenía una cantidad de libros enorme en muy poco espacio. ¡Y me he emocionado! Tengo material más que de sobra y un montón de secciones para elegir el que más me guste.

El bibliotecario además ha sido muy agradable. Me ha explicado todo a la perfección. Y me ha hecho el carnet de la biblioteca en 5 minutos. Como siempre, ha mirado mi DNI y ha dicho las palabras clásicas. «Oh, Ugo sin hache. Qué curioso. Nunca había visto uno.» Y yo, por supuesto, le he respondido con mi frase clásica de «ascendencia italiana y en Italia Ugo es sin hache». Admito que lo de la ascendencia italiana es muy atrás en el tiempo pero me sirve para no tener que dar muchas explicaciones. Pero a lo que vamos, el señor ha sido agradable, calmado y paciente. Le he hecho un montón de preguntas de ignorante como «cuánto tiempo puedo tener un libro», «cuántos puedo sacar» y demás cuestiones básicas. Necesito preguntar siempre porque no quiero quedarme con dudas de nada y ha aguantado con tranquilidad el señor.

Y cuando tenía el carnet en mis manos, me he ido a buscar libros. Había MUCHOS interesantes y he tenido que convencerme de que no iba a ser la última vez que iba a estar ahí porque daba la sensación de que la elección era clave y realmente no es así. Si no cojo un libro ahora, lo cogeré más adelante, ¿no?

Al final he escogido uno gordito sobre superhéroes y filosofía. Soy raro, qué se le va a hacer, pero el concepto de mezclar a Superman con Sócrates o cosas por el estilo me parece intrigante. Estoy seguro que escribiré en el futuro algún artículo sobre ello así que pido perdón de antemano por la turra.

Le he enseñado el libro al bibliotecario, me ha puesto la fecha de devolución al principio del todo y me lo ha dado. Sin pagar nada, sin necesidad de hacer nada complejo. Me ha dado un trozo de cultura, un trozo de conocimiento porque me apetecía tenerlo y ya. ¿No es mágico esto? Sí, ya lo sé, son nuestros impuestos pero me sigue pareciendo mágico poder tener al alcance de mi mano cientos de libros sin necesidad de pagarlos de mi bolsillo en ese momento.

¿Y sabéis una cosa? He salido feliz de la biblioteca. Es pequeña, de barrio y no tiene un contenido muy extenso pero es la mía, la que tengo más cerca y a la que puedo acudir cuando quiera porque está a 10 minutos de mi casa. Hoy mi media sonrisa parecía sonrisa y media.

Una persona sentada en el suelo está leyendo un libro abierto que tiene entre las piernas.


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