Acabo de terminar The Good Place, una sitcom sobre dilemas éticos y morales tras la muerte. Si no la habéis visto aún y la queréis ver, no sigáis leyendo porque a lo mejor se me escapan spoilers.

El caso es que hay algo que me ha hecho reflexionar estos días con respecto a la muerte. Hay gente que quiere que no haya nada después. Que yo esto lo respeto totalmente pero no soy capaz de entenderlo. En un post de Reddit se preguntaba qué querían tras la muerte y mucha gente respondía que NADA, que no querían nada. Que querían dejar de existir y ya. En The Good Place (ojo, spoiler gordo, avisado estás) hay un momento final donde muchos personajes deciden que ya han cumplido con su existencia, que ya se sienten completos, y optan por desaparecer. Tienen que atravesar una puerta que directamente los desintegra y su vida se acaba. Te intentan explicar que es que llevan miles y miles de años haciendo todo lo que les gusta y que ya se sienten realizados totalmente.

A ver, yo aquí es donde me pierdo un poco. ¿Qué es sentirse realizado o en paz contigo mismo? Yo es que no siento que vaya a pasar por ese momento. Es decir, uno de los conceptos que más me mueven es la curiosidad. La curiosidad por todo. Y vivimos en un mundo donde SIEMPRE hay cosas nuevas. Películas, series, videojuegos, libros, comida… Siempre hay novedades, siempre hay algo diferente que ver o que hacer. Mi forma de «realizarme» es seguir aprendiendo. Seguir descubriendo. Y tengo la inmensa suerte de formar parte de una sociedad viva que siempre está mostrando novedades culturales. Es imposible que me sienta saciado. Siempre quiero más y siempre disfruto con todo lo que hago.

¿Por qué iba yo querer desaparecer? Yo quiero vivir todo lo que pueda y además soy agnóstico por gusto. Es decir, que me gusta ser agnóstico porque me encanta fantasear con que hay algo más o no. Con esa duda, con esa curiosidad. ¿Y si sí…? Y es que la curiosidad forma parte de mi esencia, de mi forma de ser. Estoy más cercano al ateísmo pero ¿y si sí? ¿y cómo sería entonces? Por eso The Good Place tiene un punto de partida muy interesante para mí. Y su primera temporada es maravillosa. Luego baja y no logro conectar tanto con ella pero al menos me ha dado para reflexionar una vez más.

En definitiva, que no entiendo a la gente que quiere la nada tras la muerte. Yo deseo con toda mi alma que haya algo más para seguir disfrutando y aprendiendo día a día con mi existencia. Y sí, ya sé que el mundo va como va, que el capitalismo nos oprime, que la desigualdad es atroz y que la sociedad tiende a un individualismo preocupante pero también hay espacios donde sentirte bien, donde aprender, donde explorar y donde curiosear. Y hay gente maravillosa que conocer o lugares en los que te sientes genial. Y yo me aferro a todo esto para intentar que mi existencia no sea una mierda. ¿Y sabéis qué? No lo está siendo. La vida me ha intentado romper un montón de veces pero tiendo a agarrarme a cualquier brote verde que vea. Soy así. Optimista siempre aunque la vida me ponga zancadillas. Por eso me niego a la existencia de la nada.

Michael y Eleanor sentados en un sofá amarillo y mirando a cámara. Es el cartel de la serie The Good Place.

Posted in

Deja un comentario