Eso es lo que siento muchas veces cuando me meto en cualquier debate sobre colectivos discriminados donde se señalan privilegios. Me da exactamente igual el colectivo porque siento que la defensa muchas veces comparte rasgos similares. No es idéntico, por supuesto, pero la estructura de todo esto es muy parecida.
Mirad, un bando primero es rechazado, marginado, agredido, acosado, violado e incluso en muchas ocasiones llega a ser asesinado. Por poner un ejemplo muy gráfico que mezcla varios colectivos, hace unas semanas una abogada me decía que un violador se había librado de un juicio porque su víctima era una mujer con discapacidad intelectual y no era capaz de comunicarse correctamente. Aquí hay agresión, violación, machismo, capacitismo y un rechazo social tremendo. El caso es que veo a colectivos discriminados sufrir muchísimo hasta puntos realmente perturbadores y horribles.
Y luego hay otro bando en los debates. El bando del privilegio. Que no son violadores todos, por supuesto, pero sí participan en multitud de situaciones de rechazo y agresiones. Muchas veces de forma inconsciente porque el privilegio es invisible en la mayoría de ocasiones. Lo de la invisibilidad del privilegio lo suelo explicar con otro ejemplo muy claro. Yo tengo discapacidad pero no movilidad reducida y nunca en mi vida me había planteado si las ciudades o los sitios eran accesibles. Un día quedé con un amigo que va en silla de ruedas y se me rompió mi realidad. Apenas podía ir por la ciudad. Cada bache, cada escalón, cada pequeño desnivel era un muro enorme para él. Acabamos hablando en la calle un buen rato porque no podíamos ir a casi ninguna parte. Y no hablo de un pueblo. Estoy hablando del centro de la capital de España.
El caso es que suele haber dos bandos, el oprimido y el del privilegio. El oprimido sufre muchísimo tanto física como mentalmente y el del privilegio ni se acerca a este tipo de sufrimientos. Pero de repente en los debates recientes, el bando del privilegio se siente víctima. Pide que le hagan caso, pide que no se le invisibilce. ¿Invisibilizar por? Nunca he visto a alguien gay, a una mujer o a una persona con discapacidad invisibilizar a una persona normativa. Lo habitual, de hecho, es lo contrario. Pero eso, que piden respeto desde el privilegio y piden que pensemos más en ellos, que están sufriendo. Sufriendo por palabras.. No les están violando, no les están agrediendo físicamente, no les están matando. El sufrimiento viene porque el colectivo discriminado está tratando con palabras de explicarles que ellos son privilegiados. Y sé que es incómodo que te digan que tienes privilegios. Yo he sentido incomodidad un montón de veces. Pero me parece totalmente justo que si quiero igualdad de derechos, tenga que perder algunos privilegios. No se me ocurre ponerme a defender mis privilegios.
Siempre me ha parecido cruel que muchas veces pisoteen nuestros derechos y luego los malos seamos nosotros por quejarnos o por señalar privilegios. Que si tenemos que rebajar el tono, ser más educados, actuar con más tacto. Todo esto mientras nos pisotean. Que además de ser agredidos, tengamos que esforzarnos un montón para que el bando del privilegio no sienta la mínima incomodidad. Me da un montón de rabia esta situación y me cuesta mantener las formas. Y todo esto en el caso de que nos hagan caso porque lo normal es que nos ignoren o nos digan que «ahora no toca» porque hay cosas más importantes para luchar.
Este artículo es un desahogo. Yo voy a intentar seguir mejorando en mis formas para convencer mejor con argumentos pero me encantaría que la gente tuviese más empatía y fuese capaz de reconocer sus privilegios. Que las agredidas y los agredidos no seamos los únicos que ceden, por ejemplo, sería un gran paso para empezar. Siempre pienso que en un mundo mucho más cruel, los colectivos discriminados habríamos optado por hacer atentados pero al final hemos elegido las palabras para tratar de cambiar la sociedad. Ojalá en el futuro todo esto sirva de algo. Quiero creer que sí aunque en el presente seguiré sintiendo rabia cada dos por tres. 
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
-
-
Yo tendría 15 años y era consciente de que mi aspecto no era normal. Me aferraba a mi niñez, una etapa feliz de mi vida, y me negaba a crecer. No quería ser adulto. Esto es curioso porque la mayoría de adolescentes lo que quieren es aparentar ser mayores mientras que yo sólo quería jugar a videojuegos o ver series de dibujos en televisión.
En esa época ya sentía bastante la discriminación por mi aspecto. Bullying y burlas tanto dentro como fuera del instituto. ¿Cómo podía huir de ello? ¿Cómo podía combatir esto? Podría haber optado por buscar entornos más sanos o acudir a terapia. Podría habérselo dicho a mis padres y buscar soluciones adecuadas para un chaval de 15 años… pero opté por el camino más fácil y más perjudicial. El alcohol. Si aceptaba irme de fiesta con mis compañeros de instituto y bebía hasta reventar, olvidaba por un momento mi discapacidad y también mis problemas. Lo jodido realmente es que me estaba provocando un nuevo problema. Porque el alcohol no me sentaba bien ni me hacía sentir mejor. Sólo tapaba una realidad jodida pero no la hacía desaparecer.
Confieso que no bebía TANTO porque buscaba siempre excusas para no salir de fiesta. Pero cuando salía, siempre acababa mal. Recuerdo un cumpleaños que tuve donde básicamente todo son lagunas de memoria. Yo vomitando, yo sentado en el suelo apoyado en un coche, yo tumbado en el césped, yo volviendo a casa en un taxi, yo no acertando a abrir con la llave hasta despertar a mi padre. Para algunos estas fiestas son dignas de recordar pero yo siento vergüenza por esa falta de control y esa actitud de huir de los problemas.
Beber para olvidar. Beber para esconderme. Beber para no pensar. Beber para ser aceptado fingiendo lo que no soy. Odio ese pasado que tuve. No fueron muchos años por suerte pero recuerdo esa etapa de botellones y cogorzas como una etapa horrible de mi vida donde dejé de ser yo para convertirme en un esclavo de la sociedad. Y lo peor es que la bebida no solucionaba mis problemas. Seguía siendo discapacitado, seguía recibiendo burlas, seguía con unos problemas enormes de aceptación. La bebida sólo me fastidió un poco más la salud y me hizo ser quien no era.
Pero salí de ese pozo. Cuando acabó el instituto, dejé de beber. Me aparté de esos entornos y vi todo con perspectiva. Sentí vergüenza y me dije a mí mismo que jamás volvería a beber. Me hice abstemio. No volví a probar el alcohol y estoy orgulloso de ello. Orgulloso de no ser uno más que bebe por obligación social. Orgulloso de ir en contra de este sistema alcoholizado en el que vivimos. Y sobre todo orgulloso de no tener miedo a decir que el alcohol es una droga perjudicial para la salud.
-
¿Sirve de algo debatir hoy en día? ¿Cambia opiniones realmente? Ayer hice una crítica a un post de Echenique que me pareció que tenía algo de homofobia y hoy me he encontrado a alguien diciéndome que el homófobo soy yo por dar por hecho que el sexo anal es cosa sólo de gais. Me lo ha tratado de argumentar como ha podido y luego ha dado su opinión de por qué Echenique hablaba de otra cosa diferente. A mí no me ha cambiado mi opinión pero sus argumentos eran más o menos coherentes y aceptables. Lo suficiente como para aferrarse a su teoría.
Más allá de lo que haya dicho, me he puesto a pensar en la enorme cantidad de debates que hay hoy en día en redes y la cantidad de giros que dan para beneficiar posturas. También sé que en Estados Unidos el tema del debate se estudia en profundidad y se crean hasta escuelas que giran en torno a eso. ¿Recordáis al fallecido Charlie Kirk? Él solía hacer debates contra universitarios que luego publicaba en redes o que retransmitía en directo. No los hacía para demostrar su inteligencia o sus conocimientos sino para hacer ver su habilidad en los debates. Muchas veces quedaba mal pero le daba igual. Recuerdo cómo un estudiante de historia le humillaba con un tema de la Biblia y Kirk replicaba con un «bueno, pues a mí no me parece bien». Acto seguido pasaba al siguiente tema como si no hubiese pasado nada. Le podían dejar mal mil veces pero él seguía haciéndolos y además seguía creciendo en seguidores.
Esto cada vez se está haciendo más en otros lugares. Científicos contra negacionistas, hombres machistas contra mujeres, ultraderechistas contra progresistas. Todos estos debates acaban convertidos en clips de vídeos de 30 segundos que buscan beneficiar a unos o a otros. Si defiendes la ciencia, compartirás un fragmento donde un científico deja mal a un terraplanista. Si eres negacionista, compartirás un fragmento donde un tipo cuestiona la ciencia y el científico duda dos segundos. Todos nos quedamos con lo que nos interesa y siento que casi nadie cambia su opinión.
Cada vez más gente sabe debatir. No digo que tengan conocimientos de todo tipo de cosas sino que SABEN debatir. Cada vez hay más debates que no llegan a nada, que sólo ensucian y que encima ocupan un espacio valioso que podría haber sido ocupado para otras cosas más útiles. Y todos caemos en ello. Todos entramos en debates eternos que no llegan a ningún lado pero que nos enfadan y nos atan para seguir debatiendo. Debates sin fin y muchas veces sin sentido. Debates que no son reflexiones sino peleas de boxeo. En vez de decir «qué hemos aprendido de este debate», lo que decimos es «quién ha ganado el debate». Porque lo importante es ganar y aferrarte a tu idea en vez de aprender algo.
En fin, conforme pasan los años, menos ganas tengo de debatir porque siento que ocupa mucho espacio en mi mente que no llega a nada. Seguro que ahora alguien leerá este texto y hará otro en contra de mi opinión. No me convencerá ni yo a él pero se abre la veda a otro debate eterno.
-
Estaba tumbado en la cama de mi habitación. Era adolescente y no era capaz de dormir. Las 12 de la noche y al día siguiente tenía instituto. «Ugo, duérmete ya que mañana vas a estar hecho polvo». Pero no, no había forma. ¿Qué me estaba pasando? Cualquier otro adolescente como yo pensaría en chicas, en fiestas, en videojuegos pero yo tenía en la mente la nada. La nada en todo su esplendor. Estaba reflexionando sobre la muerte y de repente me entró un pánico enorme a la nada. A la nada que hay detrás.
Cualquier creyente me dirá que tras la muerte está Dios, está Alá, está Buda…. pero yo no era ni soy capaz de creer. Necesito pruebas empíricas y me encantaría que las hubiera. Es decir, sería muy cómodo para mí creer en alguna religión porque me tomaría la vida de una forma más relajada. Pero no, mi mente lo que estaba pensando es que tras la muerte no había nada. Una nada grande, expansiva, que lo ocupa todo. Un vacío vacío. Porque un vacío no puede estar lleno, ¿no?
Sudores y lágrimas. Angustia plena. Enfado. Daba golpes al colchón mientras lloraba. No quería convertirme en nada. No quería desaparecer. Que alguno me dirá ahora que no desapareces si los demás te recuerdan pero… ¿qué más daría si yo no existo? ¿Qué más da lo que pase después si yo ya no estaría allí? Sí, yo querría que mis seres queridos tuviesen una vida plena después de mi muerte y que fuesen lo más felices posibles pero ese pensamiento es del yo vivo. El yo muerto no tiene pensamientos. No existe.
No tenía miedo a la muerte. Ni al dolor que pudiese producir esa muerte. Tenía miedo al después. ¿Después qué? Además, me entraba pánico no saber identificar la nada. ¿Qué era? ¿Cómo puedes describir algo que no es tangible? La nada existe y no existe a la vez. La nada en su apogeo lo ocupa todo y no ocupa nada porque es nada. Mi cabeza de adolescente no paraba de darle vueltas a la nada. Pero no llegaba a ninguna conclusión porque la nada no concluye. La nada siempre está pero nunca está porque no hay nada en la nada.
Uf, ya me estoy liando demasiado. Creo que nada de lo que diga va a cambiar nada. Y si no hubiese escrito nada, no habría pasado nada tampoco.
Nada más que decir.
-
Yo tenía 16 años o así, estaba en plena adolescencia con las hormonas a flor de piel pero con una cara rara por mi discapacidad. No había tenido relaciones de pareja nunca y tampoco relaciones sexuales. Para mí eso era un drama. ¡IBA A ESTAR SOLO TODA MI VIDA!
Por si eso no fuera poco, recordaré siempre una anécdota muy cruda y dura que me ocurrió con un compañero de clase. Estábamos sentados en el césped hablando de nuestros futuros, de qué carrera universitaria elegiríamos, de qué esperábamos en la vida y de repente me soltó una frase que se me quedó grabada. «Ugo, debe ser duro saber que nunca tendrás relaciones de pareja. Y si quieres relaciones sexuales, tendrás que pagar.» No me lo dijo como burla ni como insulto. No me lo dijo tampoco a malas o para ofenderme. Me lo dijo porque lo creía realmente. Le salió del alma y ya está.
Después de esa frase que no supe replicar, la conversación siguió como si nada. No hubo enfados ni mal rollo. Yo me sentí incómodo y mi compañero cambió de tema como si lo que hubiese dicho no fuese importante.
Lo curioso de todo esto es que siempre que recuerdo esta etapa de mi vida, me doy cuenta de todo lo que he cambiado. Lo primero que tengo que decir es que mi compañero se equivocaba en muchas cosas. He tenido bastantes más relaciones de pareja en mi vida que muchísima gente (cosa que no me parece un éxito pero esto lo cuento luego) y evidentemente he tenido relaciones sexuales. Sí, teniendo esta cara rara y sí, no pudiendo dar besos normativos. Pero a mis parejas no les ha importado demasiado porque valoraban otras cosas de mí. Nos hemos adaptado y listo. Adaptarse es la acción preferida de las personas con discapacidad. Lo hacemos todo el rato y nadie lo valora.
¿Pero tener relaciones de pareja es un éxito? Tener pareja a mí me parece agradable y además personalmente me sienta bien pero no entiendo esa presión constante de la sociedad por hacer ver esto como un triunfo. Puedes ser feliz teniendo pareja y puedes ser feliz no teniéndola. Muchas veces siento que se nos presiona para tener pareja, hijos, una familia o sexo. Son como los objetivos sociales por excelencia. Si eres virgen, eres un perdedor. Si no tienes hijos, se te pasa el arroz. Si no tienes pareja, eres un triste solitario. ¿Por qué? Presión social. Presión social que pasa a tu yo personal y te afecta en el día a día. Añado además que tener pareja no es la única relación social que existe. Las amistades pueden ocupar muchas veces ese espacio de socialización que necesitamos. Alguno dirá que no es lo mismo pero yo he visto a parejas con relaciones menos sanas que muchas amistades y estoy seguro que vosotras también.
En el programa de La Revuelta de David Broncano hay una pregunta clásica que habla sobre el número de relaciones sexuales que has tenido en el último mes. Si respondes un número alto, se respira un aire de triunfo con aplausos intensos. Si dices que tienes pocas, se respira un aire de fracaso, de tristeza, de soledad. Broncano pide el aplauso por «la valentía de contar algo triste» básicamente. ¿Pero y si no quieres tener sexo? ¿Y si eres asexual? ¿Eres un fracasado? La respuesta es que no. Si eres feliz como eres, da igual lo que diga la sociedad. Si algún día voy a este programa, pienso decirlo claramente. Que además sé que me van a entender muchos. No tener sexo NO es un fracaso ni un problema. Tampoco es una necesidad básica. Se puede vivir sin sexo con gente aunque a algunos les cueste entenderlo.
Con todo esto, lo que quiero decir es que me parece absurda la presión social por tener pareja o tener sexo porque cada persona es un mundo. Ni tener sexo es una necesidad social ni tener pareja una obligación. Si quieres tener pareja, intenta buscarla porque tú lo sientas, no porque te lo diga la sociedad. Y si no quieres tener pareja, estás en todo tu derecho. Nadie debería exigirte nada.
-
Un día sales a la calle, con cuidado porque tu país está en pleno conflicto, y de repente dejas de existir. No existe ni tu cuerpo, que desaparece contigo. No eres nadie. Ni rastro. Si tienes familiares cercanos, te recordarán pero si no tienes a nadie que te recuerde, te conviertes en vacío. Con el paso de los años, un medio hace un estudio y revela que hay 3000 gazatíes que se evaporaron. Vuelves a existir pero en forma de número. Eres uno de esos tres mil. Un ser humano que posiblemente no tenga nunca nombre porque la prensa te trata así.
Acabo de leer la noticia de que Al Jazeera Arabic ha publicado un estudio sobre el uso de armas prohibidas por Israel para hacer evaporar a la población y me ha dejado fatal este asunto. Según la noticia, estas armas que ha usado Israel son armas térmicas y termobáricas que alcanzan temperaturas de más de 3500 grados. A ese nivel de calor, el cuerpo de una persona se convierte en ceniza en poco tiempo. Dejan a veces rastros de sangre y poco más. La única prueba del uso de estas armas tiene que ver con la carcasa que dejan. No hay pruebas de cuerpos porque los cuerpos ya no existen al cabo de un rato. Es tan horrible todo esto que siento una impotencia gigantesca.
También leo que estas armas tan atroces se han usado en zonas seguras. Por ejemplo, una carcasa de estas armas fue encontrada en una escuela llena de refugiados. Imagina cómo tienes que ser para lanzar un arma así en un lugar donde se refugia gente. Bueno, no, imagina cómo tienes que ser para lanzar un arma así.
Y no pasa nada realmente. Es decir, hay personas que han dejado de existir de la forma más cruel posible pero Israel sigue con su vida. He visto esta mañana que el presidente de este país ha visitado Australia. ¿Le han detenido o juzgado? No, han detenido a 30 personas por protestar contra él. No detienen al que ha evaporado personas, detienen al que protesta contra esto.
He hecho este artículo sólo para recordaros que hay personas sin nombre que han existido en Gaza y que se han evaporado. Personas cuyos nombres no sabréis nunca y cuyo paso por el mundo será olvidado. Personas que se convirtieron en cenizas. Qué repugnante eres, Israel. Qué injusticia más grande. Qué asco todo.
-
La frase del título de este artículo me la dicen todos los días. Me la dicen constantemente. Gente muy diferente entre sí decide unirse con esta frase. Da igual que yo hable de una cosa o de otra. Da igual que esté haciendo humor o que esté hablando de derechos humanos. El «No hagas caso a los insultos» es la frase que me acompaña desde hace mucho tiempo. ¿Por qué tanta insistencia? ¿Tanta gente quiere protegerme aunque yo hable de otras cosas? ¿Qué está pasando con esto?
Bienvenidos a un análisis excesivo del «No hagas caso a los insultos». Un análisis que nadie me ha pedido pero que me apetece hacer porque no sé callarme.
Vamos a empezar por la base. ¿Hay necesidad real de protegerme de algo? Yo creo que sí pero sin conocerme. Muchos me lo dicen sin seguirme, sin saber quién soy yo y sin escucharme. Porque si me escuchasen, se darían cuenta que no estoy tan dolido por los insultos o que directamente no estoy hablando de ellos todo el rato. Pero espera, espera, si no me conocen y no me escuchan, ¿por qué quieren protegerme? Pues posiblemente porque mi discapacidad es visible. Algunos seguro que lo harán con sinceridad pero otros supongo que dirán esa frase porque ELLOS quieren sentirse bien. Es decir, que usan la frase porque sienten que han hecho algo bonito. «Defender a una persona con discapacidad» siempre es una buena acción. ¿Que la persona con discapacidad está hablando de que va a comerse una hamburguesa? Bueno, pero a la vista del resto del mundo, si dices «No hagas caso a los insultos» estás haciendo algún tipo de bien. O eso pensarán, claro.
Pero un momento. ¿No hacer caso a los insultos es un buen consejo? ¿Es una buena acción? Bueno, yo diría que es una acción más positiva para el que la dice que para el que la recibe. Es decir, la discriminación no va a disminuir si no luchas contra ella siempre que sea una discriminación estructural. Si sólo fuese UNA persona la que discrimina, quizás podrías jugar la baza de que a lo mejor esa persona se cansa si no la haces caso pero los insultos/agresiones contra personas con discapacidad visible o personas no normativas no van a acabar si no se señalan o se trata de luchar contra ellos. Discriminación estructural como decía antes. Eso sí, la persona que dice eso, puede creer que ha hecho algo bien y se siente mejor consigo misma.
¿Ha servido alguna vez lo de no luchar contra la discriminación? Yo creo que es evidente que no. Todas las mejoras sociales contra la discriminación se han conseguido con la lucha colectiva. No hacer nada no sirve de nada. Yo siempre pienso que la existencia del concepto «woke» es un triunfo de la lucha social. Porque hace muchos años, podías decir cosas contra negros o contra gente del colectivo LGTBIQ+ y nadie te iba a decir nada pero ahora estos colectivos han conseguido levantar la voz. Esto significa que la gente conservadora ha tenido que empezar a usar la palabra «woke» con connotación negativa porque ya no queda tan bien ser racista. Hay que camuflar eso con palabras raras para que no te hagan sentir una mala persona.
Entonces si la acción no es tan buena como parece ni tampoco tan altruista, ¿por qué se repite tanto a todo el mundo que recibe discriminación? Esto creo que es un poco más complejo. Yo tampoco estoy totalmente seguro de lo que voy a decir pero tengo unas sensaciones que quiero expresar. Vivimos en una sociedad de gente privilegiada que no quiere perder privilegios y gente sumisa que defiende a la gente privilegiada. Hay una mayoría de gente privilegiada y sumisa que no quiere luchar contra la discriminación porque le supone un esfuerzo que no quiere correr ya que se tendría que replantear muchas actitudes. Es incómodo luchar por derechos de otros porque muchas veces implica perder privilegios propios. ¿Entonces qué se hace? Abrazar la inacción para que cambien pocas cosas. Las frases de «no hagas caso» sirven para sentirte bien y también para evitar la incomodidad de defender a colectivos discriminados. Es una forma de defender el statu quo. Que nada cambie para molestar lo menos posible.
Estaba pensando en profundizar aún más pero creo que el análisis ya ha quedado bastante completo. Con vuestro permiso, voy a darme un paseo.
-
Otro día más donde la izquierda hace autocrítica. Otras elecciones decepcionantes. Me siento como en el Día de la Marmota y me dan rabia tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Así que voy a ir soltando enfados escritos simplemente por desahogo. Estoy seguro que mañana estaré mejor y más optimista que hoy así que no me lo tengáis tan en cuenta. Respiro hondo y…
1. Me duele el QUE VIENEN LOS FACHAS como estrategia política. Siento que muchos discursos se centran en esto y siento que a la gente le empieza a dar igual. Este tipo de miedo no da tanto miedo como cree la izquierda. Hay mucha gente que cree que su vida no va a cambiar demasiado gobierne quien gobierne. Se agota el miedo al fascismo.
2. Me duele el desprecio a los votantes. Que si no saben votar, que qué inútil es un obrero de derechas, que si son catetos por pertenecer al mundo rural. Ese rollo del «quita que no sabes» es molesto. No me extraña que haya gente incómoda con la izquierda por este tipo de rechazo. No sé, ¿no podemos ser más amables y pedagógicos con esta gente?
3. Los medios de comunicación y las redes sociales están controlados por la derecha. No digo que todos sean así pero creo que tenemos claro que la inmensa mayoría. Y cuando tenemos alguna posibilidad de buscar alternativas, compramos su marco y nos quedamos ahí. Uy, Elon ha insultado a Pedro Sánchez. ¿El gobierno de España se va de Twitter? No, para nada. Sigue jugando en la red social de un nazi porque pueden hacer zascas que aplaudirán sus propios votantes. ¿Los zascas dan votos? Teniendo en cuenta que el algoritmo lo controla un señor nazi, yo creo que los zascas estos llegarán a donde el dueño quiera.
4. Siento que no hay una gran movilización social por parte de gente de izquierdas. Por agotamiento de un sistema que nos explota constantemente y nos deja para el arrastre cada noche. La gente asume que «hacer política» es votar cada cuatro años y ya está. Cada vez somos más individualistas, tenemos menos conciencia colectiva y nos movemos por intereses personales. No sé muy bien cómo afrontar esto, cómo hacer que la izquierda quiera participar activamente en sociedad más allá de poner tweets incendiarios.
5. Siento desgana social. Actitudes tremendamente pesimistas, hastío por la sociedad, odio contra todo y mucha negatividad. El rollo Mr.Wonderful me da arcadas pero no puedo con tantísimo pesimismo. Sí, ya lo sé, este artículo es muy negativo así que no estoy colaborando con ello pero yo en general no soy así. Siento que falta una actitud positiva y transformadora por parte de la izquierda. No de los partidos sino de los votantes. Tener algo positivo a lo que aferrarnos.
6. Siento que compramos discursos de la derecha y seguimos todo el rato su estela. La derecha dice algo y la izquierda tiende a desmontar ese algo y a debatirlo con quien sea. Esto me da rabia porque hace que la izquierda no plantee temas o propuestas sino que se deja llevar por los temas de la derecha. A mí esto me parece una derrota enorme. Mandan ellos en nuestra forma de pensar. Ellos nos dicen qué debemos debatir y qué temas debemos tocar.
7. Estoy cansado de escribir.
-
Por fin llega la tranquilidad. Lluvia en la calle, silencio en casa. No hay agobio, no hay ruido mental. Sólo calma. Calma profunda y fría de un sábado invernal. No sabía si escribir o no escribir pero al final me he rendido al teclado de mi ordenador.
Pero es una rendición escasa porque este texto está a punto de acabar. Porque sinceramente prefiero estar en otro lado en vez de aquí. Prefiero estar en la calma del salón. Es más, tengo tantas ganas de inhalar calma que he decidido dejar esto a medi
-
Es pequeño pero enorme. No lo puedo mirar directamente pero lo siento como si fuese una aguja afilada que está clavada en mi alma. Sé que está ahí, sé que está al acecho. Lo noto cuando me apoyo en cualquier sitio, cuando me muevo, cuando hago ejercicio, cuando ando. No me deja en paz. Ahora mismo estoy escribiendo estas palabras sabiendo que en cualquier momento volverá a atacarme con todas sus fuerzas.
Es rojo. Rojo demoníaco, rojo sangre. Es del color del dolor. Rojo fuego que te abrasa y te devora. Alrededor hay un cráter, una huella enorme y circular que te grita «sí, estoy aquí, ¿algún problema?». Y la verdad es que sí, muchos problemas. Porque en breve tengo que salir y me acompañará a cualquier sitio. Me estará susurrando cada segundo al oído que quiere acabar conmigo sin piedad. Pero yo seré fuerte, prometo serlo. Prometo no quejarme. Al menos con la voz porque este texto que estás leyendo es una queja en mayúsculas, un grito escrito que se extiende hasta donde llegue mi imaginación.
¿Pero cómo surgió este ser del inframundo? Su origen es un misterio. Ayer me desperté y ya estaba ahí, quieto, en silencio, esperando que yo le tocase y tocase y tocase hasta activarlo, hasta resucitarlo. Digamos que no sé en qué momento hizo acto de presencia pero sí sé que yo le saqué de su sueño eterno con tanto rascar. Cuando me di cuenta de su existencia, ya era demasiado tarde. Ya se había levantado de entre los muertos y ya no habría forma de devolverle al pozo infecto de donde salió.
Sí, estoy hablando de un grano que me ha salido en la parte de detrás del muslo de mi pierna derecha. Es bastante molesto y yo soy un dramático. Hacemos buena pareja aunque espero que nuestra relación no dure mucho porque tengo cosas que hacer este fin de semana y un grano no entra en mis planes.