Mis abuelos nunca veían las mismas series que yo ni tampoco las mismas películas. Había una brecha generacional evidente. Ellos veían otras cosas. Eran más de programas matinales de televisión, de programas políticos o de programas del corazón. Yo era más de series frikis, de animes, de series de fantasía o de series de misterios. Nuestros intereses culturales estaban a años luz de distancia…. salvo por una cosa. Aquí No Hay Quien Viva.
Sí, mi primer recuerdo de ANHQV es en casa de mis abuelos. Cuando iba a comer con ellos, ponían uno de esos canales del TDT con repeticiones constantes de series y ANHQV era la serie que más veían con diferencia. Era una de mis grandes conexiones con ellos. Estaban enganchados a esas reposiciones y yo también. No era capaz de irme de casa de mis abuelos si no había terminado el episodio que estaban haciendo. Aunque lo hubiese visto mil veces, ANHQV era sagrada. Radio Patio, Emilio, Belén, Paco el del videoclub, Carlos, vamos, no me jodas, el pìntamonas, Juanito, estás fuerte, ¿eh? Mauri y Fernando, Josemi…
Es curiosa mi relación con esta serie porque no la vi como todo el mundo. Yo me dormía pronto por las noches y me la perdía siempre. Empecé a verla con las reposiciones constantes. Me hice adicto años después que la mayoría. Cuando el boom de ANHQV ya no era tan grande fue cuando me subí al carro de la serie. Además, la vi en uno de los peores momentos de mi vida. Depresión, pérdidas de familiares muy cercanos y rechazo absoluto a mi discapacidad. ¿Y sabéis qué? La serie me dio vida y momentos felices. Entre toda la desgracia que había en mi vida, esos momentos de ANHQV junto a mis abuelos o mi hermano eran un oasis para mí. Un respiro donde poder reír, poder hacer teorías sobre los diferentes personajes o simplemente poder emocionarme con cada momento que ocurría en ese mítico edificio. También reconozco que soy un purista de esos que no logró conectar con La Que Se Avecina porque me parecía muy diferente a ANHQV. Quizás también puede ser porque ya no estaban mis abuelos o porque mi hermano ya estaba haciendo su vida.
Pero estos días se nos ha ido Gemma Cuervo, la última componente de Radio Patio que quedaba, y no he parado de pensar en lo que supuso para mí esta serie. Quería escribir algo bonito o emotivo pero no sabía cómo porque lo que quiero expresar muchas veces no me sale con palabras. A veces se te acumulan las emociones en la cabeza y no eres capaz de transcribirlas en un papel. De hecho, escriba lo que escriba, me va a saber a poco porque el impacto de la serie en mi vida fue enorme. Para mí es la mejor serie española de la historia sin ninguna duda y lo será para siempre en mi corazón. Lo tenía todo en una época donde tenerlo todo era más complicado que ahora. Seguro que tendrá defectos por todos lados si la vemos hoy en día y por eso hace años que no la veo. Prefiero quedarme en ese salón de mis abuelos donde personas de diferentes generaciones nos reíamos con «¡Soy yo, Concha! ¡Entro!»
Ugo Sin Hache
Divulgador, creador de contenido, podcaster y señor raro en general.
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De vez en cuando alguien me dice desde la educación y el respeto que yo podría hacer otras cosas además de hablar de discapacidad, que soy monotemático, que hay más temas interesantes para tocar. ¿Qué hago yo? Me analizo. Veo si mi contenido en redes sólo gira en torno a la discapacidad. A veces hay semanas que veo que hablo mucho de esto y otras que hablo muy poco porque me centro más en política o en algún que otro interés personal como las series, los videojuegos o el cine. ¿Me encasillo realmente? ¿Hablo tanto de discapacidad?
En este punto, me pongo a pensar en otra cosa. ¿Los comentarios sobre el encasillamiento se lo dirían a un streamer de videojuegos o a un periodista deportivo? ¿Le comentarían a un crítico de cine que cambiase un poco su tema de siempre porque hablar de cine es muy monotemático? No sé vosotros pero yo nunca he visto estos comentarios a alguien cuyo contenido sea exclusivamente fútbol. Pero es que tampoco es necesario. Es decir, a mí me gusta el fútbol y yo sigo a gente en redes sociales que habla sólo de fútbol. Les sigo porque es un tema que me interesa. Si de repente esas personas cambiasen y se pusieran a hablar del ciclo reproductivo de los murciélagos, al principio alucinaría pero con el tiempo posiblemente dejase de seguirles. Con todo el respeto a los murciélagos, no es un tema que me llame. Es decir, yo sigo a alguien que habla de fútbol porque me interesa el fútbol. No le voy a pedir que cambie de tema ni le voy a comentar que se está encasillando porque a mí me parece bien que sea monotématico.
Si esto de señalar el encasillamiento no suele pasar en otros ámbitos, ¿por qué me lo dicen a mí? Me lo dicen de vez en cuando pero no son casos aislados. Pasa más de lo que me gustaría. Lo sé porque esto que estoy escribiendo ya lo he comentado en vídeos y en otras redes sociales en el pasado. De hecho, siento que me repito con este tema pero también creo que es necesario seguir insistiendo en ello.
¿Sabéis qué creo yo? Creo que la incomodidad no está en mí sino en la gente que me lo dice. Tocar temas incómodos suele molestar. No molestar de ofender pero sí de tener inquietud y acabar buscando otros temas más «relajados». Entendible, por cierto. Tiene que ver con el privilegio, con vivir una vida tranquila. Cuando alguien señala una realidad que te produce incomodidad, tus privilegios se hacen más visibles y es molesto. A veces optamos por ignorarlos y otras por tratar de comprenderlos. Yo no voy a decir a esta gente que cambie y no me ignore porque cada uno es dueño de su vida pero sí veo conveniente señalar que la incomodidad viene muchas veces porque hay temas que afectan a nuestra vida tranquila y que esas realidades existen. Puedes optar por ignorarme o dejar de seguirme. Si quieres una vida más tranquila, yo te lo recomiendo porque callarme, no me voy a callar.
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Esta mañana me he despertado con la frase «No puede ser que cada película tenga que tener un chico con síndrome de Down, otro que es transexual…» Lo ha dicho Karra Elejalde en una entrevista y yo suelo hacer algo instintivo cuando alguien dice frases así. Me voy directo a la cartelera de mi cine más cercano. ¿Los carteles estarán llenos de negros, gente con discapacidad y personas trans? Hay gente que está convencida de esto y yo necesito saber más. Así que hoy me vais a acompañar en mi paseo por la cartelera actual.
1. Hoppers. La nueva película de Disney. Por lo que veo, va de un experimento donde una señora se mete en la piel de un animal robótico o algo así para sumergirse en el mundo animal. Película de animación. No sé vosotros pero no parece que haya gente con discapacidad, negros o personas trans. Que a lo mejor sale alguno pero en el cartel lo que se ve son animales. Un oso grande a punto de comerse a una especie de castor o animal similar. Probemos la siguiente peli.
2. Scream 7. Ah, la película de miedo del asesino ese con la máscara de fantasma. En el cartel sale una chica blanca con ojos azules y se ve un cuchillo debajo. Poca información. Voy a mirar el reparto… Ah, vale, todo actores blancos normativos. Espera, OJO, hay un actor entre los 8 o 9 que tiene la piel más morena. ¿Podría ser latino? Cuidado, que tenemos a alguien con la piel que no es blanca reluciente.
3. Cumbres Borrascosas. Margot Robbie y Jacob Elordi. Actores guapos normativos en una película sobre amor tormentoso. Me he pasado por el reparto y CUIDADO, entre los 300 blancos normativos que hay, una mujer con rasgos asiáticos. Se están pasando con la inclusión. Todos sabemos que los asiáticos no son tantos en nuestro planeta.
4. ¡La novia! Ah, una película sobre la novia de Frankenstein. Seguro que escogen a un actor no normativo para hacer de Frankenstein. Alguien con una cara rara. ¿Podría tener alguna discapacidad? Pues lo podemos entender, la verdad. Tendría sentido. Voy a mirar quién es… Ah, Christian Bale. Pues no. No tiene discapacidad ni una cara no normativa. Bueno, bueno, pero ¿y la inclusión de los actores que han hecho de Batman qué? ¿Nadie piensa en ellos?
5. Aída y Vuelta. La película del regreso de Aída. Tiene pinta de que puede ser divertida. Oh, esperad, que hay un MONTÓN DE GENTE EN EL CARTEL. ¿Cuánto tendremos de inclusión forzada? Ay, qué nervios tengo ahora mismo…. Pues… todos son blancos normativos aunque sé que uno no lo es. Participa en la película el actor Emilio Gavira que tiene acondroplasia. Tras haber visto como 40 actores o actrices entre las anteriores películas, por fin tenemos a alguien que sí representa algo de inclusión en el cine. Uno entre 40. Esto sería en porcentaje del 2,5%. Choca con el casi 15% de personas con discapacidad que hay en el mundo. Pero oye, no perdamos la esperanza que hay más películas.
6. Avatar: Fuego y Ceniza. ¿Pero esta película sigue en cartelera? La virgen. Por cierto, este filme es muy inclusivo. Por fin han dado voz a seres gigantes azules. Es un grupo de la población bastante invisibilizado así que bien por James Cameron. Gracias por dar voz a los habitantes de Pandora. En esta película hay una persona con discapacidad pero creo que nadie se acuerda porque el tipo decide meterse en la piel de un gigante azul. Ay, maldita sea. Era una buena oportunidad para dar visibilidad al tema pero por lo que sea, tuvieron un despiste y se olvidaron de recalcar mucho esto.
7. Como cabras. Ah, otra película de animación con animales. Joder, estoy viendo más animales que gente diversa en esta revisión de la cartelera. Que yo a tope con animales que hablan pero las personas con discapacidad o las personas trans también hablan. Lo digo por si algún director quiere pillar esta idea de incluirlos en sus pelis.
8. F1. La película. Coches, carreras, brum brum, Brad Pitt en portada con cara de intensidad mirando al horizonte. Que a lo mejor es una película interesante, ojo. En el reparto hay un negro en un papel importante. Y sale Javier Bardem que en EEUU es un señor racializado. Oye, en la octava película que analiza superficialmente por fin hemos visto algo de inclusión. Tampoco mucha pero tenemos una pizca por fin.
9. Greenland 2. Anda, una película postapocalíptica. ¿Quién se ha salvado del fin del mundo? Pues una familia blanca aparentemente normativa. Padre y madre blancos con un hijo blanco. Nunca se salva una familia LGTBIQ+ por lo que sea. Qué mala suerte, joer.
Siguen saliéndome películas pero yo creo que voy a ir dejando ya este artículo. Tanta diversidad me está destrozando y necesito un descanso. Eso sí, quiero acabar con dos datos interesantes.
– Las personas con discapacidad somos entre un 10% y un 15% de la población mundial. ¿Hay un 10% de actores con discapacidad? ¿Un 5%? ¿Un 1%? Yo diría que incluso menos. Esto lo comento porque existe la exclusión forzada de personas con discapacidad.
– El 50% del planeta es de raza asiática oriental y el 20% es de raza negra. La raza blanca está por detrás y lo que tenemos mucho son razas mestizas. Ya que las razas como tal no existen según la ciencia pero me habéis entendido con esto. Os comento estos porcentajes para que los uséis cuando alguien hable de inclusión forzada. Si nos ceñimos a la representación exacta del mundo, la raza blanca está siendo incluida de forma forzada en el cine y en las series.
Bueno, ya os suelto del brazo. Podéis salir en orden de esta página. Disfrutad del día.
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Multimillonarios con planes malvados que invierten muchas veces en investigación para crear inventos que le permitan atacar a gente vulnerable o conseguir ganar más dinero a costa del sufrimiento ajeno. El 90% de los villanos tienen puestos de poder muy altos. Presidentes de empresas grandes, líderes de organizaciones poderosas, con aspiraciones más altas como ser primer ministro o presidente de sus países de origen. Todos estos villanos además tienen un afán enorme de protagonismo, quieren salir en prensa, dar discursos apoteósicos, mostrar su poder al mundo.
Creo que muchos estáis pensando en varios villanos ya, ¿verdad? He definido a la mayoría de villanos de cualquier película o serie. No suele haber villanos que sean pobres o de clase obrera. De hecho, los «malos» de los bajos fondos, esos grupos de villanos de medio pelo que pelean por la noche contra Batman suelen ser mandados. Trabajadores que están sirviendo a un señor mucho más poderoso. La gente obrera que es villana en cómics, pelis y series suele ser gente controlada por un mandamás que no suele mojarse las manos la mayoría de las veces porque para eso tiene a sus trabajadores. Sus lacayos le hacen el trabajo sucio. Si esta gente de los bajos fondos tuviese mucho dinero, ¿seguiría peleándose y perdiendo contra Batman? Pues no. Estarían en otros sitios tranquilitos.
Estoy haciendo este artículo pensando en varios que me han venido a la mente estos días. Donald Trump, el más evidente de todos, representa a la perfección el arquetipo de villano. Multimillonario que ha conseguido ser presidente a base de poner mucho dinero encima de la mesa pero que todo lo que ha hecho en la vida está orientado al mal. ¿Sabéis qué me ha venido a la cabeza? Que en 1989 Trump pagó 89.000 dólares de la época al New York Times para que pusiese en su portada que quería que se aplicase la pena de muerte a cinco negros menores de edad que habían sido acusados de violación sin ninguna prueba, sólo por el hecho de ser negros. Con el tiempo se supo que las acusaciones eran falsas y los acabaron soltando.
Otra persona que me ha venido a la cabeza es Juan Roig que ayer dijo que iban a subir los precios de los alimentos si el gobierno no bajaba el IVA. Lo decía tras haberse hecho público que Mercadona estaba consiguiendo beneficios históricos, que estaban ganando tanto dinero que iba a renovar todos los supermercados. Pero sí, quiere subir los precios de los alimentos. Fastidiar al pobre un día más. Fastidiar al vulnerable. Desde su posición de poder, desde las alturas. Es imposible no pensar en conductas villanas, ¿verdad? Pero bueno, seguro que mucha gente le defenderá porque pobrecitos los empresarios que están arriesgando su dinero por el trabajador. ¿Sabéis cuál es el patrimonio de Juan Roig? 9.900 MILLONES DE EUROS.
«Curar a negros debería ser un crimen». Esta frase tan nazi lo podría haber dicho cualquier villano del mundo, cualquier señor malvado. Todo el mundo se escandalizaría a día de hoy. Salvo los que sean muy nazis, claro. ¿Qué pasa? Que la frase hay que maquillarla y tratar de suavizarla. Es que dicha así suena fatal. ¿Qué ha hecho Abascal? Decir que «es un crimen abrir las puertas de los hospitales a inmigrantes». Quitas la palabra «negros», eliminas la palabra «personas», dices «abrir las puertas de los hospitales» en vez de «curar» y arreglado. Ya casi nadie puede decirte que eres un nazi o una persona de mierda por no querer atender a gente que tiene problemas de salud por su procedencia. Pero no deja de ser una conducta de villano, de villano de los peligrosos porque sabe dar discursos para los suyos. La oratoria del villano siempre tiene que ser buena, aunque sea para los suyos.
Qué fácil es reconocer a villanos. Qué fácil es identificarlos en nuestro mundo actual. Y aún así, mucha gente está en su bando. Mucha gente les apoya. Gente que es fan de superhéroes, de películas donde salen villanos multimillonarios. ¿Por qué pasa esto? A veces siento que el mundo está roto.
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¿En los últimos años has hablado de Irán? ¿Has opinado sobre la situación de ese país? ¿Te has interesado por sus costumbres, tradiciones, sistemas políticos o simplemente sobre su perspectiva social? Yo reconozco que no. Admito que no sabría ubicarlo rápidamente en un mapamundi. Sé más o menos la zona dónde está pero no la ubicación exacta. Tampoco sabría decirte quién es su presidente ni podría nombrarte alguna figura pública de Irán. Creo que no soy el único así pero estos días no paro de ver análisis geopolíticos sobre este país de gente que no es especialista en él.
Y todo esto me hace pensar en cómo funcionan las redes sociales. A mí me gusta informarme y leer la prensa pero soy consciente de que eso no es suficiente para saber de todo. Que para saber de algo, necesitas meses o años de profundizar en esos conocimientos. ¿Qué pasa en redes? Que se descarta esa profundización, que lo que vale es la Wikipedia (con perdón porque me encanta este lugar), leer 3 o 4 artículos y ya te conviertes en un experto capaz de hacer hilos extensos y complejos sobre el tema actual del momento.
Escribiendo estas líneas me he acordado del momento en el que EEUU entró en Venezuela y secuestró a Maduro. En su día leí un montón de análisis complejos sobre por qué Trump no iba a por el petróleo venezolano. Se hablaba en esos análisis de la densidad del crudo, del valor, de la dificultad que conllevaba extraerlo y de mil cosas más. ¿Qué pasó un día después? Que Trump dijo que lo único que le interesaba era el petróleo. A tomar por saco tantos análisis complejos.
Ante todo esto, yo estoy aprendiendo a callar. A leer para aprender más y a callar antes de opinar. Opino de lo que más entiendo o de lo que más me interesa pero estoy abandonando esa obsesión sobre opinar de todo porque lo único que demuestro es mi ignorancia. Y no es malo admitir que soy un ignorante en muchas cosas. De hecho, admitirlo está bien como motivación para aprender. Pero sin presión porque esto no es una competición. Creo que hay que luchar contra la ignorancia pero yo prefiero hacerlo con conocimiento y no con más ignorancia por mi parte. Saber callar me está ayudando también a estar mejor conmigo mismo, a no meterme en charcos que no entiendo y a enfocarme en los temas que sí me gustan o me preocupan.
En fin, reflexiones que me apetecía hacer hoy ante tanta información en redes, ante tanta noticia de todas partes del mundo. Es imposible saber de todo y es sano callar si no sabes sobre un tema.
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La de veces que he dicho la palabra subnormal. Era uno de mis insultos favoritos. Lo decía en todo momento hace años y no sólo lo decía sino que era perfectamente consciente de su significado. En mi cabeza, el concepto «discapacidad intelectual» no existía pero cuando decía subnormal, yo pensaba en síndrome de Down o en personas con discapacidades similares. Recuerdo estar en manifestaciones y cantar junto a un montón de gente eso de «Si tienes un hijo subnormal, mételo a Policía Nacional». Nunca he usado la palabra subnormal para hablar de personas «malas» o «malvadas». Siempre he sido consciente de que hacía referencia a alguien con algún tipo de retraso. De hecho, «subnormal» y «retrasado» son básicamente sinónimos.
Pero oye, no sólo lo decía yo. También me lo decían muchas veces a mí. ¿Sabéis por qué? Pues es muy sencillo. Lo decían por dos razones:
1. Mi forma de hablar y mi aspecto se ha relacionado muchas veces con la discapacidad intelectual. De hecho, se sigue relacionando bastante. Que alguno dirá eso de que cuando hablo, digo cosas que te pueden hacer pensar que no tengo discapacidad intelectual pero eso da lo mismo porque mucha gente ni me escucha. Sólo se centran en mi cara y en mi forma de hablar. El contenido es irrelevante.
2. Tengo síndrome de Moebius. En el pasado, tener un síndrome te relacionaba siempre con el síndrome de Down ya que era el síndrome más famoso o de los más populares. Esa conexión me convertía a mí en «subnormal» para muchos. Porque era como los del síndrome de Down.
Todo esto que os estoy diciendo creo que es muy evidente. La palabra subnormal hace referencia a gente con limitaciones intelectuales. ¿Y sabéis por qué me daba igual usarla? Porque no consideraba a las personas con discapacidad intelectual como seres humanos. No pensaba que tuviesen sentimientos, no pensaba que fuesen un colectivo social. No pensaba que tuviesen conductas humanas. ¿Como voy a molestar a alguien que ni piensa? Así de ignorante era yo. Así de cruel también. Y así de equivocado estaba.
¿Por qué cambié? Para empezar, comencé a aceptar mi discapacidad. Empecé a entender que tener una discapacidad es tener una condición y que eso no tenía que ser un insulto. También empecé a escuchar a gente con discapacidad. Tanto física como intelectual. Me enteré del sufrimiento por el que pasaba mucha gente. Conocí a personas con discapacidad intelectual que estaban yendo a terapia porque habían tenido conductas suicidas por el trato que reciben de la sociedad. En mi cabeza tengo un montón de anécdotas que me cambiaron la vida.
Por ejemplo, en una charla que di en una fundación de gente con discapacidad intelectual, una chica me dijo que le dolía mucho cada vez que alguien usaba la palabra subnormal. ¿Y sabéis qué ocurrió? Que cuando dijo eso la chica en público, el resto de personas empezaron a asentir y a confirmar esos sentimientos. Gente con discapacidad intelectual mostrándome lo equivocado que he estado en mi vida. Equivocado por usar palabras capacitistas y equivocado por haberles tratado siempre como seres inferiores. Recordaré este momento toda mi vida.
También recuerdo a un padre decirme que sentía como si le clavasen un cuchillo cada vez que alguien decía la palabra «subnormal» porque su hijo tenía una discapacidad intelectual severa y él no quería que la gente pensase en él cada vez que insultaba. Y como esta anécdota, he visto unas cuantas ya de padres y madres incómodos con ello.
¿Entonces por qué hay tanta negación con el término? Porque siempre que señalo que subnormal hace referencia a discapacidad intelectual, algo que me parece obvio, hay gente que se ofende y dice que ha resignificado la palabra. Que ellos no la relacionan con discapacidad. Que soy un tiquismiquis y demás, ¿Sabéis qué pienso de todo esto? Al principio pensaba que hay gente que ignora el significado y que está acostumbrada a decirlo porque todos lo hacen pero con el tiempo he cambiado un poco de idea. Mucha gente sabe el significado perfectamente pero creo que debe ser un fastidio darte cuenta que no eres tan progresista o abierto de mente como crees. Asumir que estás usando a un colectivo discriminado como insulto te convierte en una persona con una conducta reprobable así que mentalmente es mejor asumir que «has resignificado la palabra». Que lo has hecho tú, no el colectivo social discriminado. Lo has hecho tú y más gente normativa para no tener que reflexionar sobre una actitud bastante turbia.
¿Y ahora qué vamos a decir? Esto es otra cosa que me dicen mucho. Que YO tengo que ofrecerles una alternativa, que yo tengo que convertirme en el responsable de ello. Siento muchas veces como una presión por ello, como que si no doy una alternativa, la gente seguirá usando el término subnormal. Es duro esto. ¿Pasaría igual cuando la gente empezó a señalar insultos homófobos? ¿Habría personas pidiendo alternativas a la palabra «maricón» ¿Lo preguntarían directamente al colectivo LGBTIQ+? ¿Esto no es un poco absurdo? Es como asumir que eres mala persona y que necesitabas otra cosa para sustituir un comportamiento de mierda, que si no te dan esa otra cosa, seguirás teniendo una actitud horrible, Es la sensación de que sigues sin pensar en personas con discapacidad intelectual como seres humanos, que tu preocupación no está en ellos sino en ti, en tus intereses. Me parece algo durísimo.
Otra cosa que me dicen mucho es que casi todos los insultos son capacitistas. Tonto, imbécil, estúpido… Todos tienen una base capacitista que relaciona la discapacidad intelectual con la ofensa. Cuando pienso en esto, yo me deprimo un poco. Hemos normalizado tanto que las personas con discapacidad intelectual son inferiores, que las hemos convertido en insultos de todo tipo. Usamos la falta de inteligencia para insultar porque nunca nos hemos preocupado por este colectivo social. El desprecio es tan grande que el problema que hemos creado es inabarcable en muchos momentos. No hay un problema de vocabulario, hay un problema de discriminación tan grande que me da hasta miedo pensar en ello.
En fin, podría seguir escribiendo sobre la palabra subnormal todo el día pero supongo que tendréis cosas que hacer. Ya os suelto del brazo. Podéis seguir con vuestra vida. Eso sí, espero que reflexionéis sobre las palabras que usamos en nuestro día a día porque el lenguaje es la base de nuestra sociedad y transforma realidades. Por favor, pensad en ello.
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Hace unos meses vi un vídeo que me heló el corazón. Estaba grabado desde un helicóptero y enfocaba a varios soldados rusos caminando en tierras ucranianas. En cierto momento, los soldados rusos reciben disparos desde un lugar que no alcanzó a ver en el vídeo pero las consecuencias son claras. Uno de los soldados cae al suelo y se ve como se retuerce de dolor. Se nota que está sufriendo mucho. Y en cuestión de segundos pasa algo que no voy a olvidar. Un compañero suyo se acerca al soldado que sufre, le dice unas palabras y le dispara en la cabeza. El vídeo iba acompañado de la explicación de este hecho. Decía que el compañero del soldado había decidido dispararle para que dejase de sufrir y porque no podían quedarse ahí mucho tiempo. Que era la mejor solución en ese momento. «Eliminaban un problema» decía el post con el vídeo.
Supongo que ese soldado ruso muerto tenía familia. Madre, padre, a lo mejor pareja o hijos. Y ahí, en ese momento se acababa su vida. En una tierra que no era la suya y disparado por un compañero que a lo mejor era hasta amigo. Compañero que, por cierto, seguramente obedecía órdenes de protocolo. Le habrían enseñado que disparar a un aliado que estaba sufriendo era la mejor opción si estabas en territorio del bando contrario. La nacionalidad me da igual. Hubiese sentido lo mismo si el soldado fuese ucraniano. Sensación de vacío y de lo frágil que es el ser humano.
No paro de pensar en la gente que muere en la guerra, soldados cuyos nombres desconozco, muchos de ellos que se unen al ejército por necesidad. No hace tanto se hizo viral un vídeo sobre el ejército estadounidense donde un soldado decía que se unían a él porque las condiciones laborales eran propicias para ellos, que el ejército suponía un sustento que ayudaba mucho a sus familias. Ser soldado por necesidad era lo que más se comentaba. No existía tanto ese patriotismo que nos venden sino que simplemente les daban dinero a cambio de arriesgar sus vidas en caso de que hubiese algún conflicto armado.
¿Y sabéis qué? Siempre hay conflictos armados. Siempre hay alguna guerra activa. Guerras por intereses económicos. Siempre veo esto. Intereses económicos y expansionismo. Guerras que son un negocio para empresas armamentísticas, para empresas de construcción cuando finalice la contienda, para empresas farmacéuticas, para empresas petroleras o de cualquier recurso energético. Grandes líderes mundiales sentados en su despacho muy lejos de esas contiendas y ordenando a los suyos que ataquen tal o cual sitio a miles de kilómetros de allí. Frotándose las manos con los recursos que pueden conseguir si ganan. Y a veces no es ni necesario ganar un conflicto. Con que exista tal conflicto ya es suficiente.
Aborrezco las guerras. Me dan miedo, me dan rabia, me generan impotencia. Destrozan familias enteras, rompen a personas. Nadie vuelve feliz de una guerra. La felicidad siempre aparece desde lejos. Los que más ganan son los que menos luchan. Y los que pierden siempre son los pobres.
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Estos días se está hablando mucho de patriotismo, de sentir orgullo de ser español o de defender el país de los ataques de Trump. Y a mí no me salen las dos primeras cosas. Lo de estar en contra de Trump me sale de sobra, la verdad, pero lo del patriotismo no es lo mío. No soy capaz de sentir esas emociones. No, esto no es un artículo antiespañol ni pretende ofender a nadie. Sólo quería expresar lo que siento, o lo que no siento.
Yo nací en Valencia y he vivido allí gran parte de mi vida. Ahora mismo vivo en Madrid por circunstancias personales que no vienen al caso. El tema es que mi familia es un mejunje de lugares. Mi padre es andaluz con raíces italianas. Mi madre es madrileña. Mis abuelos maternos son como mi madre pero vivieron una parte de su vida en Francia y sentían pasión en muchos momentos por las tierras galas. Nadie en mi familia sentía patriotismo ni sentimiento de pertenencia. De hecho, la actitud de mi padre siempre ha sido contra las fronteras y los conceptos de países. Además, en todo esto hay un componente político fuerte ya que mi familia siempre ha sido progresista y estaba en contra de la simbología española como la bandera, los iconos típicos y demás porque lo asociaban a la derecha. Unimos todo esto a que yo nací en Valencia pero nadie de mi familia cercana sentía apego por Valencia porque no eran de allí. Sólo mi hermano y yo somos valencianos.
Ahora añadimos otro punto importante. Somos una familia nómada. No somos capaces de mantenernos en un único sitio. Mi familia paterna ha pasado de Andalucía a Valencia y también a Cataluña. Mi familia materna ha estado en Madrid, Francia y Valencia. Y yo, uno de los últimos en llegar de la familia, ya me he movido de Valencia a Madrid. Parece que no nos gusta estarnos quietos toda la vida en un único lugar.
Ante todo esto que he explicado, tengo sentimientos confusos. ¿De dónde soy? No me siento muy valenciano porque no hablo valenciano ni tengo familiares claramente valencianos. Me gusta la paella (de verdad) y he defendido este rasgo de mí en los últimos tiempos pero tiene gracia que la mejor paella que he probado en mi vida la hacía un toledano (mi abuelo). En los últimos años, he dicho más veces que soy valenciano que en toda mi vida por la necesidad de tener un lugar ya que ahora mismo vivo en Madrid. Pero sigo sin tener una conexión fuerte con mi tierra de nacimiento. Y lo de ser español, aunque lo sea, me cuesta un montón decirlo porque mi entorno siempre ha estado en contra de los conceptos de país y también en contra de la simbología por asociarla a lo conservador. Hace años me reía de la gente que «se siente española» porque me parecía tener unas cadenas que te limitaban pero hoy en día creo que el sentimiento de pertenencia no es malo porque sí. Hay muchos factores que pueden ser positivos.
No hay una conclusión clara en este artículo. Tampoco una moraleja. Sigo estando confuso y sigo sin saber de dónde me siento. A veces no me importa esta confusión y otras veces siento un poco de vacío por no ser claramente de un sitio. Pero bueno, la vida a veces es así. Hay confusiones que no puedes controlar y lo único que te queda es seguir hacia adelante.
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Llevo varios días viendo a gente insultar a los españoles que están en Dubai y no paro de pensar en una cosa. El objetivo del insulto viene porque ellos han pedido ayuda a la embajada española y se supone que se habían ido de España para no pagar impuestos. La idea del desprecio tiene que ver con que se supone que estas personas están en contra del Estado y del sistema público pero luego acuden a él en caso de necesidad. La crítica hacia ellos es lógica, la verdad. ¿Pero sirve?
No paro de pensar en si realmente sirven estos insultos y este desprecio. No sé vosotros pero a mí me insulta alguien por una opinión distinta a la mía y yo me alejo de esa persona. Aunque su insulto tenga un peso lógico, aunque tenga una base coherente, si a mí alguien me dice que soy gilipollas, mi primera reacción es alejarme de él o responderle con otro insulto. No me sale razonar y además el resquemor por el insulto hace que me cueste razonar un gran tiempo después del choque. Quizás acabe razonando aunque muchas veces yo suelo abandonar el tema en cuestión porque me siento incómodo. Así que claro, veo insultos a españoles en Dubai y lo que pienso es que esta gente se va a alejar más.
¿Pero y si en vez de insultos, explicamos y elogiamos el funcionamiento de los impuestos? Es decir, gracias a los impuestos, van a recibir algo de ayuda en un país extranjero. Gracias a los impuestos no estarán solos. Y todo esto es un mínima parte de todo lo que hacen los impuestos. Sanidad, educación, seguridad, transporte, infraestructuras para que te llegue la luz y el agua a casa. ¿Cuánta gente sabe todo esto? Porque siempre vemos críticas a los impuestos pero pocas veces se ve el funcionamiento de los mismos. Y sí, la gestión muchas veces es mejorable, la sanidad pública no funciona a veces bien ni el transporte o la educación. Pero imaginad un país sin servicios públicos, un país donde la gente más pobre no puede acudir al hospital, al colegio o no tiene transporte para trasladarse a cualquier sitio. ¿Y si explicamos más esto en vez de criticar a la gente que está en contra de los impuestos?
Muchas veces siento que estamos eligiendo la peor estrategia para convencer a alguien acudiendo a los insultos. Que alguno dirá eso de que hay gente que no puede ser convencida pero también hay gente que sí. Con que se convenza a una persona, a mí ya me parece un éxito enorme. Y no es necesario convencer a la persona a la que se ataca sino también al público que lo ve. Porque en redes sociales casi todo es público. Siempre he sentido que el insulto es un desahogo temporal pero que no debería ser la norma porque no ayuda en nada a la sociedad. Quizás esté muy solo en esto, más en esta era de redes sociales donde el odio es lo que más se lleva y la obsesión de «ganar debates aplastando al rival» es lo más común en nuestra época. Pero bueno, prefiero vivir solo con estas ideas que caer en la vorágine de desprecio constante. Alguno me dirá que la sociedad es dura y que no se puede ser tan buenista pero yo es que no creo que sea incompatible. El buenismo tal y como se entiende a día de hoy me parece un acto revolucionario en un sistema donde la norma es ser agresivo y violento.
¿Hay momentos para insultar y ser cruel con alguien? Por supuesto. ¿Hay que hacerlo todo el rato? No, para nada. Hay que luchar por ser constructivo y buscar herramientas para convencer porque sigo creyendo que una sociedad mejor siempre es posible.
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Esta mañana hablaba de que debo tomarme más en serio el mundo real y menos en serio el mundo digital. ¿Pero no es acaso el mismo mundo? ¿No estamos todos en ambos mundos? Pues la verdad es que nunca lo he sentido así. Noto una brecha enorme entre mundos, algo que nos hace muy distintos en función de dónde estemos. ¿Y eso por qué? Pues voy a hablaros de las diferencias que veo yo desde siempre.
La apariencia
En el mundo real podemos maquillarnos o arreglarnos pero la base somos nosotros. Nuestra cara, nuestro nombre que no solemos ocultar y nuestro cuerpo. En el mundo digital las reglas cambian totalmente. La mayoría se ponen nombres falsos y fotos falsas. Hay gente que da nombres y apellidos pero lo habitual es tener un pseudónimo y un avatar/imagen que nos represente. El 99% de la gente se esconde tras imágenes o nicks. También tenemos en el mundo digital un perfil con una descripción que nos define pero esa descripción tampoco es objetiva ya que es nuestra perspectiva, no una perspectiva neutra. Yo puedo decir que soy buena gente pero en realidad podría ser una persona horrible. A mí me han insultado personas en redes que dicen en sus perfiles que son padres maravillosos o fervientes cristianos que aman a todos sus hermanos.
La personalidad
¿Nos comportamos igual en el mundo real y en el digital? A mí me parece que es muy obvio que no. En el mundo real sentimos más respeto por los demás y también tenemos más miedo por las consecuencias de nuestros actos. ¿Por qué? Porque somos reales. No sólo nos pueden golpear sino que tampoco podemos salir corriendo con facilidad. Ya que muchas veces estamos en nuestros barrios o cerca de nuestra casa. No podemos hacer un acto horrible porque la gente nos conoce.
En el mundo digital nos escondemos tras perfiles ficticios y podemos ser como queremos o podemos fingir roles o personalidades de diferentes tipos. En el mundo real eres José María pero en el ficticio puedes ser perfectamente GuerreroVikingo y mostrar dureza en tus palabras. Dureza que no muestras en el mundo real por miedo, falta de confianza o directamente porque no eres así. Tener la herramienta del anonimato nos hace ser como queramos sin miedo a consecuencias. Algunos aprovechan esto para ser más crueles, otros para ser más extrovertidos. Pero casi todo me parece un juego de fingir. Muchos se crean deseos de lo que les gustaría ser y no dicen cómo son en realidad.
El algoritmo y el odio
Las redes sociales sacan muchas veces lo peor de nosotros porque suelen mostrarte contenido polémico o de odio. Esto lo tengo muy comprobado desde hace tiempo. Hago vídeos y creo contenido en redes desde hace años y se viralizan siempre los polémicos, los impactantes, los que tienen insultos o faltas de respeto. Esta viralidad también provoca reacciones sobredimensionadas de gente que no es así pero que sigue al rebaño. Somos seres sociales que vivimos de copiar a la masa y si la masa insulta, muchos lo hacemos por repetir una conducta social. He hablado con gente que me ha insultado por mi discapacidad y que me ha pedido perdón luego. ¿Sus argumentos? Pues cosas como «todos los estaban haciendo», «pensaba que no lo ibas a ver», «no creía que te afectase». Estas respuestas sólo me hacen pensar que simplemente son borregos siguiendo al rebaño. ¿Y qué hace el rebaño? Generar odio constante porque es lo que consumen en redes sociales.
Los códigos sociales
Otra cosa que diferencia el mundo real del digital son los códigos sociales o las formas de comunicar. Memes, GIFs, imágenes, frases hechas que sólo se entienden si estás en Twitter, Bluesky o Instagram. El lenguaje muchas veces nos define y casualmente es muy distinto entre ambos mundos. Yo he hablado de temas en el mundo real que comento en Bluesky, en Instagram o que comentaba en el extinto Twitter y la gente me miraba raro. Bueno, más raro de lo normal. Gente que no tenía ni idea de los códigos sociales de algunas redes sociales porque no las viven. ¿No os ha pasado esto?
Personas e ideas
Esto es un poco más complejo de explicar pero lo voy a intentar. Cuando compartimos algo en el mundo real, lo compartimos con todo. Nuestra opinión, nuestra cara, nuestra expresión corporal, nuestra ropa, nuestra imagen en general. ¿Qué pasa en redes sociales? Pues que muchas veces sólo compartimos ideas y dejamos de ser personas. Sólo somos ideas escritas, salvo que hagas vídeos. Entramos en discusiones por ideas y olvidamos muchas veces que somos personas o que son personas la otra parte de la discusión. Podemos acabar ofendiendo al otro lado porque no acabamos de creernos que es una persona, nos centramos en la idea que no nos gusta. Somos palabras, no cuerpos. Esa es mi sensación desde hace años. El mundo de las ideas es el mundo de las redes sociales. El mundo real abandona este concepto de ideas para convertirse en un todo donde no sólo importa lo qué dices sino cómo lo dices, quién eres o qué aspecto tienes.
Querer destacar o ser uno más
Esto me parece siempre muy llamativo. En el mundo digital mucha gente quiere destacar con posts o contenidos llamativos para conseguir likes, reposts o para hacerse virales. Esto no suele pasar tanto en el mundo real. Tú no vives para destacar la mayoría de veces, no sientes la necesidad de compartir cosas ingeniosas o cosas llamativas porque el mundo real no te da likes ni recompensas instantáneas. Cambia tu forma de actuar.
¿Son lo mismo o son diferentes?
Sí, al final somos la misma persona en el mundo real y en el digital pero con todo lo que he comentado, noto una brecha enorme en la realidad. Cuando he desvirtuado a gente del mundo digital, normalmente ha sido agradable pero nunca he dejado de pensar que era todo un poco raro porque parecen personas algo distintas a la sensación que tienes en el mundo digital. Me hace gracia porque siempre digo que asocio a la gente con su avatar y si su aspecto no tiene que ver con la imagen en redes sociales, te cuesta un poco asimilar el asunto.
Supongo que muchos pensaréis que el mundo real y el mundo digital son el mismo mundo pero yo, lo siento mucho, siempre pensaré que son dos universos muy diferentes.