«Quiero leer libros gordos como los adultos.» Esto me lo repetía mucho cuando era pequeño. Es gracioso porque me aferraba mucho a mi infancia y no quería crecer, jugué hasta muy tarde con juguetes infantiles y me costaba mucho tener actividades de «más mayores» como salir a beber con colegas o ir a la discoteca. Yo quería ser un niño eterno salvo por los libros.
Sí, yo quería leer libros «gordos y adultos». Siendo muy joven recuerdo leerme Los pilares de la tierra de Ken Follet y me creía muy mayor por ello. También es cierto que leía todo lo que caía en mis manos. Desde libros infantiles como los del Pirata Garrapata hasta El Señor de los Anillos de Tolkien. Recuerdo estar en un camping con mis abuelos y elegir libros al azar porque lo que me gustaba era leer y ya. Daba igual la temática, el género o las páginas. Ah, recuerdo descubrir Harry Potter empezando por El cáliz de fuego porque el de la piedra filosofal «era muy pequeño». Yo quería empezar por lo gordo. Y sí, me quedé bastante confuso porque salían cosas en el cáliz de fuego que yo no entendía. Más tarde descubrí que era el CUARTO libro. También me doy cuenta de lo que cambia la vida porque ahora Harry Potter no me llama nada (por la señora que lo escribe) y Ken Follet me genera un poquito de rechazo. Pero eso, que leía todo lo que caía en mis manos y a veces de forma obsesiva.
Y de repente murió esa obsesión por leer. No sabría decir en qué momento murió. Quizás con el boom de las redes sociales o de las series. Encontré otros entretenimientos «más rápidos». Pasé de querer «libros gordos» a elegir «contenidos instantáneos». Con los años perdí la concentración. No era capaz de aguantar 10 minutos leyendo un libro. Necesitaba estímulos constantes. El Ugo niño y adolescente que devoraba libros sin parar había muerto. Estímulos, estímulos, estímulos y poco espacio en mi vida para estar quieto con un libro en las manos. Me he pasado así 20 años de mi vida. Pasé de ser un ávido lector a un señor que ni se acercaba a los libros.
Por suerte, la vida da muchas vueltas y en los últimos años estoy empezando una segunda luna de miel con la lectura en muchos formatos. He vuelto a leer libros en papel. Aunque reconozco que son libros «´útiles», que me enseñan algo. Todos los días dedico dos ratos a estudiar esos libros, a tomar apuntes, a aprender con lo que leo. Supongo que por la obsesión esa que tenemos de la productividad, he conseguido engañar a mi mente haciéndola pensar que si un libro es útil, merece la pena estar sentado leyéndolo. Y sí, ya sé que todos los libros tienen algo de utilidad pero tengo esa necesidad de exagerar ese punto. Y mira, lo he conseguido, he vuelto a leer en papel. ¿Pero qué hay de los libros que nos cuentan historias, las novelas clásicas o los relatos de todo tipo? Pues me he pasado al audiolibro. Oh, dios mío, ahora mismo alguien estará diciendo en voz alta que eso no es leer, que los audiolibros no son literatura y bla. bla, bla… pero gracias a los audiolibros estoy descubriendo a Cervantes, a Delibes, a Cernuda, a las hermanas Brontë o estoy revisitando al mismísimo Tolkien. Me está haciendo amar la literatura y me está regresando a mi época de pasión por los libros.
¿Y sabéis qué? También estoy escribiendo más que nunca. Ya no sólo quiero leer sino que quiero ser el que escriba. No sé si llegaré a ser escritor pero es bonito disfrutar creando historias, relatos o artículos. Es precioso escribir. Es estar en el otro lado del espejo, en la perspectiva del libro. Es un arte.
Estaba pensando que no sé cómo cerrar este artículo. Podría acabar con un «hasta aquí mi historia de leer» pero es que mi historia no ha acabado. También podría finalizar con alguna frase contundente o épica que remueva un pocos las emociones pero es que acabo de ponerme con la declaración de la renta y estoy en el momento menos épico del día. ¿Cómo acabo esto ahora? ¿Cómo se acaba un artículo? Ah, ya lo sé. Lo acabaré de forma brusc
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
Una respuesta a «Leer»
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Mi padre me dijo un día con 10 años que leyera todo lo que cayera en mis manos porque así me enteraría de lo que pasa en el mundo, me lo dijo porque yo nací con hipoacusia bilateral y era una forma de enterarme de lo que pasa a mí alrededor y en el mundo. También nací con mucha curiosidad, quizás demasiada. Recuerdo uno de los primeros libros que leí, El Lazarillo de Tormes, lo leí porque soy de Salamanca (aunque por mi sangre corre más Extremadura y mucha adrenalina), fue el primer libro que me puso en contacto con otra discapacidad, la ceguera. He leído muchos libros, aprendí inglés y también empecé a leer libros en inglés. He leído desde historias de ficción muy pocas porque no me llaman la atención pasando por ciencia, filosofía, matemáticas, sobre cómo hacer explosivos (no me preguntes, es mi curiosidad, que me lleva a sitios así), libros sobre deportes y actividad física o sobre astrofísica. Hace como 5 años que no leo un libro, siento que no merece la pena comprar más libros ni leerlos, aunque sigo leyendo a personas, como tú Ugo, leo muchas publicaciones de otras personas que cuentan sus vidas o hablan de algo sobre lo que saben mucho o qué están investigando y descubriendo y me gusta descubrirlo con ellos, o hablan de algo que les llama la atención y siento curiosidad por saber qué es lo que le llama la atención, con las redes sociales veo vídeos muy diversos, el otro día aprendí como los mamíferos que viven en el agua eran amamantados o cómo se puede demostrar la existencia de la materia oscura. Además de por la curiosidad y también es por aprender, cuando tenía 12 años llegué a la conclusión de que como no tenía experiencia en nada, tenía que aprender de otros que sí la tuvieran, y así lo he hecho desde entonces. He intentado escribir un libro sobre mi vida pero no soy escritor, aunque he aprendido como escribir mi libro, a estructurarlo y relatarlo, pero aunque la historia está escrita no lo he publicado ni lo he terminado porque no creo que me lo publiquen ni creo que nadie lo vaya a leer. Me gustaría encontrar a alguien a quién poder contárselo y que lo escribiera, creo que sería la única forma de que el libro sea publicado pero hasta ahora no he tenido suerte encontrando a la persona que quiera hacerlo.
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