Lourdes se despertó como todos los días. Muy tempranito junto a todas sus compañeras. Hizo sus rutinas matinales. Una ducha, el desayuno típico de cereales de fibra que compartiría con las otras chicas y algo de ejercicio para estar en forma un día más. No esperaba la que se le venía encima.

Hay que decir que hacía meses que Lourdes no se encontraba demasiado bien. Notaba un pequeño malestar que iba creciendo en su interior pero aparentemente parecía tener una salud de hierro. Cuando conversaba con María o con Candela sobre sus problemas, sus amigas le decían que no sería para tanto y que ella se veía siempre estupendamente. Hay que destacar que Lourdes siempre era la última de la fila y pensaba que casi nadie se fijaba en ella. Nunca era la protagonista y tampoco le gustaba serlo. Lourdes simplemente vivía sin grandes emociones.

Pero volviendo a la actualidad, algo iba a cambiar para siempre. Su paseo matutino junto a sus compañeras no era como siempre. Normalmente los paseos no tenían un sentido claro, era pasear por pasear, para hacer ejercicio, pero esta vez algo cambió. Entraron a un edificio blanco y se acomodaron todas en un lugar que parecía tranquilo. Se escuchaba una música suave de fondo y nada hacía presagiar el infierno que iba a suceder.

Todo empieza con un pincho enorme que aparece de repente y se clava en la parte inferior de Lourdes. Las compañeras empiezan a gritar, el ambiente se pone muy tenso, la música suave de fondo ya apenas se escucha y las caras de terror se multiplican. Pero Lourdes suelta de golpe:

– Chicas, chicas. Estoy bien. Un poco dormida pero bien. No os preocupéis. Enseguida me despierto y salimos todas de este lugar, ¿vale?

Lourdes siempre ha tenido esa calma. No participaba mucho en el día a día por estar la última pero siempre ha sido sosegada y tranquila. Sus compañeras se relajan un poco porque parece que no ocurre nada más de momento. Hay calma, hay paz. Demasiada paz porque Lourdes empieza a dormirse bastante.

– ¡No, Lourdes! ¡Despierta! ¡No nos dejes solas!

Pero Lourdes apenas es consciente ya. Ha pasado por esto más veces en el pasado y siempre salía airosa así que cierra los ojos pensando que va a ser un día movido pero que por la noche volvería a dormir como siempre.

Y de golpe, llega una pinza enorme que se aferra a la pobre Lourdes. Ella se despierta de golpe y se agarra con todas sus fuerzas al suelo. Lourdes es una de las veteranas y sabe que no será fácil que se la lleven de allí. Cuando más estira la pinza, más se sujeta nuestra Lourdes. No, no hay forma de que salga de su lugar. Es la última de la fila pero defiende su posición como si le fuese la vida en ello.

La pinza se va tras unos minutos de mucha intensidad y al instante aparece un fórceps de un tamaño considerable. Pero Lourdes sigue aguantando. No hay nadie que pueda sacarla de ahí. Lleva décadas la última de la fila pero es SU fila y no quiere abandonarla. Se oye un crujido seco. Y luego un golpe. Vuelve la pinza sin avisar y Lourdes tiene un despiste. Estaba tan centrada en el fórceps que baja sus defensas con el cambio de herramienta.

Lourdes cede, Lourdes empieza a perder la batalla. Candela y María, sus compañeras más cercanas, le piden que no se resista más, que es por el bien del resto.

– Lourdes, es ley de vida. Hemos sido compañeras desde siempre pero sabemos que te encontrabas mal desde hace tiempo y tú sabes que somos un equipo. Si te resistes mucho, nos afectarás al resto. Recuerda que no estás sola, que no decides siempre tú. Piensa en el resto, por favor.

Y aquí se acaba la batalla. Lourdes deja de apretar tras cinco intensos minutos de resistencia. Se deja llevar por fin. Entiende a la perfección lo que le ha comentado Candela. Sabe que estas cosas pasan. Hace dos años se despidió de Ana y de Marcela. Recuerda cómo lucharon estas y cómo acabaron asumiendo que tenían que ceder por el bien de todas. Es un sacrificio que merece la pena hacer por el bien de toda la fila.

– Chicas, ha sido un placer enorme compartir mi vida con vosotras. Hemos comido genial, hemos sufrido juntas, hemos llevado aparato y hemos reído mucho. Por favor, seguid riendo en el futuro. Hacedlo por mí.

Y desapareció. La elevaron con el fórceps finalmente y se fue a un mundo que el resto desconocía.

Lourdes era mi muela. Hoy me la han quitado tras una dura batalla con la dentista. Simplemente me apetecía hacerle un homenaje con este relato.

Hasta siempre, Lourdes.

Una hoja antigua escrita con una pluma. Encima de esa hoja está la punta de esa pluma


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2 respuestas a «Hasta siempre, Lourdes»

  1. Avatar de jovial2db1edb502
    jovial2db1edb502

    He tardado en darme cuenta, pero finalmente me has hecho reir🤣🤣🤣

    Me gusta

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